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La escuela como promotora de una cultura de paz

Habrá que entender que la paz solo se logrará cuando emerja como resultado de procesos de participación, inclusión, solidaridad, respeto y dialogo.

Abril 22, 2015

En Colombia desde hace muchos años se habla de paz y en la actualidad el tema ha tomado mucha más relevancia desde que arrancó el proceso con las FARC. Ríos de tinta de partidarios y contradictores llenan a diario nuestros medios de comunicación, foros académicos, redes sociales, tertulias y demás espacios con miles de argumentos, válidos y respetables casi todos, de cómo poder llevar a la práctica esa posibilidad de mejorar nuestras vidas en paz.

Para auspiciar una cultura de paz tenemos que entender que la paz debe emerger como resultado de procesos de participación, inclusión, solidaridad, respeto y dialogo, entre otros. Y es la escuela un espacio fundamental para iniciar ese ejercicio de transformación social, donde desde la participación y la sana deliberación de un colectivo de aprendizaje se pueda lograr promocionar una cultura de paz frente a una de violencia que trascienda más allá del conflicto entre diferentes grupos armados.

Es por esto que quiero compartirles una experiencia exitosa escolar post conflictos, que ha logrado promover una verdadera cultura de paz:

 

¿Después del Apartheid qué?

Durante un poco más de diez años, la organización de educación sudafricana Shikaya ha implementado con los docentes de las escuelas, un programa llamado Enfrentar el pasado – La transformación de nuestro futuro, buscando generar en los estudiantes herramientas que les permita desenvolverse en un sociedad cambiante desde 1994, cuando finalizó el Aparthied, con herramientas sociales como la compasión el uno del otro, fomentando las habilidades que les ayuden a tomar buenas decisiones, y lo que les permite vivir como ciudadanos activos y demócratas en el siglo 21.

El líder de todo este proceso es Dylan Wray, co-fundador y director ejecutivo de Shikaya, quien lidero los cambios curriculares en Sudáfrica y ha sido uno de los abanderados de la posibilidad real de que los niños y las niñas critiquen a su colegio, a sus directivos, a sus maestros, no solamente por fuera, por detrás y en el rumor, sino que también la escuela y el colegio puedan ser un sitio donde se practique la crítica ciudadana, desde el respeto, la deliberación, la construcción colectiva de soluciones y el uso de la razón antes que las acciones que atenten contra la individualidad de la persona o del colectivo.

Pero para lograr esto desde “Enfrentar el pasado” es fundamental que los estudiantes desarrollen un pensamiento crítico, que debe ser un proceso constante que parte del verdadero y juicioso estudio de la historia desde diferentes puntos, fuentes y actores.

Esto los lleva a buscar más información, a leer y conocer todas las versiones, logran salir del dato y pasan al análisis. Lo  cual ha demostrado cómo la educación ciudadana es altamente significativa para educadores y estudiantes, pues la docencia debe centrarse en circunstancias particulares y basada en problemáticas específicas. Adoptando un caso que permita una aproximación a la educación para la paz, los maestros pueden experimentar la relevancia de conductas como la toma de responsabilidades y decisiones en el aula, como parte de la realización de la democracia en un nivel más amplio, convenciendo  a los muchachos, para que piensen de manera diferente, fresca; que adopten una actitud que esté dispuesta a hacer concesiones con el fin de lograr un acuerdo.

La escuela un espacio fundamental para iniciar ese ejercicio de transformación social, donde desde la participación y la sana deliberación de un colectivo de aprendizaje se pueda lograr promocionar una cultura de paz frente a una de violencia que trascienda más allá del conflicto entre diferentes grupos armados.

Es por esto que el reto educativo se extiende más allá de las fronteras africanas, de las faltas de recursos físicos como aulas, computadoras y un saneamiento adecuado. Y no son los impactos más profundos de pobreza que atraviesan los sistemas educativos, ya que al igual que en Colombia, muchos niños llegan a la escuela con el estómago vacío.

Claro está que las cosas no son fáciles y que aunque se presente tropiezos en el camino, como suele suceder en el territorio del país más desigual del mundo, el programa no se detiene y sigue trabajando con docentes y jóvenes para lograr en algún momento la paz verdadera, esa que trasciende fronteras y almas, cultivándola en los adultos del mañana.

En Colombia en el 2004 se habló mucho de estos laboratorios de paz escolar... ¿qué se está haciendo ahora?

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Diego Fernando Barragán Giraldo
Gran Maestro Premio Compartir 2004
Invitó a sus estudiantes a armar pieza por pieza un rompecabezas mental cuya imagen final dejaba ver la realidad del país.