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Mi madre me enseñó con música la esencia de la identidad

La maestra de maestras, así recuerda Totó a su madre quien para ella fue la persona que más marcó su vida, enseñando, aún antes de nacer, el amor por el canto y la música.

Mayo 17, 2015

Para mí, Sonia Bazanta, Totó la Momposina, Livia Vides de Bazanta,  mi madre, es la maestra de maestras, mi maestra. La formación  que de ella recibí empezó con las precisas orientaciones en materia de disciplina para atender las labores cotidianas de la casa, las instrucciones sobre las virtudes humanas, los buenos modales, sobre la ahora olvidada urbanidad y el respeto por el conocimiento y experiencia de las personas mayores. Pero donde encontró  la expresión perfecta para ejercer su magisterio fue en su vocación por la música, en su amor por el canto y la danza.

El abuelo de Livia Vides, mi bisabuelo, fue un general de la guerra, pero músico de vocación, a quien le gustaba componer música clásica y zarzuela. Por encima de todo, era un poeta. Un señor respetado por el arte de tocar la bandola. De ahí le vino a Livia Vides el gusto por la música clásica y por la poesía.

Al poco tiempo de casarse, con Daniel Bazanta, se trasladó a Barrancabermeja y tiempo después con la familia a Villavicencio. Allí mi padre montó un negocio de zapatos. En una época de cierta prosperidad para el negocio, el ejército lo retuvo y, después de maltratarlo, lo metió a la cárcel.  Una vez que mi padre recobró libertad, toda la familia emprendió el viaje hacia Bogotá.

Esta ciudad puso a prueba la resistencia y el carácter de Livia Vides. Ella tuvo que  buscar estrategias para defender a su familia de una nueva dificultad: el racismo de los habitantes de una ciudad fría y enorme. Y encontró una forma efectiva de enseñarles a sus hijos a defender su identidad: el baile y los cantos de la tierra. Para perfeccionar su magisterio, decidió viajar a Talaigua con el fin de comprar tambores para formar un grupo de bailes y cantos tradicionales. De ese viaje, además de tambores, trajo con ella de vuelta a Bogotá a un gaitero llamado Pablo, un millero llamado Néstor Julio Polo y un tocador de caja vallenata de apellido Sanguinete,  y como intérprete del tambor hembra nombró a Bazanta. Con esta experiencia, se consolidó la idea de Livia Vides de conformar un grupo de danzas con la participación de  todos sus hijos y con la colaboración de otras personas.

Hoy puedo decir que Livia Vides me enseñó a encontrar en la música tradicional la esencia de mi identidad, y de esa identidad surgió una sensibilidad que es de Colombia,  que pertenece a la costa caribe y que me ha permitido cantar esta música con la convicción de que es una creación de Dios: la música como curación y amor.

 

Totó La Momposina

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Irma María Arévalo González
Gran Maestro Premio Compartir 2002
Ofrezco a cada uno de los alumnos un lápiz mágico y los invito a escribir su propia historia enmarcada en los cuentos y leyendas de su cultura indígena.