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Alfabetización digital crítica en el uso de datos: un gran desafío para 2021

En 2020, la comunidad educativa debió abordar un reto global sin precedentes para esta generación y lo hizo pese a la desigualdad estructural en la que se ha cimentado la sociedad digital en que nos situamos.

Junio 14, 2021

Es evidente que las tecnologías digitales jugaron un papel central en esta etapa, y que su uso extendido, provocó un amplio proceso de alfabetización digital que quedará en el tiempo, y que conllevará sustantivos cambios en la gestión, organización y didáctica escolar del futuro. Pero tampoco nos engañemos.

Este año también ha desvelado, por un lado, el intento trepidante de las Big Tech por reposicionar su influencia en las políticas sociales y educativas, para entrar con sus aplicaciones en el mercado de la educación personalizada de los centros escolares, y así poder extraer y recopilar información sobre cada estudiante. Y por otro, la ausencia de conciencia (y competencia) crítica de la ciudadanía, y en este caso, de la comunidad educativa, a la hora de acceder y utilizar los dispositivos y entornos digitales. En la mayoría de los casos, su uso se ha basado en prácticas compulsivas, que han buscado “salir del paso” ante este reto de continuidad telemática forzada.

Covid 19: ventana de oportunidad para las ‘big tech’

Justo cuando las Big Tech vivían una fase de manifiesto cuestionamiento global y en la mira de los gobiernos de muchos países por sus prácticas monopólicas, de fraude fiscal, de uso indebido de datos recopilados y de “abuso de posición de dominio”, sucede la pandemia del Covid-19 y la aprovechan como una “ventana de oportunidad”, poniendo a disposición de la ciudadanía de forma “altruista”, sus distintas herramientas y plataformas digitales. Aquí algunos casos:

Promociones, inicialmente gratuitas, pero que generaban “clientes cautivos”. Pues, una vez que aprendes a utilizar una plataforma digital, con sus especificaciones y características particulares, la migración se reduce y permaneces en aquello que ya conoces y dominas.

Lo cierto es que parece que hoy en día, tras el renovado manto de optimismo tecno-educativo, lo que de verdad se busca es extraer información del alumnado mediante la conversión de las escuelas, en lo que Williamson denomina las “escuelas start-up”, es decir, una fábrica de datos e información comercializable sobre unos clientes presentes y futuros a los que se quiere fidelizar.

¿Qué podemos hacer (y que se está haciendo) para que la ciudadanía aprenda a relacionarse críticamente con los datos?

Ante esta situación, no podemos pensar (ni legitimar) que la ciudadanía sea un simple espectador pasivo. En este artículo nos gustaría destacar algunas iniciativas y proyectos que ya están llevándose a cabo desde los ámbitos académico, político y ciudadano, y que poco a poco han ido ayudando a desvelar las tendencias antes mencionadas. Sin ánimo de cerrar el foco analítico, ni menos de proponer un ranking al respecto, a continuación presentamos algunos aportes que, desde nuestra mirada, consideramos que vale la pena tener presentes:

Iniciativas desde la academia y la investigación

Cada vez son más crecientes los esfuerzos que desde la academia se llevan a cabo con el fin de informar a la comunidad educativa y, en general, a la sociedad de los riesgos de una datificación controlada por las Big Tech. Parte sustantiva de estas propuestas se mueven desde la denuncia, a la formulación de programas en los cuales básicamente lo que se plantea es la concientización del usuario, a través de lo que se ha dado en llamar la “data literacy” o alfabetización en datos. Aquí algunos ejemplos:

  • Significativo ha sido el trabajo de Cathy O’Neil, que indicó la necesidad de “abrir” la caja negra de los algoritmos pues de otra manera podrían convertirse en armas de destrucción matemática.
  • También Shoshana Zuboff, que nos ha llevado a comprender cómo la sistematicidad de adopción de modelos de negocio basado en técnicas extractivas de datos sienta las bases para un cambio paradigmático del capitalismo, es decir, el capitalismo de la vigilancia.
  • Virginia Eubanks y Safyia Noble han explorado los sesgos racistas encapsulados en las recomendaciones y acciones programadas por algoritmos en sistemas tan delicados como la atención socio-sanitaria.
  • Cristóbal Cobo en su libro Acepto las condiciones propone un análisis crítico y abierto sobre las consecuencias de la masificación de las tecnologías y su impacto en las nuevas formas de poder y control de la sociedad actual. El libro explora qué papel ha de jugar la educación en este contexto.
  • Destaca dentro de esas iniciativas pioneras el trabajo de Luci Pangrazio, Neil Selwyn (entre otros y otras) en su proyecto “Data Smart School”. Este proyecto investiga nuevas metodologías que faciliten el mapeo de iniciativas basadas en el tratamiento de datos digitales con fines educativos inclusivos eviten la dominación y mal uso de estos.
  • También este es el foco del proyecto “Culturas de Datos Justas” donde se están mapeando una serie de iniciativas en la que los educadores e investigadores educativos intentan unir las piezas de este rompecabezas. Aunque queda aún mucho por hacer.

Estas miradas académicas y desde la investigación han tenido como punto de partida el informar sobre el sesgo, el espacio de libertad que se ha creado la industria “Big Tech” en el moverse mucho más rápidamente que la crítica social y la normativa. Sin embargo, reconocer el problema es sólo el inicio, por lo que la investigación educativa se está moviendo en la dirección de los enfoques que lleven a la transformación de prácticas, a través de la alfabetización.

Iniciativas institucionales

En el presente, las corrientes de data literacy están en sus albores, y se han ido caracterizando en primer lugar por una visión entusiasta del uso de los datos, particularmente ligadas a las perspectivas de coding y minería asociadas a los datos abiertos. En línea con la propuesta pedagógica de Paulo Freire, en términos generales estas iniciativas ayudan a: (1) proveer de seguridad y protección de la privacidad de los/as usuarios/as (2) comprender las “técnicas” que encierran los algoritmos; (3) favorecer el potencial de trabajar con datos a partir de sus estructuras más íntimas, para así ser capaces de leer sus alfabetos y (4) lograr transformar las formas de participación en la tecno-estructura.

Un primer ámbito de trabajo es el de los datos abiertos y las posibilidades que para la sociedad implica el poder navegar y sacar provecho de dichos datos, públicamente compartidos. Dicha actividad llevaría a formas de alfabetización técnica avanzada, pero también a la participación y monitorización cívica del gobierno. Entre esta tipología iniciativas, destacamos por ejemplo, la de l’Ajuntament de Barcelona, que cuenta con el programa “Repte Dades Obertes” que llama al alumnado de ESO a competir en proyectos que usen los datos abiertos del gobierno. Pero hay muchísimas iniciativas de hackathon para trabajar sobre esta tipología de datos, para no hablar de las nuevas formas de visualización dinámica ofrecidas por organismos como el Instituto Nacional de Estadística o el Eurostat.

Lamentablemente, hoy por hoy la discusión del uso de los datos generados por software privativos, sigue estando mucho menos difundida, pues claro está, son datos inaccesibles. Las acciones de concientización y de comprensión de las estructuras que permiten la generación de automatismos y sistemas de recomendaciones es una de las líneas más relevantes y necesaria de abordar.

Justamente la propuesta de la Children’s Commissioner del Gobierno británico que ha generado una iniciativa que busca favorecer la comprensión de los términos de condiciones de las principales redes sociales y plataformas virtuales mediante una versión simplificada de estas.

Iniciativas desde la sociedad civil

Aquello que caracteriza la pedagogía crítica es el potencial transformador de impacto sobre la sociedad, y ello aún es un tema mucho menos claro, pues va más allá de los que podríamos llamar “superpoderes de la alfabetización”. De hecho, uno de los problemas encontrados en las intervenciones de concientización es que una vez comprendido el problema, quedamos “atrapados” en la disponibilidad de tecnologías alternativas para evitar el trazado de datos, o en nuestra propia necesidad de espacios como las redes sociales para desplegar nuestra tarea educadora, o profesional, o simplemente social.

No basta saber para cambiar una tecno-estructura ligada a un entramado técnico, económico y político, y es aquí que las herramientas de cambio vienen de las formas de activismo de la sociedad civil. Estas formas de activismo requieren también una fuerte competencia en datos, desde aspectos tecnológicos y de ciencia de datos, hasta aspectos jurídicos. Pero principalmente, encierran formas de participación democrática que también necesitan ser forjadas en el sistema educativo, desde una perspectiva crítica enlazada a las alfabetizaciones técnicas.

Ya existe una cantidad sustancial de iniciativas en esta línea. Aquí hay algunas de ellas:

  • Faro Digital que pone su foco en las juventudes y que desde ahí, promueve iniciativas que favorezcan la protección de la privacidad y los datos personales de los jóvenes durante su navegación en internet. Y otras que buscan favorecer el uso consciente y crítico de las tecnologías digitales
  • ILDA. Iniciativa que busca promover y entender el uso de los datos abiertos en América Latina en el año 2012.
  • XNet con su propuesta de escuelas fuera de Google Classroom
  • Open data, asociación que nace para promocionar los datos abiertos en el entorno de Barcelona
  • Myshadow de Tactical Tech, ayuda a controlar los rastreos de los datos personales, permite observar cómo se están rastreando y provee de información crítica sobre la industria de los datos.

La mayoría de estas iniciativas apoyan a la ciudadanía, a jóvenes, a redes de padres y madres, con el fin de formular espacios de participación y de discusión, cuyo efecto es generar presión sobre el sistema político. Esos movimientos han desencadenado una serie de intervenciones experimentales, junto a una progresiva construcción de soluciones en el campo de la práctica educativa y la sociedad civil.

Algunas consideraciones finales…

La intensa actividad de los tres colectivos abocados a explorar el problema de la datificación ha dado lugar a varias formas de intervención y de trabajo hacia la generación de alfabetismo eficaces. Es el empeño de dichos colectivos, lo que ha permitido alcanzar los estamentos de las políticas educativas (entre otras áreas) a nivel europeo. Desde 2016 y hasta el presente, la política de protección de datos (GDPR) ha sido uno de los enfoques más innovadores, que lentamente se está convirtiendo en un actor clave para la generación de acciones de alfabetización en datos a todos los niveles educativos. Más específicamente, si consideramos el nuevo Plan de Acción Digital , una de sus preocupaciones es justamente mejorar, transformar y formar sobre el uso de datos de la ciudadanía. En diciembre de 2020 se ha formado un grupo de trabajo europeo para revertir el marco de competencia digital DigComp 2.1 y pasar a la versión 2.2. Se busca en esta revisión, incluir de manera determinante, un enfoque competencial sobre alfabetización en datos, a trabajar en los centros educativos y en todos los niveles del lifelong learning.

En este artículo, hemos tratado de describir el actual panorama de transición en cuanto a los riesgos y vulneraciones a la privacidad en la interacción entre la ciudadanía y tecnologías digitales. Transición que se ha visto acelerada por la pandemia. Nos referimos al pasaje de los entornos y herramientas digitales a espacios de vida que estarán atravesados por las que se denominan tecnologías inteligentes. Lo que parece un oxímoron, dado que hasta donde hemos explorado, se ha otorgado a la tecnología digital el rol de herramienta vehiculante en la construcción de la sociedad moderna, y un instrumento simbólico de la inteligencia humana. Sin embargo, su uso actual, tal y cómo lo hemos presentado en este espacio, parece seguir una connotación muy estrecha y acrítica de “inteligencia”. De hecho, un desarrollo tecnológico rápido de los sistemas datificados (que son la base de la inteligencia artificial) requiere una buena comprensión para que pueda darse esa integración. Ese diálogo “post-humano”, que no limite ni bloquee el desarrollo humano.

A los educadores les queda mucho por hacer en este contexto, pues los enfoques pedagógicos, el desarrollo de habilidades a lo largo del curriculum escolar y el análisis de su impacto en la sociedad y las familias, está aún en sus albores. Pero como hemos visto en la variada participación sobre la construcción de un camino hacia la data literacy, los educadores no están solos.

Este contenido fue publicado originalmente en el Diario de la Educación bajo licencia 4.0.

 


Imagen freepik.es

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Luis Fernando Burgos
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