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Jean-Jacques Rousseau (1712-1778)

La vida de Emilio es su educación. De las manos del maestro, no solo serán profesionales, sino, ante todo, con una vida que sea digna de vivir.

Septiembre 11, 2018

Con Rousseau, se inaugura un giro en el pensamiento sobre la educación. Pensador suizo, de habla francesa. Paradójico, conflictivo, escéptico frente al progreso de la ciencia y de su capacidad para la producción de la felicidad del hombre. Con él la infancia se instituye en sujeto de la educación. Las pasiones no son impedimento sino la fuerza que permiten su desarrollo. La formación del hombre para la vida social se realiza apartándose de ella. La naturaleza no obstaculiza la educación; al contrario, solo siguiéndola se puede alcanzar los propósitos que se persiguen. Rousseau es considerado como iniciador del romanticismo educativo, al centrarse en una concepción optimista de la naturaleza humana, e iniciador de lo que se llamará la educación moderna.

El autor del Emilio (1762) cree en el papel educador de la mujer, y dedica su obra a “una mujer que sabe pensar”. A la infancia no se llega por ideas, conceptos, modelos, teorías: “de la infancia nada sabemos, y cuanto más se habla, más se yerra”.  Es por eso, que el autor ginebrino no hace un tratado, ni una didáctica, ni unas prescripciones morales. Escribe una novela. Y es que no se educa para la vida, como si hubiera una existencia previa a la vida misma, como si se pudiera separar educación y vida. No se educa para la vida porque la vida es la educación. “Vivir es el oficio que yo quiero enseñarle; saliendo de mis manos el no será, convengo en ello, ni magistrado, ni soldado, ni sacerdote; será primeramente hombre: todo lo que este hombre debe ser y sabrá serlo en la necesidad tan bien como precise; y cuando la fortuna tenga a bien hacerle cambiar de lugar, el permanecerá siempre en el suyo” Rousseau, J. (1985 [1762] pág. 41).

Cuando Rousseau escribe el Emilio no estaba pensando en la organización escolar, ni en sus pedagogías, ni en las formas de educación conocidas en su tiempo. Más bien pensaba a contra corriente de todas ellas: en contra de las escuelas, de los colegios, los modelos pedagógicos, de las opciones morales que ya existían. La educación de su tiempo basaba la conducción de los niños en una disciplina directa sobre el cuerpo del niño, en la memorización, en la erudición y el encierro. Rousseau, en cambio, piensa en el ambiente del niño, en los espacios en los que se desarrolla, en la administración del espacio en los que despliega el aprendizaje. El maestro es formador, pero su trabajo es indirecto, produce interés, construye condiciones de libertad. Si en Locke solo hay libertad, si hay disciplina. En Rousseau solo hay disciplina si existe libertad. La libertad es el propósito, solo que por vías distintas. Pero la libertad solo llega si el maestro es vigilante conductor.

Se trata de un oficio de maestro que no lo sabe hacer ni los padres, ni el estado, ni las políticas educativas, que no piensen en el niño mismo y en los deberes como ser humano; por eso se necesita un maestro, quien, en un ejercicio de gobierno, lo conduzca hasta hacerlos hombres:

No existe otra ciencia que enseñar a los niños: esta es la de los deberes del hombre. (…) Por lo demás yo llamo más maestro (gouverneur) que preceptor al profesor de esta ciencia, porque se trata menos para él de instruir que de conducir. Él no debe dar preceptos, debe hacer que se descubran” Rousseau, J. (1985 [1762]. Pág. 53)

Luego el maestro se va haciendo innecesario, mientras Emilio no se gobierne a sí mismo “yo no le pierdo ya ni un momento de vista”, hasta que, “no tenga necesidad de otro guía que él mismo” y “no tenga la menor necesidad de mi” (1985 [1762] Pág. 52). Los modelos pedagógicos que se apoyan en Rousseau para crear educación centrada en el aprendizaje, o en un desprecio de la enseñanza, o en un desconocimiento del maestro, no han interpretado bien al Emilio, no han comprendido el trabajo de gobierno que realiza el formador.

La idea de naturaleza es el punto de partida de la educación del Emilio. “Nuestras pasiones son los principales instrumentos de nuestra conservación; es por tanto una empresa tan vana como ridícula querer destruirlas; es controlar la naturaleza, es reformar la obra de Dios. Si Dios dijese al hombre que destruyese las pasiones que él le ha dado. Dios querría y no querría; se contradeciría a sí mismo. Jamás ha dado esta orden insensata (…) según esto yo consideraría aquel que intentase impedir el nacimiento de las pasiones, casi tan loco como aquel que intenta destruirlas” (1985 [1762] pág. 241).

Por tanto, la educación para Rousseau:

  • Es una educación natural. Su fundamento es seguir el obedecer la naturaleza.
  • Es una educación libre: no se trata de ir a lo que salga, sino en que “el Espíritu de las reglas es dejar a los niños más libertad y menos imperio”.
  • Se trata de una libertad regulada pues no le quitara los ojos. El maestro está presente, de otro modo, no directo, pero si conduciendo la experiencia
  • Es una educación activa: hay que dejarlos que actúen y hay que tomarse su tiempo, “el hombre es libre en sus acciones”. El niño es agente y no simplemente paciente como lo encontraríamos en Comenio.
  • Es una educación para la felicidad: “Preciso es ser feliz” y para ello hay que ser dueño de sí mismo.

Rousseau tiene una desconfianza en la ciencia y en la forma como se busca dominar a la naturaleza. La manera como se domina la naturaleza y la forma como se busca torcer sus leyes logra que el mismo hombre se haga víctima de sus propios logros y tema los efectos de sus propias conquistas humanas.  Para Rousseau es mejor aprender a vivir que aprender a conocer. Sin embargo, el haber puesto el acento en la felicidad, en la necesidad de libertad, en la importancia del interés, en la potencia de las pasiones, el papel del amor y de la bondad de la naturaleza Rousseau construyó nuevas condiciones para pensar la formación de maestros y el saber pedagógico. 

 

Palabras clave: romanticismo educativo, infancia, libertad, saber pedagógico y formación de maestros.

 

Rafael Reyes Galindo

[email protected]

Facultad de Educación

Pontificia Universidad Javeriana

 

   

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