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El papel del rector y la escuela como espacio relacional

El papel del directivo es quien, sin protagonismo o afán de figurar, propicia sanos ambientes de convivencia, anima el trabajo colaborativo y estimula el trabajo en equipo.

Marzo 27, 2022

“Cuando reflexionamos siempre nos encontraremos en un ámbito sensorial, operacional y relacional inesperado en el que podemos escoger lo que queremos y vivir la experiencia de la libertad. Pero eso, es posible sólo si soltamos nuestra certidumbre”.
Humberto Maturana

En este ensayo destaco los esfuerzos de los directivos docentes y de los maestros que han asumido, en este periodo inusual, una actitud de compromiso con sus comunidades, convirtiendo las adversidades de su entorno inmediato en retos educativos, y reflexiono, ante el regreso a la presencialidad, sobre la escuela como espacio relacional privilegiado. Son las condiciones de incertidumbre -como afirma Maturana, en el epígrafe- las que nos empujan a reflexionar, a ser creativos, incluso, a ser disruptivos. 

Dávila y Maturana (2007), con su concepto de co-inspiración, revolucionaron la noción de liderazgo al plantear un imaginario distinto frente a cualquier problema: “pensémoslo juntos”, convirtámoslo en piedra pedagógica y resolvámoslo en equipo. Esta visión es el deber ser del directivo docente. No es ser el guía, es el que acude a su habilidad para empoderar a todos sus maestros en la resolución de los problemas de su comunidad. Si traes el problema, le digo a mis colegas, debes traer pensado opciones de solución. No hay problemas grandes si entre todos buscamos la manera de resolverlos. Eso es co-inspirar, generar ambientes de confianza, en los que la responsabilidad es compartida y no recae únicamente en el rector. Menciono algunas experiencias de centros educativos en los he podido evidenciar esta actitud co-inspirativa:

No había Internet, no había suficientes dispositivos para que nuestros estudiantes pudieran atender sus clases. ¿Cómo podíamos resolverlo? El profesor de sistemas propuso echar mano del Internet de las cosas, el directivo lo apoyó y convirtieron esa idea en un proyecto de varios grados, que involucró varias áreas. El directivo tocó puertas en el sector privado, tuvo respuesta, realizó la importación de algunos insumos que se necesitaban y el proyecto se hizo tangible. El grupo de maestros que, en este interregno, exploró las bondades de las huertas caseras, de capacitación para sus estudiantes –y para ellos mismos- en las herramientas y aplicaciones, posibilitadas en la virtualidad y que vislumbró vetas de emprendimiento para su comunidad. 

El directivo docente exitoso no es el que hace todo, es el que tiene el tacto para que cada maestro se sienta tocado y se comprometa con la escuela. Es el que convierte las reuniones de planeación y de rendición de cuentas en un espacio de reflexión pedagógica: no es ¿qué vamos a hacer?, que suena a un imposible, a algo que debe resolverse de manera individual, sino ¿cómo lo vamos a hacer?, ¿de qué manera lo convertimos en proyecto interdisciplinar? ¿Qué conocimientos estamos suscitando con la experiencia? ¿Contribuye a la solución de problemáticas en nuestra región? Una exploración que convoca el esfuerzo colectivo.

Venimos de una fatiga con el aislamiento, de una olla a presión en las familias –y en los maestros- a nivel emocional, que se debe atender. Necesitamos de los espacios de conversación, de poder escucharnos y pensar lo que se avizora. Como directivos debemos abrir los espacios para repensarnos las practicas pedagógicas, para reinventar los proyectos de aula, para comprometer a las familias en los procesos educativos de sus hijos y para gestionar apoyos del sector privado o de las mismas familias de nuestra comunidad educativa.

En el confinamiento se dispararon problemáticas que vivenciábamos de manera tangencial y ahora pueden convertirse en obstáculo para los propósitos educativos: maltrato intrafamiliar, aumento de consumo de drogas psicoactivas, embarazos prematuros y casos de deserción ante la necesidad de resolver asuntos de subsistencia. No podemos sentarnos a esperar, son situaciones candentes que exigen nuestra intervención. Tenemos las puertas abiertas para el regreso a la presencialidad y no podemos echar en saco roto lo aprendido. La escuela no puede volver a ser la misma que era antes de la pandemia. Hemos experimentado las enormes posibilidades de las herramientas tecnológicas y las capacidades creativas de nuestros estudiantes.

Asimismo, ningún colegio puede ser ajeno a las problemáticas que a todos nos competen: la alerta roja en que está la vida del planeta a causa de la explotación desproporcionada empujada por modelos económicos extractivos, las enfermedades y desarreglos emocionales causados por ausencia de hábitos de vida saludables, las migraciones de distintas naciones que llegan a nuestro territorio, las situaciones de estremecimiento social que han venido sacudiendo al país y las problemáticas de orden internacional.

Por ello es necesario poner en diálogo las áreas y enfocar su corpus disciplinar en proyectos que provean a nuestros estudiantes del equipaje para navegar por el exigente mundo de hoy. Me refiero a competencias relacionadas con el campo del saber en el que vislumbran sus proyectos de vida, competencias en bilingüismo, competencias digitales y las que son transversales a cualquier PEI: competencias éticas. La carencia de estas últimas tiene relación con hechos execrables contra la salud, la educación y muchos ecosistemas de nuestro país. El diálogo interdisciplinar permite concretar proyectos que articulen las problemáticas, inquietudes y necesidades de los estudiantes y sus entornos sociales inmediatos.

Para finalizar, no es posible el acto educativo si no hablamos de nosotros mismos, sobre lo que sucede a nuestro alrededor, si no logramos que nuestros estudiantes establezcan conexión entre sus proyectos de vida y los problemas del mundo. En nuestras manos, como directivos docentes, está que la escuela sea un espacio de regodeo del espíritu, un recinto del pensamiento, el ágora donde discurren libremente las ideas, donde se confrontan los puntos de vista y se negocian los mejores senderos para llegar a determinadas metas. Por esto el papel del directivo docente adquiere la mayor relevancia. Es quien, sin protagonismo o afán de figurar, propicia sanos ambientes de convivencia, anima el trabajo colaborativo y estimula el trabajo en equipo.
 

Referencias:

Dávila X. y Maturana, H. (2007) La gran oportunidad: fin de la psiquis del liderazgo en el surgimiento de las psiquis de la gerencia co-inspirativa. Revista chilena de Administración Pública N°10.

 


Imagen freepik.es

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Gran Rector Premio Compartir 2016. Rector de la Institución Educativa Francisco de Paula Santander en La Cumbre, Valle del Cauca.
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