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Educación y liderazgo

El origen de las instituciones educativas en la nueva granada y su influencia en la formación de los líderes del siglo XIX.

Enero 25, 2016

Autores

Adriana Calle
Profesora de Sociales
[email protected].co

Luis Fernando Contreras
Coordinador del Departamento de Sociales
[email protected]

Martha Hidalgo
Profesora de Filosofía 
[email protected]

Patricia Urrego
Profesora de Pastoral 
[email protected]

 

Resumen

La educación formal en la Nueva Granada tuvo sus inicios hacia 1603, cuando fueron fundados los dos Colegios Mayores: San Bartolomé y el Rosario; en estas instituciones fueron educados gran parte de los líderes del siglo XIX, entre ellos Camilo Torres y Antonio Nariño. Estos colegios fueron regentados por Jesuitas y Dominicos, por lo tanto la filosofía de sus comunidades es patente en la forma de llevar a cabo sus planes educativos.

Introducción

La presente investigación tiene como proposito fundamental mostrar una panorámica de los orígenes de la educación en la Nueva Granada, con el propósito ulterior de establecer la influencia que tuvo en la formación de los líderes del siglo XIX. Primero se presentará una contextualización histórica del Virreinato de la Nueva Granada y de la fundación de sus principales centros educativos, para después entrar en materia explicando los planes de estudio y las influencias recibidas de autores extranjeros en la misma.

El objeto de estudio de ésta investigación gira alrededor de la pregunta por la influencia de la ilustración europea en la formación de los personajes más destacados en la Nueva Granada. Lo anterior mirado a la luz de su formación en los claustros religiosos (colegios y universidades) bajo sus planes de estudio.

El modelo utilizado para esta investigación fue el de “investigación histórica”, teniendo en cuenta que a través del análisis de diferentes documentos y libros se buscó evidenciar la concordancia de los datos y hechos que permitieran sustentar la problemática definida en ésta investigación.

La educación en la nueva granada

El nombre Nueva Granada corresponde al virreinato fundado por el Rey Felipe V en 1717, quien fijó la capital en Santafé de Bogotá. Este virreinato que fue eliminado en 1723 y restablecido en 1739, por el mismo monarca, estaba conformado por: el Nuevo Reino de Granada, las provincias de Santafé, Cartagena, Santa Marta, Maracaibo, Caracas, Antioquia, Guayana, Popayán y las audiencias de Quito y Panamá. Fue en estos territorios donde nacieron Antonio Nariño y Camilo Torres, quienes se educaron en la Nueva Granada. Nariño, quien ha sido considerado como uno de los más grandes eruditos, en el Mayor de San Bartolomé y Camilo Torres en el Mayor del Rosario en donde obtuvo el título de abogado.

Es en este territorio donde hacia 1603 en Santafé, aparecen las primeras instituciones educativas; estas son de carácter religioso y privado a las que podían asistir personas que formaran parte de la élite santafereña o aquellos que teniendo las capacidades económicas cumplieran con los requisitos establecidos (Silva, 1996). Se fundaron dos Colegios Mayores, título concedido a los colegios que por su antigüedad, por el lustre de su fundador y el linaje de los alumnos así lo solicitaran. Uno de ellos fue el Seminario de San Bartolomé (1605) para personas que querían optar por la vida religiosa y querían entrar al clero secular (Guillén, 2002).

Sobre las instituciones regentadas por los jesuitas existían las siguientes consideraciones: “en los colegios de los jesuitas la habitación o parte de la casa en que vive la juventud, es pagando alguna pensión, y se les enseña a leer gramática” (Guillén, 2002). Y sobre el Mayor del Rosario (1653):

“un centro docente de régimen de internado, que se caracterizó por la importancia de los privilegios de que goza, por estar acogido a la protección real y por requerir específicas condiciones físicas, intelectuales, económicas, morales y determinada procedencia regional de sus miembros” (Guillén, 2002).

Al interior de las instituciones había una clasificación de los estudiantes que dependía de las condiciones socioeconómicas: colegiales porque tenían una beca y participaban del gobierno de la institución,

“convictores, quienes no tenían beca ni participación en las decisiones de la institución y los Manteos, estudiantes de pago, considerados de inferior condición social y por supuesto sin ningún tipo de participación en la institución; llamados así por el uso del Manteo o capa” (Silva, 1996 pp.391-401).

Estos últimos generalmente no terminaban sus estudios y cuando llegaban a los niveles de gramática y literatura se retiraban y en algunas ocasiones se convertían en profesores de niños (Guillén, 2002).

Había cátedras como artes, derecho canónico y civil, filosofía, teología y medicina, pero en estos colegios mayores no se otorgaban títulos porque solamente tenían autorización para hacerlo las llamadas universidades particulares, que en este caso eran la Pontificia Universidad Javeriana para los estudiantes del San Bartolomé y la Universidad de Santo Tomás para los del Rosario. Los títulos que se expedían correspondían a licenciado, maestro y doctor. Es importante resaltar que las universidades existentes eran privadas, porque públicas de estudios generales sólo había en el Virreinato de la Nueva España y el Virreinato del Perú

A mediados del siglo XVIII, las instituciones eran administradas por órdenes religiosas, por el Estado colonial o por los curas párrocos, éstas se clasificaban en: escuelas de primeras letras, públicas, pías, religiosas o conventuales, de lengua castellana, gratuitas de religiosos y particulares, adjuntas a los colegios mayores, pensionistas y de educación doméstica. 

“Hasta finales del siglo XVIII no existía lo que hoy conocemos como instrucción primaria, esta la suplían los padres o preceptores en el hogar. El ingreso a la Universidad era hacia los 12 años y estaba reservado a la llamada república de “blancos” de ésta manera quienes se formaban en alguna de las facultades existentes era o como de la élite” (Silva, 1996, pp.391-401).

Es importante anotar que en la sociedad neogranadina no había igualdad de oportunidades, estas dependían de la clase social y de las condiciones económicas con las consecuencias pertinentes de una situación de estas características:

“al finalizar la época colonial se aproximaría a la siguiente estructura la población: el grupo denominado blanco constituía la tercera parte de la población compuesta por españoles y criollos, el grupo de mestizos, que presentaba los mayores índices de crecimiento sufría de tradicional discriminación, el grupo indígena parecía declinar numéricamente debido al proceso de mestizaje” (Jaramillo, 2001, pp.31-33).

Esto incidió en la calidad de la educación impartida porque eran tenidos en cuenta los intereses particulares de cada grupo poblacional y los que el gobierno tuviera con cada uno de ellos. 

La organización social, sumada a las necesidades e intenciones de la corona llevó a la reorganización de la educación a través de un nuevo plan de estudios en el que se tuvieran en cuenta las diferencias anteriormente mencionadas además de, unas materias a las que se le daba mayor relevancia y que además cumplieran con el propósito de la corona y el gobierno del virreinato.

Por otra parte, el Arzobispo Caballero y Góngora decidió reglamentar los cursos para impedir que fueran otorgados títulos que no cumplieran con todas las normas establecidas como por ejemplo, aquellos que hacían estudios canónicos, al tiempo con los de derecho y optaran los dos títulos sin haber completado las materias correspondientes a cada especialidad; situación que se había vuelto corriente debido a la amplitud de las normas establecidas para tal fin. 

“En la Cédula Real del 22 de julio de 1771, manda que la universidad de Santo Tomás no confiera el grado de bachiller en jurisprudencia a quienes no acrediten cinco años de estudio y que la Real Audiencia no admita a examen de abogado a quienes no acrediten cuatro años de práctica” (Friede, 1975). 

Es importante tener en cuenta el cambio que se empieza a percibir en las instituciones, no sólo en cuanto a las cátedras, sino en la actitud de los jóvenes neogranadinos que empiezan a percibir el mundo de una manera diferente porque se tornan polémicos, toman partido, producen opiniones independientes y por otro lado hacen una fuerte presión para que se amplíe la cobertura de la educación. Frente a esta situación conocemos solicitudes extendidas desde diferentes lugares de la Nueva Granada como la de Fray Antonio Miranda quien pide que se funde una escuela en Ubaté en 1792, o la de Pedro Fermín de Vargas corregidor de Zipaquirá quien en 1792 pide también la fundación de una escuela pública en Ubaté o la de 1789 del párroco de Girón que hacía la misma solicitud. (Melo, 2010).

De esta manera se percibe una reforma educativa en cuanto a planes de estudio, se amplía la enseñanza de la gramática, indispensable para la cátedra de filosofía, que era obligatoria en los colegios mayores, y para las de derecho. Estos cambios se dan como consecuencia del nuevo plan de estudios y van a influir definitivamente en las decisiones políticas que se van a tomar más adelante. Con la llegada de José Celestino Mutis y los conocimientos de filosofía moderna con un énfasis naturalista, se generaron condiciones que desviaron el rumbo de lo que hasta ahora había sido la orientación de la educación, con los viajes al exterior de algunos estudiantes, en ciertos casos pagados por el propio Mutis, y por supuesto es importante con la Expedición Botánica.

Sin embargo, las reformas borbónicas tenían entre sus planes algunos cambios más radicales orientados a la recuperación del control político, la reorientación de los procesos de producción y la creación de una nueva élite intelectual. Para ello se creó el cargo de Director General de Estudios que dio comienzo a sus funciones reglamentando el acceso al título de abogado, porque se había percibido el aumento de profesionales en ésta área, quienes eran los profesionales que adquirían mayor conocimiento sobre las formas de gobierno que estaban en boga en ese momento en Europa.

Finalmente en 1774 y tras arduas discusiones y oposiciones por parte de la población, se presentó el nuevo plan que consistía en tener en cuenta conocimientos útiles frente a la filosofía escolástica,y disminuir la enseñanza de silogismos, por considerar que debían siempre estar ligados a las matemáticas. Sin embargo, este nuevo plan no duró mucho, pues el Virrey Flórez fue sustituido y de nuevo se reformó la educación que retomó su curso anterior. Es importante anotar que los cambios fueron generados por las quejas enviadas por un grupo de abogados a España, en las que expresaban los malos resultados obtenidos por los estudiantes en ese período de tiempo. 

Dicha queja no era del todo cierta porque cuando se abrían los cursos de matemáticas y ciencias eran muy pocos los estudiantes que se inscribían. En su libro Los Ilustrados de la Nueva Granada, Renán Silva destaca la siguiente cita del Virrey Pedro de Mendinueta:

“La cátedra de matemáticas carece de rentas y aun de discípulos, porque no abre carrera para las demás ciencias, como sí lo hace la filosofía escolástica, y faltando el estimulo para la aplicación de la juventud, no es de extrañar se mire con indiferencia estudio tan útil” (Silva, 1996, pp.391-401).

A los cambios anotados anteriormente se suma la expulsión de los jesuitas del territorio de la Nueva Granada en 1767 y el nombramiento que el Virrey Messía de la Zerda hizo al fiscal Antonio Moreno y Escandón como ejecutor de esta orden real, quien el 31 de julio de ése año fue la persona encargada de comunicarla a los jesuitas. Moreno, exalumno del colegio San Bartolomé, conocía la institución y por esta razón fue nombrado regente de estudios y dio inició a los planes que reformaron la enseñanza superior.

Una de las primeras propuestas del fiscal Moreno fue la de utilizar los recursos de los jesuitas para establecer una universidad pública y de estudios generales en Santafé, ya que consideraba importante el acceso de los laicos a la docencia universitaria y acabar con el monopolio de las comunidades religiosas en la educación. Sin embargo, los Dominicos no querían perder los privilegios y buscaron interponer sus argumentos en España, llegando a plantear la posibilidad de manejar algunas de las propiedades de los jesuitas. Moreno no lo aceptó argumentando el rigor que se debía tener al conferir títulos, además de las habilidades que era necesario desarrollar en los estudiantes y que la universidad pública podría lograr. Solicitó además a la Real Audiencia que reglamentara el ejercicio del Derecho porque había un exceso de abogados, lo que en el fondo era una crítica a la forma en la que se otorgaban los grados sin claridad en el cumplimiento de los requisitos. Dicha solicitud generó que se utilizara el reglamento de la Universidad de Lima y una nueva reglamentación que incluía que se debía aprobar una serie de cursos. Propuso la creación de la Biblioteca Nacional, que fue abierta en 1777, en un local que había sido seminario, con una colección de 3..000 volúmenes propiedad de los jesuitas.

En diciembre de 1771 se aprueba el proyecto de la universidad pública, a pesar de la oposición presentada por los Dominicos y Franciscanos porque se iban a elevar los costos de manera exagerada y por supuesto quebraría a los vecinos y comerciantes. Este asunto no detuvo a Moreno quien en 1773 logró que en el San Bartolomé se adoptara la enseñanza de la filosofía del texto de matemáticas y lógica de Cristhian Wolf, filósofo racionalista, cercano a René Descartes y a Leibniz (Cortés, 2008).

En 1774 Moreno tuvo la oportunidad de intervenir más de cerca al presentarse una discusión entre José Celestino Mutis y los dominicos cuando Mutis expuso el sistema copernicano y éstos lo atacaron por ser herético y contrario a las Sagradas Escrituras; situación que le permitió a Mutis plantear que los dominicos querían obstaculizar las nuevas enseñanzas y continuar con los privilegios de docentes “incapaces”. Este incidente provocó una respuesta por parte de Moreno en la que imponía al San Bartolomé y al Rosario la enseñanza de la filosofía dentro de la orientación útil y abierta de la búsqueda de la verdad, recomendó huir de la  escolástica y el peripato y ordenó el uso de autores modernos, la enseñanza de la física y de las matemáticas y aquellos conocimientos de política que permitieran tener una visión del gobierno al interior de un Estado.

Los Dominicos ofrecieron volver a Santo Tomás al considerar que la educación seguía siendo jesuítica y pidieron que se aceptaran los cursos tomados en el convento de Santo Domingo para efectos de grado. El rector volvió a hacer los exámenes de grado sin la presencia de los profesores, actuación que produjo protestas de Félix José de Restrepo del San Bartolomé y de Andrés Rosillo del Rosario. Nuevamente Moreno impone su voluntad y es apoyado por el gobierno que exige además que para la obtención de los grados es obligatoria la presencia de los profesores y la necesidad de aprobar el curso de física para obtener el bachillerato en filosofía.

En 1788 algunos estudiantes del San Bartolomé se manifestaron frente a la política de regresar a lo establecido anteriormente.

“Poco conforme al espíritu del siglo, al gusto del público y a las bellas ideas que nos inspiraron en las primeras clases(...) 

Estamos dispuestos a no dar entrada a esa filosofía delirante, que corrompe el entendimiento y el corazón, destruye la elocuencia y convierte los hombres en fanáticos idólatras de la opinión” (Hernández de Alba, 1940).

Planearon la quema de libros de Goudin, y hubo críticas nuevamente al sistema copernicano, parecía haber regresado la educación a épocas anteriores de 1774 cuando Moreno y Escandón afirmaba: 

“Todos deben saber las obligaciones de los hombres para con Dios, para los demás hombres y para sí mismos. Estas obligaciones las aprenden los unos por sólida instrucción y las ejecutan otros por imitación. Para que resulte de este importante estudio toda la utilidad que se desea introducir en la vida civil, se deben evitar las cuestiones estériles y puramente especulativas… Este estudio bien dirigido es el que completa la ilustración del filósofo. Poco importa haber ilustrado el entendimiento con los estudios anteriores aprendiendo a dirigir la razón o a conocer las obras de la naturaleza si por último se ignora en qué consiste la suma felicidad del hombre” (Moreno y Escandon, 1774).

El plan de estudios de Moreno y Escandón fue una muestra clara del pensamiento ilustrado y racionalista de la época, que le concedía una gran importancia al método de enseñanza. Introdujo en el país las ciencias aplicadas, consideró a la educación como una función del Estado, preconizó la libertad y el eclecticismo en la investigación, criticó el método escolástico y además consideró a la educación como la herramienta más importante del Estado para la formación de buenos ciudadanos. 

“La ilustración planteó un cambio radical en relación, con los sistemas escolásticos, pero también era el resultado del humanismo medieval y de la revolución epistemológica que había proclamado Descartes en el siglo XVIII. La búsqueda de una nueva organización social y política facilitó la aparición del liberalismo a través del cual la burguesía reafirmó su fuerza social” (Borja, 2006, pp.130-135).

Sin embargo, estas reformas no fueron acatadas por todos los maestros ni por todas las instituciones lo que llevo a conceder libertad y autonomía a los maestros para que enseñaran lo que consideraran útil para los estudiantes. 

Hacia 1794 aparece la idea de independencia, se pusieron en circulación varios ejemplares de los Derechos del Hombre traducidos por Antonio Nariño, situación que fue favorecida por varios abogados y científicos de la élite de la Nueva Granada. Por esta razón, Nariño y Francisco Antonio Zea, subdirector de la Expedición Botánica, fueron procesados y enviados a Cádiz en calidad de prisioneros; ese mismo año estudiantes del San Bartolomé iniciaron un movimiento encaminado a cambiar la dominación española por otro sistema político.

Simón Rodríguez maestro del Libertador Simón Bolívar, quien se encontraba en la Nueva Granada, escribió sobre el sistema educativo de la época y consideró que la escuela colonial no tenía ninguna importancia, empezando porque el oficio de maestro era considerado de segunda clase. Además anota, que se desconocía la utilidad de la escuela, con saber firmar era suficiente, la ignorancia no era considerada un defecto; por eso Rodríguez consideró importante cambiar esa sociedad excluyente y permitir que las clases menos favorecidas fueran educadas, pues si debían aprender religión también debían saber leer y escribir importante cambiar esa sociedad excluyente y permitir que las clases menos favorecidas fueran educadas, pues si debían aprender religión también debían saber leer y escribir.

Es tal la situación que en Santafé había 30.000 habitantes y una sola escuela pública, a la que asistían los niños de escasos recursos donde sólo había un maestro para atender las demandas de los estudiantes. Esta situación fue analizada por los ilustrados criollos quienes lo manifestaron en sus discursos y lo convirtieron en proclamas para sus campañas, adoptándolo como parte del programa revolucionario.

Es importante destacar el papel que a partir de este momento tuvo el arzobispo Martínez Compañón, quien apoyó a la corona, desarrollando un plan que incluía varios aspectos como el nombramiento de sacerdotes españoles en poblaciones indígenas que estaban más alejadas del centro, para catalizar la acción de los criollos e impedir que avanzaran las ideas de independencia. Nuevamente la educación regresa a manos del clero, reforman la carrera de Derecho y suprimen la cátedra de Derecho Público.

Por otro lado, el Arzobispo propone un plan para contrarrestar el criollismo que fomentaba el reconocimiento de la conciencia diferencial entre criollos y españoles. Existían dos corrientes contrapuestas, por un lado un grupo de criollos y hacendados que aceptaban las propuestas de la corona y por otro la línea del pensamiento ilustrado criollo que desarrolló posiciones políticas más modernas desde el punto de vista social.

Hacia 1795 la inquietud por este tipo de movimientos crece y como consecuencia se cierran las imprentas so pena de castigar con el destierro a quienes las oculten o sigan haciéndolas funcionar. Se suprime la biblioteca pública, medida que no representaba mayores problemas porque los letrados tenían en sus casas libros y los estudiantes debían ceñirse a los que les recomendaban sus profesores (Borja, 1996).

En agosto de ese año se llevó a cabo la revolución de los pasquines, en la que se vieron involucrados estudiantes del Colegio Mayor del Rosario participantes de las tertulias literarias, quienes fueron detenidos y procesados por sedición y llevados presos a Cádiz hasta 1799. Entre ellos estaba Sinforoso Mutis quien por ser sobrino del sacerdote José Celestino Mutis, se acogió a la petición y fue llevado preso.En buena medida la emancipación granadina estuvo influenciada por la ideología ilustrada, conocida por sus líderes en la biblioteca de la Expedición, en las tertulias literarias y en los Colegios Mayores de Santafé.

La ilustración en la nueva granada

Se considera que la Ilustración llega a América hacia 1763 con José Celestino Mutis y con la transmisión de una nueva filosofía científica manifestada por la confianza en la razón y en las posibilidades del espíritu crítico.

En una segunda etapa entre 1780 y 1810 la renovación cuenta con el apoyo oficial, se busca que en los planes de estudio se haga énfasis en la observación y experimentación. De acuerdo con esta mentalidad surgen obras tan importantes como la del jesuita Joseph Gumilla publicada en 1741 El Orinoco Ilustrado: Historia Natural, Civil y Geográfica de este gran río, y la de Francisco José de Caldas en 1802: Ensayo de una memoria sobre un nuevo método de medir la altura de las montañas.

En esta etapa nos encontramos con dos generaciones de Ilustrados criollos. La primera se encargó de enfrentarse con los principales hechos políticos y sociales producidos por las reformas de Carlos III, entre ellos se encontraban Francisco Antonio Moreno y Escandón, quien promovió transformaciones educativas más o menos radicales, Manuel Antonio del Campo Rivas, abogado javeriano y teólogo consultor del Santo Oficio, José Ignacio de Rentería, asesor y auditor de guerra del Virrey Guirior y Joaquín Mosquera y Figueroa, oidor de la audiencia de Santafé, todos abogados y que formaron parte de la burocracia colonial (Cortés, 2008).

La segunda generación estaba conformada por un grupo de individuos privilegiados, que se formaron en instituciones de educación superior, y que giraron alrededor de la Expedición Botánica, como Francisco Antonio Zea, Eloy Valenzuela y Francisco José de Caldas; generación que busca una nueva base teórica. “La ilustración pues, o la filosofía, ha sido la base fundamental de la prosperidad de las naciones y de sus individuos”.

Por otro lado el periodismo se desarrolla y se convierte en un espacio de discusión amplia sobre los temas que preocupan a los intelectuales de la época; en algunos casos se apoya a la corona como sucedió con la Sociedad Económica de Amigos del País, pero la constante era la divulgación de las ideas revolucionarias. Algunos de estos periódicos fueron: El aviso del terremoto (1785) , Papel periódico de Santafé (1791), Correo curioso (1801) y en el Redactor Americano del Nuevo Reino de Granada (1806).

En este marco de intelectualidad y de debate surgen espacios como las tertulias literarias, en las cuales se discutían las aspiraciones existentes sobre el cambio de régimen. Hubo algunas de renombre como por ejemplo la que se reunía en la biblioteca de Antonio Nariño a la que asistían personajes como Francisco Antonio Zea, los hijos del Marqués de San Jorge, José Antonio Ricaurte; su objetivo era leer en común periódicos europeos, criticar y conversar sobre varios autores, como los enciclopedistas, analizar la Constitución de Estados Unidos, discutir sobre el sistema gubernamental hispano y sobre la independencia y la traducción de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Otra de las tertulias era la Eutropélica, que se reunía en la Real Biblioteca, hoy Palacio de San Carlos, y era dirigida por Manuel del Socorro Rodríguez. La tertulia del Buen Gusto se reunía en casa de doña Manuela Santamaría de Manrique, quien poseía conocimientos en ciencias naturales y literatura, hablaba francés y latín, condiciones muy particulares para la época.

La consolidación de la universidad, la biblioteca, la imprenta, las tertulias y el periodismo, fueron el detonante para una generación que empieza a proclamar tesis novedosas y a rebelarse por el silencio guardado frente a las injusticias cometidas. Por eso se insiste en la enseñanza del Derecho de Gentes a pesar de ser considerado por los españoles como un problema en regiones como la nuestra. 

“Ha sido la ilustración el referente teórico que marcó la ruta de ésta investigación, teniendo en cuenta que, el impacto generado por las reformas borbónicas del siglo XVIII hizo que la educación religiosa perdiera su exclusividad y apareciera como posibilidad muy llamativa la educación ilustrada, allí se sopesan ideas como soberanía, libertad y felicidad, legitimadas como una de las causas independentistas para justificar y defender los principios revolucionarios en contra de la tradicional monarquía. Así se puede afirmar que la ilustración como movimiento intelectual, se basaba en la razón como fundamento del conocimiento, generando entre quienes se formaron bajo esta égida en conceptos de libertad, de mundo y de sociedad, convirtiéndose así en el principal contradictor de la escolástica, basada en el paradigma que afirma “es el hombre a través de la razón, el único capaz de conocerse a si mismo y a la realidad con el objetivo de transformarla”, esa crítica a la educación tradicional que a juicio de los ilustrados solo reproducia un conocimiento basado en prejuicios oscurantistas que inmovilizaban la capacidad creativa” (Serrano, 1994). 

Aunque no desaparece la religiosidad, sí florece la idea educativa de la educación popular que acompañará el desarrollo de la República hasta la actualidad. 

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Este documento fue tomado de www.revistaelastrolabio.com

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