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Informados, conocedores, inteligentes o sabios (II)

Los tiempos que se asoman demandan una educación ubicua enfocada en aumentar las competencias para relacionar información y compaginarla con valores compartidos socialmente. Estamos en el umbral de comenzar a producir personas inteligentes pero no hemos llegado.

Agosto 7, 2015

“…y tu no tienes felicidad, de sabio no tienes ná”
Tito Rodríguez (El Sabio)[1]

Luego de aproximarnos a las demandas de una sociedad basada en el conocimiento y tratar de ver lo que viene más allá queda en evidencia que hay un desfase entre lo que se está ofreciendo en educación y lo que se está requiriendo.

La educación, vista como un proceso que transcurre a lo largo de toda la vida y en diversos ámbitos (familia, centros educativos, lugares de trabajo, grupos de amigos, vecindario, poblaciones, países) moldea al aprendiz continuamente. Todos esos entornos tienen un efecto diferenciado debido a que en ellos hay actores y unos son más determinantes que otros, sus preponderancias varían en el tiempo.

Es innegable el papel de los padres y representantes, de los maestros y rectores y de los responsables de las políticas públicas en educación sobre todo en los primeros momentos. Posteriormente entran en juego en rol protagónico los empleadores, los líderes políticos y comunitarios, medios de comunicación y, en general, todos los que resultan ser nuestros pares como ciudadanos. Ninguno de estos está libre de pecado pero el impulso básico los mueve a lanzar la primera piedra a los maestros y al sistema de educación formal cuando algo funciona mal.

Las políticas públicas en educación son las grandes orientadoras de los mecanismos que surgirán para habilitar a las personas a producir bienestar. Tal es su influencia que los otros actores llegan a asumir como propias las asignaciones que les derivan de esas políticas públicas con poca opción de cuestionarlas.

Proveer a la mayor parte de la población de una sólida educación formal, las competencias básicas es necesario pero no es suficiente. Proclamar los índices de escolaridad que alcanza la población no refleja el potencial de ésta para desempeñarse y generar bienestar.

Estas políticas tienden a concentrarse en una combinación de dos estrategias: aumentar la población matriculada en el sistema formal de educación o promover que una mayor parte de ella obtenga un título universitario[2]. Ambas conllevan orientaciones inconvenientes para el resto de la población considerando que se ha determinado que estamos en una etapa de sociedad donde se requieren personas con mentalidad innovadora. Me explico.

Proveer a la mayor parte de la población de una sólida educación formal, las competencias básicas es necesario pero no es suficiente. Proclamar los índices de escolaridad que alcanza la población no refleja el potencial de ésta para desempeñarse y generar bienestar. Se aumenta la capacidad del sistema para recibir estudiantes y se deja poco aliento a la actualización y reconocimiento social de los docentes y al mantenimiento de la infraestructura. El resultado es conocido, es una falla que se ha convertido en estructural en el aparato educativo. 

Pocos se arriesgan a promover transformaciones, los innovadores se topan con el rechazo al cambio. El conocimiento y la inteligencia son apreciados en reducidos enclaves con limitada capacidad para absorber personas que reten los paradigmas entronizados.

Como afirma Rosa María Torres, en el artículo referido: escolarizados no es lo mismo que educados. La educación pública aporta educandos que, con dificultad, pueden llegar a ser unos informados. Al mismo tiempo es la que le da servicio a la mayor parte de la población y hoy en día trabaja en evidente desventaja con respecto al sector privado. Contadas excepciones existen.

Los grandes responsables de estos procesos procuran la estabilidad de un sistema que replica lo existente, con sus bondades y deficiencias. Pocos se arriesgan a promover transformaciones, los innovadores se topan con el rechazo al cambio. El conocimiento y la inteligencia son apreciados en reducidos enclaves con limitada capacidad para absorber personas que reten los paradigmas entronizados.

La oferta de títulos universitarios conlleva a la ilusión de la movilidad social o de una garantía de acceso a la producción de bienestar que se asocia a una mejor calidad de vida. En un pasado reciente eso era más factible. Un creciente número de instituciones, públicas y privadas, ofertan grados certificados de variados sabores y duraciones. Además de la cuestionable calidad académica de muchos de esos centros, la orientación dominante es a ser centros para impartir clases de manera tradicional. Producen informados.

Empleadores, organismos públicos, organizaciones comunitarias son reticentes a  invertir recursos en estrategias que cuestionen su propia existencia o funcionamiento, prefieren a las personas informadas. La inteligencia puede ser un elemento desestabilizador. Una prueba empírica de esta afirmación la puede experimentar cualquier ciudadano que se acerque a una oficina de atención al público de estos organismos. Los diálogos se reducen a aclarar el significado de las instrucciones, sin salirse de un guión. Si se detecta un impasse el desempate es responsabilizando al sistema. El usuario pierde.

Ni lo presencial ni lo virtual habilita como conocedor o hace inteligente a la persona. Son los modelos pedagógicos que se usen para construir las propuestas educativas lo que dará los fundamentos a los aprendices para impulsar los cambios requeridos o para que los detengan.

La proliferación de recursos en línea (e-learning) potenciados por los MOOCs (Massive Open Online Courses – cursos abiertos en línea y masivos) abre una ventanilla adicional para acceder a la formación o a las credenciales. Estas últimas son opcionales, hay que pagar por ellas.

Ni lo presencial ni lo virtual habilita como conocedor o hace inteligente a la persona. Son los modelos pedagógicos que se usen para construir las propuestas educativas lo que dará los fundamentos a los aprendices para impulsar los cambios requeridos o para que los detengan.

Los tiempos que se asoman demandan una educación ubicua, a lo largo de toda la vida, sustentada decididamente en herramientas basadas en las TIC, enfocada en aumentar las competencias para relacionar información y compaginarla  con valores compartidos socialmente. Estamos en el umbral de comenzar a producir personas inteligentes pero no hemos llegado.

Pero… si tu no tienes felicidad, de sabio no tienes ná.

 


[1] www.youtube.com
[2] Para un análisis más detallado de este punto sugiero leer “Escolarizado no es lo mismo que educado” (2013) de la educadora ecuatoriana Rosa María Torres. otra-educacion.blogspot.com.ar

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
Escrito por
Docente-investigador de la Universidad Central de Venezuela
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