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Expertos de mentiras

Muchos de los llamados ‘expertos’ en Colombia no tienen un conocimiento amplio en ninguna materia, sino que por el contrario son más bien expertos en su propio mercadeo.

Febrero 26, 2016

Una buena parte de los que se consideran “expertos” en Colombia, han basado su éxito gracias a su propio mercadeo. Acá un experto no es aquel que se ha dedicado rigurosamente a un tema sino aquel que ha tenido tiempo para decirle a otros lo bueno que es, todo lo que sabe y de repetirlo todos los días hasta convencernos a todos que es un “experto”.

Colombia se ha acostumbrado a que quien tenga la posibilidad de vestirse con corbata o usar cartera y tacones se convierte en doctor o doctora automáticamente, ahorrándose un paso del aspecto simbólico importante. Después de eso lo único que le queda es repetirle a todos lo conocedor que es, e incluir en su léxico palabras que puedan sonar sofisticadas, algo como “metodologías cuantitativas” o “algoritmos”.

El ejemplo más sonado de los últimos meses es Natalia Springer. Ella pasó de ser una analista política y conocedora de temas de justicia transicional y Derechos Humanos a convertirse en experta en temas de vivienda, gestión de riesgos, educación y demás. 

Springer resultó siendo tan buena para el auto marketing que se aseguró multimillonarios contratos con la Fiscalía. Eso me hace recordar el experimento que un colega que sabe de comunicación política, siempre le narra a sus estudiantes para ilustrar cómo un mensaje sencillo y repetitivo es la clave para que un slogan de campaña funcione: cuando lleguen a su oficina o universidad insinúenle todos los días a un compañero muy cercano que se ve enfermo, insista por un periodo de tiempo corto pero repetitivo y verá que luego de unos días ese personaje va a sospechar que puede estarlo.

Lo mismo sucede con la estrategia de los “expertos” en Colombia, que pareciera que en realidad no necesitan probar que han invertido tiempo a entender un tema o responder una pregunta de investigación. La lectura, el trabajo y el tiempo detrás de una publicación es un trabajo que implica para algunos toda una vida.

Colombia se ha acostumbrado a que quien tenga la posibilidad de vestirse con corbata o usar cartera y tacones se convierte en doctor o doctora automáticamente, ahorrándose un paso del aspecto simbólico importante. Después de eso lo único que le queda es repetirle a todos lo conocedor que es, e incluir en su léxico palabras que puedan sonar sofisticadas, algo como “metodologías cuantitativas” o “algoritmos”.

El caso de la Springer es uno entre muchos. Valdría también la pena recordar a Raúl Cuero, quien fuera considerado por los medios como candidato al Nobel y que incluso dio conferencias sobre la investigación científica invitado por el Ministerio de Educación. Bastó una columna de Rodrigo Bernal para desbaratar todo el mercadeo con el que se abrió campo en el mundo de los “expertos” dentro de Colombia.

Para los académicos visibilizarse en los medios, quita tiempo y hasta reputación, sin embargo esta actitud ha dejado que perfiles de pseudo expertos se tomen los micrófonos y los puestos de asesores de servidores públicos. Este silencio resulta cómplice y deja en evidencia, la deuda que tiene la academia con las necesidades reales de nuestra sociedad.

Hoy en día, quienes estamos dentro de la nueva generación que decidió hacer parte de la comunidad académica, debemos empezar a cuestionar hasta qué punto seguiremos produciendo para leernos entre nosotros mismos; hasta qué punto empezaremos a hacer el esfuerzo para ser realmente escuchados por los tomadores de decisiones.

Afortunadamente, ya algunos han iniciado el ejercicio, sin embargo, no cabe duda que el caso Springer es un jalón de orejas para la academia, sobre todo ahora que saldrán de la nada, otro grupúsculo de “expertos” sobre post conflicto y paz en Colombia, buscando rentabilizar su mercadeo embaucador.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Rubén Darío Cárdenas
Gran Rector Premio Compartir 2016
Concibo al maestro como la encarnación del modelo de ser humano de una sociedad mejor. Él encarna todos los valores que quisiera ver reflejados en una mejor sociedad.