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Pequeño Sol, educación alternativa en Chiapas

La escuela “Pequeño Sol” en México, tiene desde hace más de 30 años un proyecto educativo muy particular, basado en la libre expresión de sus pupilos.

Marzo 11, 2016

Caminar por San Cristóbal de las Casas es recorrer un lugar con una historia de resistencia, pero bueno, ¿qué lugar en Latinoamérica no la tiene? Un 1 de enero hace 22 años la ciudad fue tomada por comandos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en lo que se conoce como la Revolución o Rebelión Zapatista. En su declaración, los miembros de este grupo se autodenominaron como un producto de 500 años de lucha contra la esclavitud y la desigualdad. Hoy, si caminas por estas calles empedradas y estrechas, te encuentras con una ciudad multicultural, colorida y alternativa, donde la educación y el intercambio juegan un papel fundamental, como en la Escuela Pequeño Sol.

Cuando pienso en escribir sobre educación y sobre maestros no puedo evitar pensar en Israel, mi profesor de primaria en la escuela distrital donde estudié mis primeros años. Aunque mis hermanos me enseñaron a leer y escribir en casa, él, un hombre flaco, largo y con barba negra y espesa, me enseñó a amar la escritura, a esforzarme por tener buena letra y también a creer en los sueños. Porque más allá de números, fórmulas o teorías, qué mejores enseñanzas que las que giran alrededor de la vida misma, la cotidiana, con la que tarde o temprano tenemos que lidiar. Por eso comienzo esta crónica pensando en él, como rindiéndole un homenaje para agradecerle, con letras, sus palabras maestras.

Aquí no fue difícil encontrar historias. En San Cristóbal la cultura está en todas partes. Aunque es una ciudad obligada para los viajeros, no se siente turística. Gente de diferentes lugares va y viene, unos de paso y otros para quedarse. Con esa dinámica, esta ciudad del estado de Chiapas se ha transformado en un lugar de convivencia multicultural. Cuando pregunté, la escuela Pequeño Sol fue un lugar recomendado, donde me dijeron encontraría un proyecto interesante que nació como una propuesta educativa por la vida y dirigida a los niños y niñas de San Cristóbal de las Casas.

Después de enviar un correo electrónico solicitando información y hablando sobre el proyecto, recibí uno correo de Joel, asistente de dirección general, agradeciéndome e invitándome a visitar la escuela como asistente. Al día siguiente y luego de tomar mi sagrado café, tomé un taxi con dirección al colegio, el cual está ubicado a las afueras del centro y área turística de San Cristóbal. Un hermoso campus en medio del bosque y rodeado de montañas. Era una mañana fresca con sol y viento helado. En esta escuela todo parece sencillo, los protocolos se cambian por sonrisas amables y la autonomía y el contacto con la naturaleza parecen ser algunos de los principios básicos de la institución.

Pequeño Sol nació basada en la pedagogía Waldorf, una metodología alemana que potencializa la expresión a través del arte y la creatividad. Y es precisamente cuando se recorre el campus de la escuela que se logra apreciar la capacidad artística de los estudiantes. En el descanso, por ejemplo, se puede disfrutar de un programa de radio producido y realizado por los estudiantes. Aquí la consigna es "exprésate como quieras, pero hazlo".

Desde sus orígenes en 1984, Pequeño Sol ha buscado inspirar en sus estudiantes el disfrute de la vida a través del arte, la armonía con la naturaleza, además del reconocimiento y respeto por el entorno social y cultural que les rodea. "Educar en y para la vida", explican. No es muy común ver a un niño de 5 o 6 años hablando de filosofía o de esos temas existenciales que aturden a los adultos. Acá, sin embargo, resulta necesario y pedagógico dialogar alrededor de ellos para entender el valor fundamental de querer vivir la vida.

Y cuando se habla de querer vivir la vida, aclaran, significa que va más allá de entender ésta como la reproducción sistemática de lo que está establecido, sino como una vida que se reinventa de formas mucho más justas y comprometidas con cada individuo y sus diferencias. Asistí a la clase de preescolar con las maestras Rocío y Lupita. Un salón colorido que a las 9 de la mañana comenzaba a llenarse de niños abrigados y sonrientes. Era viernes y el cumpleaños de Santiago. Pero antes de celebrar el gran día, había que saludarnos y presentarnos. Nos sentamos todos en mesa redonda y entonces la maestra Lupita me presentó con todos, refiriéndose a mí como licenciada. ¿Dónde queda Colombia? preguntaron entusiasmados y entonces me di a la tarea de ser, por primera vez en mi vida, una especie de maestra contando una historia sobre mi país. Al final, los docentes tienen algo de contadores de historias y de ahí precisamente viene su sabiduría.

La presentación siguió y la clase era moderada por Xóchitl, la niña estrella de la semana. Su nombre significa 'Flor' en lengua Náhuatl. La primera actividad del día es saber si todos asistieron a clase. En lugar de llamar a lista, ponen unos imanes con los nombres de cada uno, para que sean ubicados por los propios niños en un tablero en forma de casa o en otro en forma de escuela. Una hermosa manera de reconocerse en lugar de escuchar a la profesora leer nombres de una lista. Mateo era el más inquieto, un travieso que no podía estar sentado y que buscaba en todo momento las risas de sus compañeros. A decir por su camiseta de 'Cuba Libre', un pequeño rebelde.

La clase siguió después con Pepe de Educación Física. Un espacio para correr y hacer algunos ejercicios, donde la frase que más me gustó fue "Necesito que cuides tu cuerpo", que Pepe decía cuando algún niño corría o jugaba bruscamente. Pero si toda la clase se emocionó con el espacio deportivo, hay que decir que la euforia fue mayor cuando Anastasio se acercó al salón, un tipo jovial y amistoso que está a cargo de la Clase de Huerto. Fue increíble ver cómo todos cuidaban del cultivo de rábano y se preocupaban por su progreso.

Celebrando la vida

Luego de las actividades era momento de celebrar el cumpleaños de Santiago. Rocío y Lupita ubicaron cintas de colores en la puerta del salón. El homenajeado lucía una hermosa capa y corona e iba acompañado de dos de sus compañeros, que en este caso eran sus dos mejores amigos. En el salón se había dispuesto una pequeña mesa y en ella se prendieron cinco velas, representando los 5 años de vida de Santiago. Su madre, que llegó para la celebración, se sentó para esperar que su hijo cruzara la puerta. Una ceremonia que fue instaurada por la escuela para celebrar la vida a través de una historia llena de magia y amor, donde madre, maestra y compañeros se unen para narrar, en una suerte de fábula, lo que para ellos significa tener a Santiago junto a ellos.  

Pequeño Sol nació basada en la pedagogía Waldorf, una metodología alemana que potencializa la expresión a través del arte y la creatividad. Y es precisamente cuando se recorre el campus de la escuela que se logra apreciar la capacidad artística de los estudiantes. En el descanso, por ejemplo, se puede disfrutar de un programa de radio producido y realizado por los estudiantes. Aquí la consigna es "exprésate como quieras, pero hazlo".

Algunos de los ejes transversales de la metodología del Pequeño Sol son la cultura de paz, esfuerzo y reto por la creatividad, respeto por el entorno, equidad de género, interculturalidad y por supuesto la conciencia ambiental. Sin duda esta escuela representa una experiencia ejemplar en educación, a través de la defensa del arte, la libre expresión y el reconocimiento sociocultural. Un proyecto que nació gracias a la idea de un grupo de padres de familia y que hoy, 32 años después, se sigue fortaleciendo.

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Periodista y escritora
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Laura María Pineda
Gran Maestra Premio Compartir 1999
Dar alas a las palabras para que se desplieguen por la oración y vuelen a través de los textos para que los estudiantes comprendan la libertad del lenguaje.