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Docencia rural en Colombia: educar para la paz en medio del conflicto armado

Julio 22, 2019

Colombia es un país que no ha logrado salir de la guerra, su historia del último siglo es la historia de enfrentamientos violentos entre la población civil, el Estado y los grupos armados. La perduración del conflicto y su profunda degradación ha penetrado todas las dimensiones de la vida pública y privada, ocasionando que la forma de relacionarnos y de resolver las diferencias haya estado marcada por pautas de comportamiento violentas, que han permitido el desarrollo de delitos atroces y de una perpetuación de la guerra en nuestra cultura. Tanto así, que se ha llegado a pensar que muchas generaciones no alcanzaron – ni alcanzan – a suponer e imaginar un país ausente de guerra.

En el país, el conflicto armado ha sido naturalizado para muchos. Las acciones bélicas, los asesinatos selectivos, los ataques a poblaciones, los atentados terroristas, las desapariciones forzadas, las minas antipersona, las masacres, los secuestros; hacen parte de un inventario de nuestra realidad que fácilmente es descrita por nosotros sin sentir ninguna afectación emocional real.

Sin embargo, para quienes han sido las víctimas de estos delitos, la historia es distinta. El conflicto ha marcado su memoria y la biografía de generaciones enteras de familias. Los episodios violentos a los que han asistido, han construido su memoria, transformando su forma de sentir, pensar y actuar frente a su entorno y han marcado un fin a la posibilidad de una vida pacífica.

Pero las víctimas no se distribuyen homogéneamente en todo el país. El amplio (pero no inagotable ni suficiente) conocimiento que existe sobre el desarrollo del conflicto armado, muestra que la mayor parte de afectaciones las han sufrido las poblaciones rurales. Por múltiples factores de orden estructural, en la ruralidad colombiana convergen todos los tipos, niveles y grados de conflicto armado, que van y vuelven de formas cada vez más crueles.

La situación de guerra – manifiesta o latente – en la que perviven gran parte de las poblaciones rurales, se retroalimenta con las difíciles condiciones de pobreza, abandono y precariedad de los territorios, configurando un panorama bastante adverso para la ruralidad del país.

Décadas de investigación sobre el conflicto armado han intentado hallar sus causas, identificando las relaciones que se establecen entre violencia, economía y política. Recientemente estos se han orientado a indagar los efectos y consecuencias del conflicto armado en la configuración de las comunidades de los territorios. Sin embargo, el mismo estudio del conflicto armado tiene retos importantes, dado que su prolongación y arraigo en la población y la cultura, provoca que este se transforme y por tanto exista una desactualización permanente de sus interpretaciones (Sandoval, 2014).

No obstante, se han desarrollado escasas investigaciones sobre cuál es el rol que ha desempeñado la educación en la conservación del conflicto armado en el país. Si las escuelas son escenarios donde se construyen procesos de cohesión social y donde se institucionalizan los valores y la cultura de las comunidades, entonces es fundamental preguntarse por el papel que han surtido estas en la producción y reproducción de ordenes sociales en territorios con conflicto armado. De manera simultánea, también es fundamental preguntarse sobre el impacto del conflicto armado en la configuración de las aulas, los establecimientos y la modelación de discursos y prácticas pedagógicas.

Desde esta perspectiva, la educación rural contiene algunas claves para comprender la prolongación del conflicto armado en Colombia y su arraigo en la cultura. Pero también la educación rural contiene los mecanismos para construir procesos de justicia y transformación social que se fundamenten en la superación del conflicto armado y la reconciliación entre las poblaciones.

Esta doble relación que tiene la educación con el conflicto armado, se explica de manera importante por la capacidad de agencia que tienen los maestros para consolidar y a la vez transformar las estructuras sociales de sus contextos. Por esta razón, al Gobierno Nacional y a la sociedad colombiana le corresponde potenciar este papel transformador de los maestros rurales, si se quieren mitigar los efectos de la violencia, y promover una paz duradera a través del desarrollo educativo y social de los territorios.

Por ello, el estudio “Docencia rural en Colombia: Educando para la paz en medio del conflicto armado”, se concibió como ese primer gran paso de inmersión en las lógicas que dinamizan la relación entre el conflicto, la educación y la ruralidad.

Su objetivo fue conocer el desarrollo profesional de los docentes y directivos docentes rurales del país a partir de sus trayectorias de formación y los factores que inciden en su permanencia en esos territorios en conflicto armado, para comprender cuál es el rol de la educación y de los maestros en la superación de la violencia y la construcción de una paz duradera en el país.

Como resultado, hoy la Fundación Compartir entrega al país un estudio hecho desde los territorios rurales, que logra hacer eco de los silencios y las voces de los maestros y las maestras rurales. Esperamos que este aporte resulte en intervenciones y estrategias más pertinentes que mejoren el desarrollo profesional de la docencia rural en Colombia.

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Carlos Enrique Sánchez Santamaria
Gran Maestro Premio Compartir 2011
Con el apoyo de las tecnologías logré que los estudiantes convirtieran el pasado de exclusión que vivió éste municipio lazareto en un pretexto para investigar, conocer la historia y conectarnos con el mundo.