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Luisa Pizano: Un maestro pleno en su entrega pedagógica

La sensibilidad estética, el goce por la música y las artes es tan importante en la formación de una persona como los son las disciplinas consideradas más académicas.

Marzo 2, 2009
Escoger al Gran Maestro nunca ha sido tarea fácil. Cuando los miembros del Gran Jurado pensamos que ya tenemos la decisión, surge un nuevo candidato entre los seis finalistas, y en el video que acompaña la documentación de cada uno aparece otro recóndito lugar de Colombia, o una pequeña ciudad, o un paraje selvático lejano, o inclusive la misma Bogotá. En el video vemos a otro maestro que atrae a sus pequeños estudiantes por su conocimiento y por la forma como transmite lo que sabe; dedicado, comprometido, pleno en su entrega pedagógica.

A Gustavo González Palencia lo escuchamos en el video contando sobre el ambiente donde se crió, entre bambucos, guabinas y sanjuaneros; entre el tiple de su padre, las serenatas, las canciones en trío que su mamá a veces acompañaba. Lo vimos dirigiendo a sus estudiantes cuando tocan la flauta, instrumento con el que empieza a invitar a sus pequeños a la música. Escuchamos su explicación sobre cómo introduce a sus alumnos a los distintos instrumentos y cómo, a través del desarrollo rítmico, logra una compenetración total con la música, y entonces, todos sus estudiantes se ponen en movimiento, al compás de algún pegajoso ritmo de nuestro folclor. También pudimos ver sus orquestas y al grupo de estudiantes que hace las grabaciones en la Normal María Montessori de Bogotá, donde trabaja Gustavo desde hace 12 años.

La noche antes de la premiación tuve el honor de comer al lado de Gustavo González. El  Premio Compartir al Maestro celebraba esa noche sus 10 años y habíamos sido invitados a celebrar con una comida magnífica, con invitados distinguidos y con los maestros finalistas. Yo sabía que Gustavo había sido nombrado Gran Maestro y también sabía que no podía delatar la decisión del jurado ni siquiera con el más mínimo gesto. Le pregunté por qué se había presentado al Premio y me contó que su esposa lo había impulsado desde hacía varios años, convencida de que su trabajo era excepcional. Desde luego ella, con mucha más certeza que  nosotros, los miembros del jurado, sabía desde hace mucho de la pasión de su esposo por la música y por transmitir a sus jóvenes estudiantes todo su conocimiento y todo el goce que él mismo siente cada vez que se encuentra en su elemento musical.

Lo escencial de la propuesta de Gustavo es haberse liberado de las metodologías tradicionales y por consiguiente de la búsqueda de los resultados tradicionales de la clase de música. Gustavo encontró muy pronto que el aprendizaje de la música enfocado desde la metodología tradicional de lectura de nota, de teoría musical, de solfeo, de apreciación de los clásicos, no llegaba a sus estudiantes. Optó entonces por cambiar el propósito fundamental en la formación de sus alumnos. La idea no es crear músicos de conservatorio sino personas sensibles al goce de la música. Si más adelante alguno, como muchos de sus estudiantes lo han hecho, quiere dedicarse a hacer música de forma seria, tendrá ganada ya la mayor parte del camino; habrá desarrollado la capacidad de emocionarse, de sentir, de interpretar y hasta de crear música. Lo hará de una forma no necesariamente académica, ni tan rigurosa como la del estudiante de conservatorio, pero sí con el gusto y el goce del que realmente ama la música.

Para Gustavo González la enseñanza de la música es aprendizaje de valores. Qué importante para sus estudiantes aprender sobre la patria a través de la música; aprender a valorar las tradiciones y expresiones culturales de Colombia es aprender mucho sobre el país, sobre las diferencias y sobre cómo convivir. Conocer el ritmo, el instrumento, la letra y el movimiento que acompaña el folclor, es profundizar en el conocimiento de una región y de sus gentes generando respeto y admiración por la diversidad cultural. Ni qué decir del trabajo en equipo y el respeto por el otro que se aprende cuando se trabaja en los conjuntos y ensambles que Gustavo dirige en la Normal María Montessori.

Este año el jurado se sintió satisfecho de enviar un mensaje a la comunidad de maestros de Colombia: la educación de nuestros niños tiene que ocuparse de todas las dimensiones del ser humano; la sensibilidad estética, el goce por la música y las artes es tan importante en la formación de una persona como los son las disciplinas consideradas más académicas. Un buen maestro de música, profesional verdadero en su área como Gustavo González, merece sobradamente ser Gran Maestro del Premio Compartir al Maestro 2008. ¡Felicitaciones Gustavo!

 
Luisa Pizano
Miembro del Jurado
Premio Compartir al Maestro
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Melva Inés Aristizabal Botero
Gran Maestra Premio Compartir 2003
Abro una ventana a los niños con discapacidad para que puedan iluminar su curiosidad y ver con sus propios ojos la luz de la educación que hasta ahora solo veían por reflejos.