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Un día normal

Cuando se manipula una situación o un evento concreto se puede establecer un puente hacia la teatralidad, donde existe sólo una sensación de realidad y se abre el espacio a la reflexión. 

Octubre 17, 2016

Autor

Juliana Trujillo O.
Profesora de Expresión Corpora
[email protected]

Alejandro Sánchez G.
Profesor de Arte
[email protected]

 

Resumen

El proyecto Un día normal pretende ser una representa- ción de las dinámicas de agresión, violencia y rechazo que se desatan entre niños y adolescentes, dentro de cualquier institución educativa y que hacen parte de su cotidianidad. No es un proyecto que registre o documente eventos reales, sino un intento por apelar a la verdad y la imaginación para descifrar comportamientos comunes y traducirlos en imágenes llenas de ambigüedad que requieran ser contempladas.

 

De alguna manera resulta interesante componer una imagen donde se reflejen ciertas características violentas que se van estructurando en grupos definidos. Y más cuando la intención es sobrepasar la simple representación de la realidad y llegar a un estado de manipulación y alteración, para hacer alusión a lo anecdótico e irónico. En este sentido es posible abrir la puerta que separa la verdad de la ficción y tener la oportunidad de experimentar con la complejidad que se desata cuando intentamos traducir el mundo que está frente a nosotros.

La escenificación es un recurso que en ocasiones permite alcanzar un efecto diferente a la reportería gráfica o fotografía documental. Cuando se manipula una situación o un evento concreto se puede establecer un puente hacia la teatralidad, donde existe sólo una sensación de realidad y se abre el espacio a la reflexión. De esta forma Un día normal debe estructurarse. Bajo un estado metafórico donde se represente a la violencia no como un simple evento cotidiano sino como un es- tado que poco a poco desgarra, destruye y finalmente se convierte en normalidad (Sontag, 2003).

Un día normal se configura a partir de una investigación previa titulada Esto es la guerra, en la que las dinámicas de violencia y agresión se abordan desde la óptica de cualquier conflicto armado. Sin embargo está dispuesta desde la presencia de niños como actores principales de un conflicto que, para muchos es aparentemente “adulto”. Es uno de los antecedentes visuales concre- tos, que está diseñado a partir de una puesta en escena evidente y manipulada (ver figura 1).

Hay ciertos referentes artísticos que deben ser enun- ciados en este proceso, no sólo por la importancia de la puesta en escena o el tema específico que se está tratando, sino por la necesidad de configurar imágenes que se inscriban dentro de la ambigüedad de lo real e imaginario. Algunos son Jeff Wall, Gregory Crewdson y Cindy Sherman (ver figura 2). Estos tres fotógrafos trabajan en condiciones donde se filtra la realidad y se estructuran discursos, cuya complejidad acentúa la exigencia de un discurso comprometido con la ficción y el carácter contemplativo. Se incluyen también en la serie de referentes, Andrés Serrano, Philip-Lorca diCorcia, Todd Hido y Annie Leibovitz, quienes construyen imágenes que parten de lo documental y van más allá de una simple necesidad de capturar la realidad.


Figura 1. Alejandro Sánchez. Ejecución, de la serie. Esto es la Guerra. Fotografía a color. 80 x 100 cm. 2005.

Figura 2. JEFF WALL. Dead Tro- ops talk (A vision alter an ambush of a red army patrol, near Moqor, Afghanistan. 1986)

Figura 2. JEFF WALL. Dead Tro- ops talk (A vision alter an ambush of a red army patrol, near Moqor, Afghanistan. 1986). 1991/1992. Transparencia en caja de luz. Fotografía a color, 229 x 417 cm.

 

Este proyecto se aleja de la obvia crítica hacia la vio- lencia. Intenta, con cada escena manipulada, poner en tela de juicio cómo ese concepto se convierte en normalidad en nuestro contexto actual. Ya no es la simple interpretación del fotógrafo. Es la interpretación por parte del espectador, de la interpretación del creador (valga la redundancia). Así se produce la insalvable cercanía que hay en principio, entre los aparentes elementos documentales y abstractos reunidos en un solo encuadre.

El discurso de la fotografía hoy

En los últimos tiempos, la fotografía ha venido transfor- mando el discurso que adoptara a finales del siglo XIX, cuando apareció por primera vez como una revelación indescifrable en la historia de la humanidad: la imagen fotográfica como documento único de la realidad, sin alteraciones, cruda y sin remordimiento tan “diferente” a la pintura. Y lo ha logrado en función del contexto en el que se estructura el arte hoy en día (Stremmel, 2004). Ya no es un simple dispositivo cuya función es registrar al mundo tal cual lo vemos frente a nosotros. Es, en términos contemporáneos, un medio para encontrar la verdad abstracta (Stremmel, 2004) que se esconde tras el halo de la evidencia.

La declaración fotográfica trasciende el fenómeno que implica congelar momentos específicos de la vida. Sin duda va más allá del esquema obvio que manejamos a diario y propone descubrir esa línea que se traza entre la imaginación y la certeza. “Cuando por fin se percibe que la fidelidad a la realidad no equivale necesariamente a la verdad, se abren posibilidades de lo imaginario y lo ficticio que aportan una nueva óptica a los fenómenos de la realidad en toda su ambigüedad” (Stremmel, 2004).

Se involucran elementos de las artes plásticas y todas aquellas hibridaciones que se manifiestan en las prác- ticas contemporáneas de los procesos de producción de imágenes (Baqué, 2003). Es decir, hoy en día la fotografía adopta un discurso que apela a la reflexión, la contemplación y al encuentro con la metáfora, mientras se apropia del registro real. Y es ahí donde ella revela la paradoja de la ambigüedad y se aproxima a la ya mencionada verdad abstracta o como -especulando directamente- se llamaría: un ensayo conceptual en el medio fotográfico. De esta manera atrevida se la podría catalogar, en contravía con los postulados de Dominique Baqué o Susan Sontag, como una fotografía plástica o creativa, para poder entender el concepto analizado en estas palabras de forma “superficial”.

En cierta forma la fotografía se reduce a una compleja interpretación de nuestro entorno y definitivamente se ve afectada por las relaciones, a menudo problemáti- cas, entre el arte y la verdad (Sontag, 2005).

Artificialidad y manipulación

Un día normal se inscribe en ese mal llamado dispositivo de representación, intentando ir más allá de la simple evidencia. Es una interpretación exagerada y teatral del reiterado y agotado concepto de violencia, inmersa en las dinámicas manejadas entre niños y adolescentes; en este caso, en una institución educativa. Desde la agresión hasta cualquier manifestación de rechazo generada entre ellos. No es un puro registro de eventos reales. Se aleja del testimonio auténtico producido por la cotidianidad. Por el contrario, pretende apelar a esa ambigüedad de la puesta en escena, con el fin de obligar al lector, a iniciar la “penosa” tarea de analizar la veracidad de la imagen y extraer conclusiones a partir de la ficción que está enmarcada frente a él.

En términos de la puesta en escena, se debe utilizar el concepto concebido como montaje. “MONTAJE es una palabra que hoy sustituye el viejo término COM- POSICIÓN. También COMPONER (poner con) significa MONTAR, unir, tejer acciones: crear drama” (Stanis- lavsky, 1992). De esta manera, la invención de ese drama que plantea Constantin Stanislvasky, depende directamente de la creación de personajes, quienes terminan siendo el resultado de la extracción, abstracción a apropiación contínua del mundo que nos rodea.

A esto apunta básicamente la serie Un día normal, (ya que no es un registro documental) para que las foto- grafías no se queden en simples poses de modelos. Se deben crear escenas y extraer de estas momentos que reflejen lo que sucede: qué sienten los personajes, qué piensan y en general, qué está pasando. Y estas sensaciones de los actores, sólo pueden ser compren- didas por los espectadores si van acompañadas de acciones… sin una forma externa, ni la personificación interna ni el espíritu de la imagen del personaje, llegarán al público. La caracterización externa explica e ilustra, y por eso transmite a los espectadores el esquema interior del papel que el actor está desempeñando

Por esta razón, Un día normal cuestiona la simple representación del mundo real y le apuesta al sentido plástico y teatral de las acciones retratadas. El ejemplo más evidente en esta serie de fotografías, es la titulada Pelea de Gallos. En ella aparece un grupo de menores (10 a 12 años o adolescentes de 15 a 17 años) gritando eufóricos, con dinero en la mano, apostando por los dos niños (7 a 10 años) que se golpean frente a ellos, en una pelea arreglada. De esta manera, se representa una escena de agresión y violencia específica, con elementos que exageran y desvirtúan un poco el sentido documental que podría tener realmente y la convierten en una imagen cargada de dramatismo y ambigüedad (ver figura 3).

Figura 3. Simulacro de la escena titulada Pelea de Gallos. Ejercicio de reconocimiento previo a la sesión real, donde se descubren los elementos que funcionan y los posibles errores de la acción retratada.

Por otra parte, el proceso de producción del proyecto, siendo una propuesta fotográfica, depende de la escogencia de locaciones específicas, el diseño de una dirección de arte clara (maquillaje, vestuario, escenografía, utilería, etc.), la construcción de cada una de las escenas del proyecto a partir de bocetos, un casting previo y finalmente la elección de un formato (tipo de película) que se ajuste al planteamiento inicial (ver figuras 4 y 5).

Después de la realización de cada una de las escenas y los retratos planteados para la serie, se escogen los mejores fotogramas que serán ampliados de acuerdo con el concepto de montaje que se haya diseñado: cuatro escenas y aproximadamente doce retratos de cada uno de los personajes involucrados en el proyecto.

En este momento, el proyecto está compuesto por cuatro escenas generales y una serie de retratos de detalles de los personajes escogidos. Las cuatro imágenes que resumen el concepto básico son: Pelea de gallos, donde son evidentes la agresión física y la violencia explícita. Salón de Clases, estructurada como la representación de rechazo y discriminación frente a un personaje específico. Cancha de fútbol, que condensa el abuso y agresión que soporta algún estudiante por falta de aceptación y tolerancia. Finalmente, Bus, donde se refleja la agresión indirecta resumida en una broma concreta. Estas cuatro fotografías pretenden encerrar, desde la puesta en escena y la manipulación de los elementos, el sentido de artificialidad y teatralidad expuestos en este informe.

En conclusión, la serie fotográfica Un día Normal es el resultado directo de una investigación que ha venido apuntando a la experimentación en términos visuales y a una revaloración del sentido estético de un tema que encierra la violencia, agresión y discriminación evidentes en instituciones educativas; sin despreciar el apoyo de ciertos conceptos plásticos y fotográficos que de alguna manera hacen una revisión de la condición de la fotografía actual. Intentar exagerar y manipular escenas que hagan alusión al Bullying, como se denominaría hoy en día ese fenómeno constante entre niños y adolescentes, permiten trascender la idea común y repetitiva que se resume en la violencia y abren la puerta a la ambigüedad y complejidad que se esconden detrás de la realidad.  Cuando la línea que separa la verdad y la ficción se desvanece lentamente frente a nosotros y lo evidente deja de serlo, la imaginación, tal y como lo enunciaría Kerstin Stremmel, se apodera del mundo y nace una nueva mirada frente a los eventos reales que se desarrollan ante nuestros ojos. En ese sentido, Un día normal se reduce a una simple interpretación particular del mundo, que bien puede no traer respuestas concretas o repetir conceptos previamente enunciados. Lo cierto es que es una reflexión de algo que ya hace parte de nuestra cotidianidad (como un fenómeno normal, desatándose una y otra vez sin mayor reparo) y pretende abrir las puertas a la imaginación de tal forma que se generen diferentes perspectivas y se termine por revelar la complejidad que hay entre lo que consideramos real y lo que permitimos que sea ficticio.

Figura 4. Boceto (ejemplo del esquema de planeación).

Figura 5. Casting personajes.

 

Bibliografía

  • Stremmel Kerstin, “Realismo”. Taschen. 2004. Baqué Dominique, “La fotografía plástica”. FotoGGrafía. Edición castellana. 2003.
  • Sontag Susan, “Sobre la fotografía”. Alfaguara. 2005.
  • Sontag Susan, “Ante el dolor de los demás”. Alfaguara. 2003. Barba Eugenio y  Savarese Nicola, “El Arte Secreto del Actor”.
  • Stanislavky Constantin, “Creación de un Personaje”. Ed. DIANA. Agosto de 1992.
  • Toporkov Vasily Osipovich, “Stanislavsky Dirige”. Compañía general Fabril Editora. 1961.

 

Este documento fue tomado de www.revistaelastrolabio.com

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