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Prácticas profesionales: ¿aprendizaje o explotación?

Las prácticas profesionales son la oportunidad para que jóvenes estudiantes conozcan el mundo laboral. Sin embargo, aún existe un debate alrededor de la remuneración que merece el esfuerzo de estos jóvenes.

Agosto 25, 2015

Hace un par de semanas, el mundo hablaba de David Hyde, un practicante de Naciones Unidas en Ginebra (Suiza) que, para aminorar los costos de vivienda decidió habitar en una tienda de campaña. La razón de dicha decisión se debe a que en Naciones Unidas, paradójicamente, los practicantes no reciben ningún tipo de remuneración económica y deben asumir completamente el costo de vida en una de las ciudades más caras del viejo continente.

Días después, David Hyde admitió que la noticia era falsa y que en realidad no estaba acampando para vivir. El propósito de esta mentira era crear conciencia sobre la injusticia e “hipocresía” del trabajo no remunerado, sobre todo viniendo de una organización que tiene a una parte de su fuerza laboral sin salario, mientras promueve la igualdad y los derechos humanos.

Naciones Unidas no es la única organización que tiene prácticas profesionales no remuneradas. Alrededor del mundo existen miles de empresas que ofrecen prácticas profesionales sin ningún tipo de salario o subsidio, lo que ha generado debate si este tipo de práctica es, de cierta forma, justa o si se trata de explotación laboral de aquellos que sólo desean aprender. Si bien el método de David Hyde no es el correcto, su premisa es totalmente justificada ya que así se trate de un estudiante en formación, es un ser humano que invierte tiempo y esfuerzo en una organización y merece un mínimo de cortesía a cambio de su labor. Cortesía entendida como un salario o quizás algún tipo de subsidio para cubrir el costo de ir a trabajar todos los días.

Las prácticas profesionales son un empleo más, probablemente con personal quizás “menos calificado” porque están en proceso de obtener su título profesional, pero son al fin y al cabo trabajadores que merecen una remuneración mínima que les ayude a compensar el costo de su jornada laboral.

En Francia, en diciembre del 2014, se logró un gran avance legal en esta materia y gracias a varias manifestaciones, los practicantes tienen derecho a una remuneración mínima, subsidio de transporte y de almuerzo. Las condiciones pueden variar de una práctica a otra, de acuerdo a las capacidades de cada empresa, pero al menos existe un marco mínimo de garantía para aquellos estudiantes que trabajan para una compañía como parte de su formación.

En Colombia, hay varios tipos de modalidades, que son diferentes si se trata por ejemplo de aprendices del Sena o de estudiantes universitarios en semestres de prácticas. Los aprendices del Sena deben ser remunerados con al menos un salario mínimo y demás prestaciones de ley, incluyendo afiliación a riesgos profesionales. En el caso de los estudiantes universitarios, dicha pasantía es regulada por el artículo 30 de la Ley 789 del 2002. Ofrecer un salario o subsidio no es de carácter obligatorio a la hora de contratar a estudiantes, pero la empresa debe asegurar que el estudiante esté afiliado a la seguridad social y al sistema de riesgos profesionales.

La legislación en Colombia, y con toda seguridad en muchos países más, tiene aún un largo camino por recorrer en esta materia; ya que así se trate de un estudiante con poca experiencia, a ellos se les trata como empleados dentro del contexto laboral. Tienen responsabilidades, deben cumplir horario y por supuesto, existe subordinación. Es al fin y al cabo, un empleo más, probablemente con personal quizás “menos calificado” porque están en proceso de obtener su título profesional, pero son al fin y al cabo trabajadores que merecen una compensación mínima que les ayude a compensar el costo de su jornada laboral. Almuerzo y transporte sería al menos  un buen comienzo, desde mi punto de vista.

El pretexto de muchas empresas para no pagar nada a los practicantes es la llamada “oportunidad de aprendizaje que recibe el estudiante”. El beneficio de entrar como una persona sin experiencia a una empresa, con responsabilidades es ciertamente, una gran oportunidad para aprender. Aun así, no es justo que, la “oportunidad” sea más costosa para el estudiante y que a primera vista, la empresa salga como la “mayor beneficiada”. La relación debería ser más equitativa.

También está el tema del aprendizaje en sí mismo. El objetivo de tener practicantes en una empresa es contribuir de cierta forma a la formación de estudiantes de pregrado o incluso de posgrado, para que la experiencia profesional sea la oportunidad de llevar a la realidad todo lo visto en el aula.

Pero, si esta oportunidad no se conduce apropiadamente y si se contrata a un estudiante para ejercer labores meramente operativas, el propósito de la práctica pierde sentido, sobre todo para el estudiante. Debe existir dentro de la empresa alguien que ayude a que dicha formación sea guiado y que tenga en el jefe, algo más que una persona encargada de asignar tareas. Es necesario el apoyo de un mentor, más que un superior que da órdenes.

Infortunadamente, el mayor perjudicado con una mala práctica profesional es al fin y al cabo, el estudiante. Si en el marco de esta experiencia no se tienen las condiciones de apoyo, guía e inclusive de remuneración, es difícil conseguir tener a un aprendiz motivado y comprometido. Y para el estudiante, dicha experiencia pierde significado si la ya mencionada oportunidad, no es el escenario ideal para aprender del mundo profesional. 

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Comunicadora social y periodista
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Fabián Moisés Padilla De la Cerda