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Lecciones de ruptura

De manera transgresora la educación impactó en la vida de Andrea. A través del ejemplo y la pasión por las artes, fomentadas por su maestro Umberto Giangrandi, dejó de ser una chica gomela para convertirse en la florecita rockera que con su arte ha sabido dar color a la escena del Rock latinoamericano. 

Mayo 4, 2015

Vengo de una familia paisa tradicional. Mi padre fue dentista y finquero, y mi madre ama de casa, hasta que estudió higiene dental cuando yo ya era grandecita. Mis hermanos mayores optaron por la dentistería y la administración agropecuaria. Yo, la hija menor, un día decidí estudiar arte, para conmoción de mis progenitores. Arte para ellos significaba droga y mechudos, dos cosas que no querían cerca de su hija. Luego de muchas conversaciones y promesas aceptaron mi decisión, y empecé la carrera de talleres artísticos en la Universidad de los Andes.

Me refiero a mi entorno convencional, a los novios mechudos que se tuvieron que peluquear para entrar en mi casa y a las úlceras que les saqué a mis papás, para hacerles entender lo estimulante y difícil que me resultó estudiar esta carrera. Para mí fue todo un reto desarrollar una propuesta con trazas de originalidad y algo de audacia, viniendo de dibujar los nombres de los novios de mis amigas en el colegio.

Uno de los primeros referentes visuales de los que eché mano fue un morro de revistas Playboy que mis hermanos mayores (ya casados) dejaron olvidado en su antiguo cuarto. Me atraían, como a casi todo estudiante de arte, el cuerpo desnudo, la sexualidad y la cultura popular. Mi primer grabado en plancha de zinc fue la imagen de una prostituta sentada al lado de un altar del Sagrado Corazón.

Mi profesor era Umberto Giangrandi, artista italiano cuya especialidad es el grabado y la serigrafía. Tiene un taller de gráfica en la 19 con 12, si mal no recuerdo, y su propuesta está muy relacionada con la vida nocturna y algo bizarra de los burdeles y establecimientos nocturnos que colindan con su taller. Él es mi profesor escogido, recordado y muy querido. Además de enseñarme las técnicas del grabado y la serigrafía, y de prestarme sus talleres con generosidad absoluta, cuestionaba conceptualmente mis propuestas y me estimulaba a crecer, a cortar el cordón umbilical, a sacudirme ese convencionalismo que yo traía bien incrustado. Si me interesaba el cuerpo desnudo, ¿por qué no me desnudaba yo? Si iba a pintar prostitutas, ¿por qué no las iba a conocer?

Me tomaría muchas páginas contarles todas las aventuras que mediaron entre la hija de papi y mami y esta florecita rockera, a su servicio, pero debo decirles que los capítulos protagonizados por Umberto fueron esenciales y sus lecciones, especialmente de vida, libertad y rompimiento, fueron semillas de lo que ahora soy.

Andrea Echeverry

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Carlos Enrique Sánchez Santamaria
Gran Maestro Premio Compartir 2011
Con el apoyo de las tecnologías logré que los estudiantes convirtieran el pasado de exclusión que vivió éste municipio lazareto en un pretexto para investigar, conocer la historia y conectarnos con el mundo.