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Evaluar también puede ser emocionante

Si la evaluación se incorpora en el proceso de enseñanza-aprendizaje, va a permitir que se informe al estudiante sobre su proceso y no se convierta en un ejercicio puntual, externo y aislado.

Marzo 24, 2021

La evaluación ha estado enmarcada desde un lugar limitado, abordada desde procedimientos simplificadores y entendida a partir de argumentos comunes. Estas circunstancias han conducido a pensar que evaluar es sinónimo de calificar, lo que indiscutiblemente se ve reflejado en problemas significativos dentro de los espacios educativos. La evaluación no tiene como finalidad valorar únicamente ciertos procesos formativos, sino que debe convertirse en un momento formativo en sí mismo. Los maestros que antes eran los protagonistas centrales de la evaluación tendrán que comprender que este mismo proceso es importante para la vida de los estudiantes en tanto afecta y produce efectos dentro de sus procesos de aprendizaje. En palabras de Murillo & Hidalgo (2015) la evaluación no puede aparecer únicamente en la escuela para medir lo aprendido, debe convertirse en una práctica que también enseñe por sí misma (p.5).

En este sentido, la intención de este texto es mostrar que la evaluación formativa puede interrogar las prácticas pedagógicas desde las emociones, en tanto los estudiantes logran percatarse de qué aprendieron, cómo lo aprendieron y para qué; y en la medida en que el maestro puede darse cuenta de que las emociones están presentes en los procesos de formación. 

Los retos de la evaluación formativa 

Analizar el lugar de la evaluación en los procesos educativos requiere apelar a la complejidad que tiene esta tarea al interior de las aulas para otorgarle un lugar visible. Integrar la evaluación a todas las instancias propias de los procesos de enseñanza y aprendizaje, además de estar alerta a la coherencia entre lo planificado dentro de los currículos y las realidades particulares en los contextos de los estudiantes, es imprescindible si se quiere hacer de esta una constante que acompañe y construya de otra manera las practicas pedagógicas.

Poner a los estudiantes en el centro del proceso evaluativo, es un planteamiento que se instala claramente dentro de un marco de la evaluación formativa, un proceso que tiende a ser continuo porque resignifica el concepto de avance para los estudiantes y deja a la retroalimentación en un lugar prioritario. La idea de evaluación como instancia de aprendizaje requiere establecer un espacio para la retroalimentación a los alumnos con el propósito de que puedan conocer sus logros en sus aprendizajes y al mismo tiempo reconocer claramente sus fallas, a través de diferentes recursos y estrategias de abordaje del docente con el fin de alcanzar los objetivos propuestos (Anijovich, 2010, p. 21).

Reconocer el punto de partida del aprendizaje de cada estudiante, y la continuidad con la que adquiere los nuevos conocimientos, abre la posibilidad de consolidar no solo una sino diversas formas de evaluar. De estas consideraciones nace el hecho de que sea necesario plantear la pregunta ¿qué evaluamos?, no se trata de evaluar conocimientos, instrumentales y teóricos desde las distintas áreas o asignaturas de la escuela, habrá que procurar también, generar una evaluación positiva que resignifique el autoconcepto que tienen los estudiantes de sí mismos, sus fortalezas, sus avances y sus potencialidades. 

La comunicación entre el maestro y el alumno es clave en la evaluación formativa, la claridad con que se ofrecen los criterios, se comparten los logros, se contribuye a identificar los desempeños de los estudiantes, y se plantea la retroalimentación de forma concreta, empática y en el tiempo preciso, tendrá un impacto positivo en el proceso educativo. Para que los efectos de la retroalimentación sean visibles, es necesario sistematizar estas prácticas con el objetivo de que se sostengan en el tiempo y se conviertan en un modo de aprender (Anijovich, 2010, p. 29).

Variadas son las preocupaciones y angustias de los maestros que se embarcan en la difícil tarea de evaluar los aprendizajes de sus alumnos, entre ellas pueden aparecer interrogantes como: en qué momento evaluar, cómo hacerlo, los procesos evaluativos están teniendo en cuenta a los estudiantes, la evaluación se concibe dentro de la practica pedagógica como un proceso formativo continuo. En el curso de estas preocupaciones, es entonces más que necesario considerar ¿cómo saber qué los estudiantes están aprendiendo? Para responder a esta pregunta, es menester tener en cuenta que la intención no es que el estudiante de cuenta de un concepto, sino su habilidad para usar ese concepto dentro de su propia experiencia real «no se trata de reproducir una información, sino de su uso y aplicación en situaciones más complejas, como la creación de productos, la investigación, la resolución de problemas del mundo real» (Anijovich & Cappelletti, 2017, p. 17) estas ideas tienen lugar en los propósitos del maestro respecto a la enseñanza y se verán reflejadas en las tareas que escoja para darse cuenta de lo que saben o no sus estudiantes. 

Esta línea de argumentación podría dejar claro que lo importante no es solo aprender cosas, lo importante es saber qué hacer con eso que se aprende. Si se quiere evaluar un aprendizaje a profundidad, la atención debe disponerse a consolidar en los espacios educativos una evaluación formativa. A palabras de Murillo & Hidalgo (2015) es distinto hablar de una evaluación que destaque los logros y aprendizajes alcanzados por los estudiantes, a otra que prevalezca los errores y las limitaciones del evaluado (p.5). Si la evaluación se logra incorporar al proceso de enseñanza y aprendizaje, va a permitir que constantemente se informe al estudiante sobre su proceso y no se convierta en un ejercicio puntual, externo y aislado del proceso de enseñanza. La evaluación configura una forma de vernos a nosotros mismos, de saber que aprendemos, pero también como nos sentimos cuando lo hacemos.

Referencias

Anijovich, R. (2010) El círculo virtuoso de la retroalimentación, en: Evaluar para aprender. Buenos Aires: Paidós. 

Anijovich, R. & Cappelletti, G. (2017). La evaluación como oportunidad. Buenos Aires: Paidós.

Förster, M, &. Rojas—Barahona (2008) Evaluación al interior del aula: una mirada desde la validez, confiabilidad y objetividad. Revista Pensamiento Educativo, Vol. 43. Revista Pensamiento Educativo, Vol. 43, 2008. pp. 285--305. 305.

Murillo, F.J. e Hidalgo, N. (2015b). Dime cómo evalúas y te diré qué sociedad construyes. Revista Iberoamericana de Evaluación Educativa, 8(1), 5-9.

 


Imagen Beci Harmony on Unsplash

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Escrito por
Magíster en Educación
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Carlos Enrique Sánchez Santamaria
Gran Maestro Premio Compartir 2011
Con el apoyo de las tecnologías logré que los estudiantes convirtieran el pasado de exclusión que vivió éste municipio lazareto en un pretexto para investigar, conocer la historia y conectarnos con el mundo.