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Luisa Gómez, la nueva cara de la Fundación Compartir

"Ha sido fantástico, estoy trabajando con un equipo joven y con personas que están desde hace muchos años".

Diciembre 4, 2015

Tras 35 años de trabajo, su padre, Pedro Gómez Barrero, la nombró como la nueva presidenta de la Fundación Compartir. ¿Cómo han sido estos primeros meses?
Ha sido fantástico, estoy trabajando con un equipo joven y con personas que están desde hace muchos años.

¿Cuál es el balance de estos 35 años de la fundación?
Creo que los programas han sido muy bien dirigidos, porque realmente ha llegado a las poblaciones a las que se pretendía llegar, a las más desfavorecidas del país. Hay proyectos de vivienda integral que desde un principio consideramos que es como la piedra angular para mejorar la calidad de vida de las personas. También hemos empezado a trabajar en el sector educativo, especialmente para asegurar que los muchachos puedan progresar a través de educación con calidad, con la construcción de colegios y el trabajo con profesores y padres de familia.

Han surgido críticas acerca de la forma de los indicadores que evalúan a los estudiantes que se han visto beneficiados con el programa “Ser pilo paga”. ¿Qué piensa al respecto?
Creo que es un buen programa, que permite que los chicos tengan la oportunidad de ingresar a programas de alta calidad del país, con un beneficio extra, que es el auxilio económico que reciben. La gente ha tenido mucha preocupación por cómo los reciben en instituciones que han sido consideradas elitistas. Tengo la experiencia de la universidad de Los Andes, porque soy parte de las directivas y de primera mano mi experiencia en Los Andes ha sido excelente, porque ha sido un gana gana. Ha sido buena para los muchachos de “Ser pilo paga” y ha sido muy buena para los muchachos de la universidad, porque se han encontrado con una realidad que ellos no conocían. Se han encontrado con unos estudiantes, académicamente, muy superiores a ellos.

¿Siempre tuvo presente que quería enfocarse en la educación?
Fui voluntaria en varios colegios. Me encantaba estar en el medio educativo, estar con estudiantes, Siempre quise trabajar donde me necesitaran. Después de que mi papá comenzó a trabajar con la fundación, yo empecé a colaborarle. Mientras que en la fundación se trabajaba en los proyectos de vivienda, en el comedor de mi casa siempre se discutían los temas educativos, sobre qué se debía hacer para mejorar la calidad de la educación.

¿Por qué decidió estudiar primero filosofía y letras y luego pedagogía?
Porque me pareció que era la mejor base para comenzar; ahí es donde nos hacemos preguntas complicadísimas que se hacen los filósofos. Y la literatura, porque siempre me ha gustado mucho leer y me hubiera gustado escribir. En algún momento pensé que iba a escribir, pero el tiempo no me ha dado esa posibilidad.

¿De qué temas escribiría?
Sobre experiencias de superación de otras personas. He hablado con jóvenes de noveno, décimo y once, de colegios en concesión, sobre lo importante que es hacer un proyecto de vida. Veo los esfuerzos que hacen para darle educación superior a sus hijos. Tengo una admiración muy grande por ese deseo de superación en ellos.

Antes de ingresar a la universidad, ¿cómo era su proyecto de vida? ¿Ha cambiado?
Quería ser filósofa y escritora. Me veía dictando cátedra, una cosa muy ideal. Y definitivamente fue cambiando. Cuando salí de filosofía y letras, quise entrar a estudiar pedagogía y comencé a trabajar con estudiantes, ahí aterricé y me di cuenta que lo que había que hacer era trabajar para mejorar la calidad de la educación. También me casé muy joven, y tengo una hija que es como mi maestra, porque me ha hecho cambiar muchas opiniones sobre la vida. Si ella no estuviera a mi lado, mi vida hubiese sido un poco árida. Los adolescentes son increíbles.

¿Cuáles son las bases y columnas que sostienen su proyecto de vida?
Mi base es mi familia y las columnas son cada uno de los valores que he aprendido. Pero sin duda dentro de esos pilares está la educación.

¿Qué aprendió de su padre, Pedro Gómez Barrero?
El espíritu solidario, a trabajar muy duro y el amor por la familia. Él siempre está pendiente de sus hijos y nietos.

¿Qué proyectos personales le hacen falta por cumplir?
Definitivamente escribir, pero también me gusta mucho pintar paisajes, rostros, en óleo y acuarela. Me encanta el cuerpo humano, pintarlo en carboncillo es fascinante. Cuando estaba en mitad de mi carrera, estuve a punto de dejar todo por pintar, pero me puse a pensar la posibilidad de que no me fuera bien. También tengo pendiente terminar mi tesis de doctorado, que abandoné por ir a trabajar al Banco Mundial.

¿Qué fue lo mejor de su paso por el Banco Mundial?
Fue muy importante porque me permitió trabajar con personas de diferentes profesiones: ingenieros, médicos, antropólogos, sociólogos, que tenían diferentes percepciones del desarrollo.

*Entrevista publicada por El Espectador el pasado 3 de diciembre de 2015.

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Hoguer Alfredo Cruz Bueno
Gran Maestro Premio Compartir 2009
Logré vincular el aula y la comunidad rural a través de expediciones que marchaban tras la huella de la cultura local en tertulias de lectura que se convirtieron en lugares de encuentro entre los padres, los hijos, los textos y la escuela.