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Museos modelo 2015

De la espectacularidad a la participación.

Julio 15, 2015

No hacía falta esperar al año 2015 para aceptar que en las últimas décadas la asistencia a los museos, galerías y público de arte ha caído estrepitosamente y que los asistentes son mayoritariamente los baby boomers y la generación X, cada vez mas alejados de los milleniales (los nacidos entre 1981 y 1995) y otras demografías (como la generación Z nacidos a partir de 1995), cada vez más numerosas, pero desentendidas de estos menesteres.

La producción (y consumo de cultura) anida cada vez más en la web, hay una participación política difusa y distribuida fuera de los partidos. Contrariamente a las afirmaciones estentóreas de Umberto Eco (2015) o de Nicholas Carr (2011) hoy se lee mas que nunca, se crea e inventa en forma masiva, se diseñan nuevos formatos comunicacionales, retóricos y argumentativos. Pero la gente va cada vez menos a los templos consagrados del saber: los museos, las bibliotecas y las universidades.

¿Se puede reconectar con esas instituciones? ¿Se las puede reinventar? ¿Habrá que crear otras nuevas? ¿Se trata de inventar nuevas que aggiornen sus funciones? ¿O de crear nuevas funciones en la intersección entre contenido y consumidores de cultura? Y en este último caso, ¿cómo y cuáles serían esas neo-organizaciones culturales?

Una respuesta a esta perdida de centralidad de los museos empezó a desplegarse hace ya casi dos décadas. La idea del museo como espacio de recogimiento dedicado a la muestra y contemplación de obras de arte había perdido su anclaje en la realidad. Se empezaron a construir así museos para regenerar el espacio urbano, promover la industria turística y conseguir réditos políticos y de imagen con la operación.

El ejemplo emblemático fue el Guggenheim de Bilbao (otros ejemplos no menos espectaculares son The Kunsthaus Graz en Graz, El Museo Soumaya en la Ciudad de México, El Centro Nacional de Arte en Tokyo o el Museo Marítimo en Lingang, China (Rosemberg, 2013). Inaugurado en 1997, el Museo Guggenheim lavó la cara de una ciudad antaño “feísta” y mugrienta, y transformó la roña de los viejos almacenes portuarios en brillantes reflejos de metal pulido. (Esteban, 2012).

¿Es este el mejor camino para reinventar los museos? La falta de una colección permanente y las exposiciones dedicadas a las motocicletas y al modisto Giorgio Armani en el Guggenheim revelaron un intento de reinvención, pero escondieron debajo de la espectacularidad la falta de expresividad y una real mutación en las funciones museísticas.

Hay otro camino a explorar en esta reinvención que pasa mucho antes que por “espectacularizar” envolturas que se convierten en más importantes que los contenidos, en modificar la relación (interna/interior) entre los visitantes y los espacios y sus objetos. Nos referimos a la “participación museística”.

Participar es el nombre del nuevo juego que supuestamente remediaría esa anemia cultural, pero participar es una palabra de muchas aristas, de una polisemia que oscila entre la promesa y el aburrimiento, y que invoca muchas veces milagros tecnológicos cuando en realidad lo que necesitamos son nuevas formas de coproducir y sobretodo de multiplicar la capacidad de producción de los asistentes en vez de reducción a meros reproductores de experiencias.

La convocatoria a participar en museos, bibliotecas, medios, etc tiene variados y llamativos antecedentes que se pueden condensar en tres orientaciones:

  1. Instituciones centradas en la audiencias (con deudas a pioneros de los museos como John Cotton Dana 1920/1930) Elaine Heumann Gurian 2006; o Stephen Weil (1990/2002)
  2. Autoconstrucción de sentido a partir de experiencias culturales (como las que propusieron George Hein o John Falk y Lynn Dierking.
  3. Diseño usuariocéntrico de programas públicos como las que nos brindaron Kathy McLean, Wendy Pollock, y la firma de diseño IDEO).

Si queremos reinventar a los museos lo que necesitamos hacer no es suplantarlos mediante espectáculos masivos, despliegues fáusticos multimediales o enormes fastos colectivos, sino tomarnos en serio, respetar y hasta  admirar las experiencias, historias y capacidades que los visitantes a los museos manifiestan, esperan o desean. Una institución cultural deviene participativa cuando los visitantes pueden crear, compartir y conectarse entre si a través del contenido.

En vez de brindar el mismo contenido a todos ("tómelo o déjelo") las instituciones participativas agrupan y comparten visiones personalizadas y versiones mutantes del contenido coproducidos por los visitantes. Se invita a éstos a sumar artefactos culturales evidencia y registros históricos visibles. Se suman a las colecciones permanentes curadas, las propuestas de los legos en un pie sino de igualdad al menos de originalidad y de complementación nada menores. Se reconvierte a la institución es un espacio de diálogo, en vez de ser acerca de o para quienes las visitan pasivamente. Las instituciones participativas crean y gestionan con los visitantes

La institucionalización de la participación busca contrarrestar los factores que han devaluado el interés de los museos desde su irrelevancia al no sintonizar con nuestros deseos y gustos, pasando por su inmutabilidad (mucho más atravesados por el pasado que por el futuro), despóticas, monotemáticas, abrasivas a las propuestas externas y totalmente ortogonales a nuestro sentido de espacios sociales compartidos.

Habría que ahondar mucho más en cómo se construyen estas instituciones museísticas participativas (y como este movimiento hacia la participación genera experiencias genuinas y no meramente tecnofílicas), pero antes de entrar en detalles les dejamos aquí varios ejemplos y los invitamos a que las visiten, se entreveren en sus sitios webs y sobretodo les hagan ingeniería inversa (para saber como están diseñadas y construidas) a fin de empezar a formar parte de los juegos de la participación.

 

Referencias

Carr, Nicholas. Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Barcelona, Taurus, 2011
Eco, Umberto Las redes sociales generan una “invasión de imbéciles
Esteban, Iñaki  El efecto Guggenheim. Del espacio basura al ornamento. Barcelona, Anagrana, 2012.
Falk, John & Dierking, Lynn Identity and the Museum Visitor Experience
Hein, George Learning on the Museum
Rosenberg, Max The Most Spectacular Museums In The World. May 29, 2013. 
Weil, Stephen Making Museums Matter

Escrito por
ILCE-México, UBA-Buenos Aires
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Gustavo González Palencia
Gran Maestro Premio Compartir 2008
ogré incentivar en niños y jóvenes el gusto por la música y la ejecución de instrumentos musicales.