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Educación pública versus educación privada

Que no se juegue con el futuro de nuestros niños y jóvenes, tener educación pública de calidad es un derecho.

Agosto 20, 2019

“Mi inmovilidad, producida o no por motivos fatalistas, funciona como acción eficaz
en favor de las injusticias que se perpetúan, de los descalabros que nos afligen,
del atraso de las soluciones urgentes”.

Paulo Freire

 

Entre la desidia oficial, la corrupción y una irregular prestación del servicio se mueve la educación pública en el país. Dolor, con sentimiento de impotencia, es lo que se siente al escuchar noticias desde distintos rincones del país sobre el estado precario de muchos colegios públicos. Noticias Caracol denuncia que en el sector La Estrella, del barrio Pozón en Cartagena, hay una construcción abandonada hace ocho meses de un colegio que debe suplir el servicio educativo a 960 estudiantes, cuyo valor asciende a 8.400 millones de pesos y que estaba planeado para ser entregado a la comunidad en noviembre de este año. Las denuncias sobre precariedad en la infraestructura contrastan con las cifras optimistas del gobierno respecto a la calidad educativa en el sector público y con el hecho de tener el mayor rubro en el presupuesto nacional.

En las instituciones públicas rurales el panorama es más desolador.

 Hace pocos días el rector del colegio Francisco de Paula Santander, ubicado en Pavas, corregimiento de La Cumbre, en el Valle del Cauca, expresaba su inconformidad por el estado lamentable de su institución: “La escuela se está cayendo a pedazos… El municipio de La Cumbre no ha invertido ni una puntilla en estos cuatro años en el tema de la planta física… regento un colegio de 620 estudiantes con solo 6 baterías sanitarias”. ¿Dónde están los recursos que destina el estado para la educación? Es reiterativa la queja de los rectores por falta de docentes y personal administrativo. Corre mucha tinta sobre lo que se considera el remedio para todos los males: la Jornada Única, sin embargo se sigue fallando en asuntos fundamentales como la capacidad instalada y se pretende aportar al mejoramiento de la calidad educativa con la contratación de operadores y contratistas, bajo la figura de fundaciones, “sinónimo de lucro”, aliados del Ministerio de Educación Nacional –MEN- y de las Entidades Territoriales Certificadas (ETC).

De nuevo, dista mucho lo que se dice con lo que se hace y siguen quedando los colegios oficiales en la mira de la opinión pública por cuenta de su escasa presencia en el “ranking” de los mejores colegios tomando como referente las pruebas Saber 11. El periódico “El Nuevo Siglo”, por ejemplo, compara los datos de los años 2000 y 2018, indicando cómo entre los mejores 500 colegios aparece un descenso preocupante: de 27 instituciones a solo 14 oficiales. Podemos estar en desacuerdo con las pruebas estandarizadas, pero mal que bien sirven de referente para evaluar el nivel de preparación con el que entregamos nuestros egresados a la sociedad y con el hecho real de que estos resultados son imprescindibles para acceder a la educación superior pública (pues a la privada por los costos les es imposible) y tratar de asegurar un futuro digno.

Las escuelas terminan siendo un escenario donde se ventila el deterioro del tejido social como efecto colateral de una sociedad enferma a la cual le cuesta sacudirse de las dinámicas impuestas por el narcotráfico, los actores armados ilegales, la violencia como expresión expedita para resolver los conflictos y el quiebre de principios éticos que nuestra dirigencia política es la primera en relativizar y corromper. De tal manera que las riñas, los conflictos entre bandas, el microtráfico, el consumo de drogas psicoactivas y el clima tenso de amenazas entre estudiantes y contra algunos docentes, ocupan continuamente las primeras páginas de los noticieros. Se ha ido fraguando un imaginario nocivo de la educación pública, al que las luchas reivindicativas de los maestros tampoco le han hecho un gran favor, por el contrario la desescolarización como “arma de lucha” ha vuelto lugar común la relación entre la baja calidad educativa de las escuelas públicas y el continuo cese de actividades que rompe la continuidad en la preparación de los estudiantes. El padre de familia no confía en la escuela pública: en cualquier momento su hijo es enviado de vuelta a la casa, sin previo aviso y sin poder prever que haya adultos responsables que los reciban en sus hogares. Al respecto el periodista Mario F. Hurtado, de “El Nuevo Siglo”, advierte cómo este imaginario “peligroso” y de baja calidad de los colegios públicos “ha llevado al nacimiento de colegios privados mediocres en áreas urbanas pobres”. 

Este espectro de la educación pública puesto frente a la educación privada muestra un abismo que sirve de alimento a la desigualdad social, a la falta de oportunidades en el mercado laboral, es fisura que abre las puertas al desempleo, a las distintas modalidades de violencia, al perverso imaginario del dinero fácil, al mundo de la trampa y la delincuencia común.

Los colegios privados, pensados para familias que habiten predios estratificados como 4, 5 y 6, invierten en infraestructura, muchos de ellos se ubican en zonas campestres, garantizan espacios amplios para salones, zonas recreativas y áreas para fomentar las habilidades deportivas. Ofrecen planes de estudio que permiten la inserción de los niños y jóvenes en las exigencias propias de este mundo globalizado e interconectado por las tecnologías, que incluye el bilingüismo y le apuestan a la formación integral con intensidad horaria para las artes, los deportes y las actividades electivas que estimulan habilidades artísticas, deportivas y científicas.

Los maestros que ingresan a los colegios privados deben pasar varios filtros para optar a sus cargos y aceptar la evaluación periódica que hacen de su desempeño. Esta evaluación no sólo es realizada por los directivos docentes, la percepción de los estudiantes es tomada en cuenta, al igual que la de los padres de familia. ¿Por qué tanta resistencia a la evaluación de los docentes en las instituciones oficiales? ¿Tienen algún grado de participación los estudiantes en la calificación de los docentes en los colegios públicos? Si estamos haciendo bien nuestro trabajo, ¿por qué temerle a la evaluación?

En las instituciones privadas se asume con la mayor seriedad y compromiso el seguimiento a cada uno de los estudiantes. Esto expresa coherencia con el sentido de la singularidad y con el nexo provechoso que debe tenderse entre las familias y las instituciones educativas. Por ello los colegios privados tienen un equipo especializado que consta de psicólogos –uno para cada sección-, terapistas, nutricionistas y maestros auxiliares que sirven de apoyo a los estudiantes que se destacan en alguna disciplina y a los estudiantes que tienen dificultades de aprendizaje, previendo adecuaciones curriculares y modificación en las intensidades horarias. Los estudiantes se sienten respetados y valorados en los colegios privados, no sólo por el buen trato que reciben de sus maestros sino porque su voz es tomada en cuenta en los organismos de representación del gobierno escolar, me refiero a las figuras de representante por grado, composición del Consejo Estudiantil, elección del personero y del representante al Consejo Directivo. Los colegios privados hacen permanentes contactos y convenios con colegios vecinos para propiciar encuentros deportivos, artísticos y motivan la participación en el Modelo ONU. Este último como escenario para foguearse en competencias orales, argumentación y actitud crítica frente a los grandes problemas que sacuden al país y al mundo.

Los padres de familia tienen presencia y participación en la vida escolar de los colegios privados, están organizados en juntas o asociaciones de padres, tienen asiento en el Consejo Directivo, son tomados en cuenta en el Comité Escolar de Convivencia y lo que es más importante, se vinculan a proyectos del colegio de distinta índole: ecológico, de impacto social como el cuidado de hábitos de vida saludable o de apoyo a comunidades cercanas en condición de vulnerabilidad. Se unen a tareas de bienestar de la comunidad y exigen las llamadas escuelas de padres como espacio de discusión y cualificación para aportar en la formación de sus hijos.

¿Cuál es el lugar que se les da a los padres de familia en las instituciones públicas? ¿Se los hace realmente partícipes de los proyectos educativos de la vida escolar? ¿Qué tipo de labor realiza el sindicato con los padres de familia para demostrar su preocupación por la calidad educativa? Un aspecto bastante preocupante es la irregularidad académica que se evidencia en los colegios públicos, cuya agenda escolar y cronogramas de actividades se ven todo el tiempo interrumpidos por las jornadas sindicales que de manera recurrente convocan a reuniones, marchas de solidaridad, asambleas, paros; lo mismo hacen los entes gubernamentales empezando por el MEN y las ETC, quienes a través de sus operadores o contratistas interfieren las agendas de los colegios para apoyar programas supuestamente de mejoramiento de la calidad educativa (Programa de Educación Rural –PER-), fortalecimiento de competencias, cursillos de derechos humanos, cátedras de paz, un sinnúmero de actividades coyunturales cuyo único propósito es justificar unos recursos donde sólo ganan los operadores y quienes entregaron esos contratos.

Como he denunciado en otras oportunidades, el MEN y las ETC suponen que el mejoramiento de la calidad educativa está en manos de operadores tercerizados, por ello no hacen una apuesta fuerte en la capacidad instalada: infraestructura, cantidad de maestros, personal administrativo y directivos docentes, acorde a la demanda educativa. Todo lo contrario, los operadores desplazan al docente del aula, y sustituyen su labor formativa por actividades que no han sido consultadas, ni acordadas con la institución y que por lo tanto, no dialogan con las necesidades formativas y particulares de los estudiantes.

Se juega con el futuro de los niños y jóvenes porque en estos colegios difícilmente se da cumplimiento a una agenda educativa. En los colegios privados los estudiantes no pierden tiempo, se entrega al comienzo de año un cronograma que se cumple a cabalidad, estudiantes y padres de familia conocen la propuesta pedagógica para cada período, siguen al pie de la letra una especie de bitácora en que se dan a conocer los logros, las salidas pedagógicas y los criterios de evaluación. ¿Son tratados los estudiantes y padres de familia con esta misma seriedad en los planteles educativos oficiales?

En la educación privada hay una continua revisión y reevaluación de las prácticas educativas, no sólo en el día a día, en las jornadas pedagógicas se problematiza el modelo educativo que sigue el plantel, hacen capacitaciones con invitados externos y se evalúa la marcha de los planes de estudio.

En las instituciones públicas no hay uniformidad respecto al discurso vanguardista que aparece en las directrices de los documentos del MEN. En muchos colegios la enseñanza sigue siendo por contenidos y no por aprendizaje de competencias, que es lo que se evalúa en las pruebas Saber, el docente es un mero repartidor de guías y se subutilizan los recursos tecnológicos.

En los colegios privados hay seguimiento continuo a la alineación curricular, contrario sensu no podemos decir lo mismo de la educación pública, basta preguntar: ¿los directivos docentes hacen seguimiento, con sus coordinadores y equipos de maestros, respecto a la trazabilidad que debe haber entre planes de estudio, propuestas pedagógicas, y lo que realmente se hace o se concreta en las prácticas de aula? ¿Cómo pretende que se aporta a la calidad educativa si no se respeta el escenario educativo y no se garantiza una educación de calidad?

Es necesario aclarar que no todos los operadores privados ofrecen una educación de alta calidad. Es de conocimiento público que pululan colegios llamados “de garaje”, que se lucran pagando bajos salarios a los docentes y reproducen las condiciones precarias de la educación tradicional: espacios encerrados, ausencia de zonas verdes, recreativas y deportivas; escaso personal –o de dudosa preparación- para suplir tareas de actividades de psicología, enfermería y otras actividades complementarias. Tampoco tienen docentes cualificados que garanticen formación bilingüe y en muchos casos consienten la imagen autoritaria de sus directivos. Sin embargo, como afirma el periodista de “El Nuevo Siglo”, es tal el imaginario negativo que se ha ganado la educación pública que la gente de a pie termina renunciando a un derecho fundamental y aprieta el cinturón de sus escasos recursos para procurar –no asegurar, por lo que ya he expuesto- una mejor educación a sus hijos. 

En artículos he insistido en la necesidad de romper con los círculos viciosos de nuestra politiquería que han convertido lo público en despensa del robo, de la corrupción descarada y del “hagámonos pasito” que aquí no todos ponen, sino que “todos comen”, así que “coma y deje comer”. El sector educativo se ha visto permeado por estas prácticas torcidas y pienso que haciendo la diferencia se aporta a la construcción de un nuevo país. No podemos seguir asistiendo como espectadores a la pantomima de funcionarios públicos que lloran ante las cámaras gritando su inocencia y luego son condenados por actos de corrupción.

Tampoco aplaudimos la desescolarización reiterada que propicia Fecode, vulnerando el derecho a la calidad de la educación de niños y jóvenes, sirviendo de justificación a quienes propenden por seguir entregando la educación a operadores privados, habida cuenta de sus pésimos resultados en términos de evaluaciones comparativas. Debemos exigir respeto a la agenda educativa de los colegios públicos por parte de los entes gubernamentales y sus operadores y contratistas, como también detener el desfile continuo de vendedores y asesores financieros de todos los bancos, interfiriendo en la agenda escolar. Este folclorismo irresponsable con los tiempos y cronogramas de la educación pública afecta gravemente la calidad educativa.

No basta defender la educación pública. Debemos exigir educación de calidad, cuestionarnos hasta dónde estamos siendo partícipes de esta sociedad enferma, de sus dinámicas tramposas, silentes y cómplices. En qué actitudes estamos dando un paso al costado para no hacer parte de este cuerpo que amenaza. En qué situaciones de la vida cotidiana extendemos nuestra humanidad, en las palabras, en los gestos, en el respeto que merece cada uno de mis estudiantes. Como dice Bárcena, se trata de pensar la educación en serio, como un gesto de acogida, como un acto de hospitalidad, como una apuesta por la vida: “Tomarse en serio a la educación tiene que ver con tomarse en serio al otro, un ser singular, que tenemos delante, y que es una novedad del mundo”.

Análisis de los resultados nacionales de las pruebas Saber por sectores: privado, oficial urbano y oficial rural.
Como se anticipó en los primeros párrafos, si bien los resultados de las pruebas Saber, no son el único indicador de la calidad educativa, son valiosos en tanto dan cuenta del nivel de desarrollo de competencias básicas logradas por los estudiantes en las áreas de lenguaje y matemáticas. ¿Evidencian los resultados de las pruebas Saber, diferencias sustanciales en la evaluación de la educación privada y la educación pública? Detengámonos a analizar estos resultados, particularmente en el área de lenguaje, por su importancia en los procesos de aprendizaje de todas las otras disciplinas.

 

Gráfico 1: Comparativo Nacional 2015- 2017 Sectores Privado oficial Urbano Oficial Rural P Saber Lenguaje 3°

 

Gráfico 2: Comparativo Nacional 2015- 2017 Sectores Privado oficial Urbano Oficial Rural P Saber Lenguaje 5°

Los gráficos 1 y 2, registran los puntajes promedios de los sectores Privado, oficial urbanos y oficiales rurales, entre los años 2015 a 2017, en el área de lenguaje, en los ciclos 3° y 5° de básica primaria y confirman que el sector privado obtiene promedios superiores en los tres años analizados, con una diferencia aproximada de 50 puntos con respecto al sector oficial.
 
Igualmente, el comparativo de los resultados en los últimos tres años (2015- 2016 – 2017) en las pruebas Saber del ciclo 9° y en las áreas de lenguaje y matemáticas, corrobora, tanto en el puntaje promedio, como en los porcentajes de estudiantes por niveles de desempeño, que los establecimientos del sector privado alcanzan los mejores resultados. Por el contrario, el sector oficial (urbano y rural) ubica respectivamente, el 46% y el 52% de los estudiantes en el nivel insuficiente en la prueba de matemáticas 2017. Las tablas siguientes, dan cuenta de los datos mencionados.

Puntajes promedio y porcentajes de estudiantes por niveles de desempeño en las pruebas Saber 9° área de Lenguaje 2015 – 2017.

Tabla 1: Resultados nacionales en Saber 9° área de lenguaje por tipo de establecimiento.

Puntajes promedio y porcentajes de estudiantes por niveles de desempeño en las pruebas Saber 9° área de matemáticas 2015 – 2017.


Tabla 2: Resultados nacionales en Saber 9° área de matemáticas por tipo de establecimiento.

Pero profundicemos y analicemos, ¿qué significan estos resultados en términos pedagógicos y cualitativos? Qué nos dicen sobre la calidad de la educación Pública? Recordemos entonces, que las pruebas Saber, derivan su importancia por evaluar el desarrollo de competencias básicas, las cual hacen referencia al desarrollo de procesos mentales absolutamente esenciales, básicos entendidos como la base para asimilar la diversidad de aprendizajes escolares, que si no son desarrollados, sencillamente impiden la asimilación de aprendizajes más complejos y específicos, por ejemplo, la comprensión lectora o el desarrollo de pensamiento lógico matemático. ¿Qué significa entonces el 52% de estudiantes en el nivel insuficiente en el área de matemáticas? Que un poco más de la mitad de los estudiantes del sector oficial rural, no logran establecer relaciones lógicas en el campo matemático que les permitan identificar los datos y la información pertinente y sobre todo esclarecer el procedimiento, los pasos y secuencia para alcanzar una solución o respuesta a una situación matemática. Algo similar se puede afirmar sobre el 19% de estudiantes de grado 9° ubicados en el nivel insuficiente en el área de lenguaje en cuyo caso, se puede inferir, no han desarrollado la facultad de “comprender, interpretar, derivar inferencias, proponer explicaciones y contextualizaciones a partir de la lectura de un texto”.

A modo de conclusiones

El aporte que una educación pública -de calidad- tiene sobre la transformación de las dinámicas sociales y culturales de nuestro país es crucial e innegable: las miserias y desdichas que se perpetúan y han tatuado, con hierro, la historia patria emanan de la cepa de la ignorancia y el analfabetismo. Es irrefutable, por ejemplo, afirmar que sólo la educación nos permitirá valorar como riqueza las diferencias que hoy avivan la intolerancia. Vale entonces preguntarnos, ¿La calidad educativa del sector oficial actual, aporta de verdad a la apropiación de los aprendizajes básicos imprescindibles en la formación ciudadana, cultural, ética y ecológica que tan urgentemente requiere nuestra nación? La respuesta cruda y dura es no. Por supuesto que hay matices: la educación privada también quedaría en deuda frente a los indicadores mencionados. Sin embargo, su contribución a la formación del ciudadano es en buena parte consistente en aportar los aprendizajes, saberes y actitudes gestantes para que el estudiante de manera autónoma, pueda avanzar y desarrollar las competencias que la cultura y la sociedad requiere.

El Instituto Colombiano para la Evaluación, (ICFES) destaca en el siguiente apartado, en las conclusiones, con las que finaliza el documento “Informe de Resultados Nacionales Pruebas Saber 3°-5°-9° 2012- 2017” “Por tipo de establecimiento, se sigue presentando la tendencia de que los colegios privados superan a los oficiales, y dentro de los oficiales, los colegios en zonas urbanas obtienen mejores resultados que los de zonas rurales.”

Quienes hacemos parte de la educación pública debemos repetir hasta el cansancio: si no aportamos en brindar educación de calidad, si somos participes del irrespeto a los estudiantes y padres de familia con la continua desescolarización –con el beneplácito de las autoridades gubernamentales, los operadores privados, los funcionarios de la banca y del sindicato-, si no asumimos con mayor compromiso nuestra labor educativa y seguimos cercenando la capacidad de crítica, de organización y gestión de los estudiantes y de los padres de familia –como pilares de la comunidad educativa-, estaremos contribuyendo a acentuar la desigualdad social, alentaremos el imaginario de que solo la educación privada garantiza calidad educativa y daremos justificación a que se sigan entregando los recursos públicos para usufructo de los operadores privados. Que no se juegue con el futuro de nuestros niños y jóvenes, tener educación pública de calidad es un derecho.

 

Bibliografía

Álvarez Beleño, Samuel. “El 80 % de los colegios distritales están en mal estado”. El Universal, Cartagena, 28 de mayo de 2018.

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Photo by Zach Vessels on Unsplash

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Gran Rector Premio Compartir 2016. Rector de la Institución Educativa Francisco de Paula Santander en La Cumbre, Valle del Cauca.
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Fabián Moisés Padilla De la Cerda
Gran Maestro Premio Compartir 2016
Logré que el aprendizaje del inglés se convirtiera en una alternativa para la construcción de un proyecto de vida y el mejor aprovechamiento del tiempo libre