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¿Por qué los adolescentes no se preocupan por la política?

Un alumno bien educado algún día será un votante bien educado y un miembro valioso y contribuyente de la sociedad. El objetivo es crear un adulto equilibrado y comprometido. 

Septiembre 28, 2018

Todos hemos escuchado los quejidos y gimoteos sobre los jóvenes que no se preocupan por su sociedad, los adolescentes que no pueden decir cómo funciona el sistema político y los ciudadanos que no se molestan en votar. Algunas de esas quejas son ciertas. Las elecciones federales de 2008 tuvieron la participación electoral más baja en la historia de nuestro país en 58.8 %. Las elecciones federales de 2011 vieron una ligera mejoría en el 61.1 %. Pero la participación electoral simplemente roza la superficie de un problema comunitario profundo: el compromiso cívico.

El compromiso cívico mantiene las ruedas de la sociedad engrasadas y funcionando sin problemas. Educar a los jóvenes sobre los deberes cívicos, los derechos y las responsabilidades, es la única forma de asegurarse de que se conviertan en adultos comprometidos. Pero alimentarlos con información no hará el trabajo.

“Si queremos que los niños voten, que participen, debemos dirigirnos a ellos directamente, escuchar sus preocupaciones, darles una razón para comprometerse. Esto significa conversaciones honestas, directas, parecidas a las de un adulto, no conversaciones rápidas ‘para niños’”, dice Stephen Young, profesor de secundaria y fundador de la Red de Educación Cívica (CEN, por sus siglas en inglés) de Ontario. Los estudiantes desean ver resultados, propiciar cambios y tratar con problemas que conocen. “Así que concéntrese, enseñe y trabaje a nivel local. Tránsito, escuelas, ciudad, basura, vigilancia. Todos estos son asuntos locales de profundo interés para los niños”, agrega.

Otro método para llegar a los niños es tener discusiones abiertas sobre cómo abordar los problemas que más les preocupan, dice Josh Fullan, fundador y director de Maximum City, es fundamentalmente un programa de verano para que los jóvenes estudien urbanismo y planificación cívica.

Elija un tema cívico actual que sea importante para los niños, como la eliminación de basura, los derechos de los homosexuales o los problemas del plan de estudios. “Se trata de plantear preguntas y atraerlos para ver cuál podría ser la respuesta”, dice Alan M. Sears, profesor de estudios sociales e investigación educativa en la Universidad de New Brunswick. Y no siempre se trata de estar de acuerdo el uno con el otro. “Como ciudadanos luchamos con temas complicados y, a veces, sentimos de maneras diferentes. Entonces, en lugar de eliminar el desacuerdo, deben aprender a relacionarse con quienes no están de acuerdo”, dice Sears.

Maximum City usa la misma táctica. “Las habilidades que queremos enseñar solo se aprenderán haciendo que aborden un problema complicado”, dice Fullan. Los estudiantes colaboran en problemas del mundo real, como el tránsito en el sur de Ontario, y se les motiva a expresar un desacuerdo respetuoso.

La parte más difícil es seguir el plan de estudios al mismo tiempo, manteniendo su atención y motivando la discusión. “Sabemos que el sistema político es aburrido, pero también sabemos que es realmente importante”, dice Sharon Cook, profesora de educación en la Universidad de Ottawa. Cook sugiere que los atrapemos en un tema de política pública que es importante para los jóvenes, luego brindamos información sobre cómo crear cambios dentro del sistema y cómo pueden prestar su voz y pedir cambios. Tenemos que ayudarlos a ver el rol que desempeñan en el sistema.

No hay una conversación nacional significativa sobre la educación cívica. Sears señala que las provincias están “viviendo en un universo paralelo. Los grupos de educación están haciendo el mismo trabajo uno al lado del otro”. Young agrega: ‘‘El sistema educativo debe tomar en serio la educación política”. En Ontario, hay un curso de educación cívica y carreras obligatorias en el décimo grado. ‘‘Pero seguimos desperdiciando las oportunidades”, dice.

Chloe Simms, estudiante de segundo año de ciencias ambientales en la Universidad de Waterloo en Ontario y beneficiaria de la Beca de Liderazgo Schulich, está de acuerdo en que el programa no da por completo en el clavo. ‘‘No aprendimos sobre los temas que eran relevantes en ese momento y no aprendimos lo suficiente sobre cada partido político”, dice sobre su curso de educación cívica de secundaria. ‘‘Mi generación no sabe lo suficiente sobre política para participar, así que lo más fácil es no hacerlo”.

‘‘Tratamos este curso como una molestia sin sentido. Las escuelas rutinariamente ponen maestros no calificados a cargo de la clase. Muchos maestros no tienen ningún interés en enseñar esto y hacen un trabajo pobre”, dice Young. Sears está de acuerdo, ‘‘las personas sin los antecedentes académicos adecuados están enseñando estos cursos”, dice. Y como resultado, muchos estudiantes ven la clase de educación cívica como una oportunidad para terminar un informe para la clase de inglés o completar su tarea de biología.

La forma en que enseñamos el tema es problemática, pero ha mejorado en los últimos 20 años. ‘‘El sistema escolar continúa rediseñándose para lidiar con esto”, dice Cook. Como ejemplo reciente, Quebec tuvo una importante revisión del programa de estudios sociales para centrarse menos en la información y más en la discusión. ‘‘El plan de estudios es realmente un paquete mixto”, dice Miriam Lapp, directora asistente de extensión y participación de los grupos de interés en Elections Canada. ‘‘Hacer que el tema sea obligatorio no es necesariamente la respuesta. Por un lado, asegura que se está llegando a personas hasta la edad de 16 años. Por otro lado, no todos están atraídos ​​o interesados”, dice Lapp. ‘‘El problema más importante es si se enseña de una manera interesante y atractiva”.

Por supuesto, los estudiantes también necesitan un conocimiento básico de lo que hace el gobierno y quiénes son los protagonistas. Pero eso es solo una pequeña parte de la educación cívica. ‘‘La mejor educación cívica es experiencial, involucrarse en una causa local”, dice Lapp. Enseñe la mecánica de la política, pero no se concentre en ello. En cambio, use la ciudad como un salón de clase, dice Fullan. Él señala que la gran mayoría de los canadienses vive en áreas urbanas. ‘‘Necesitamos involucrar a las personas en formas significativas y auténticas para ser administradores en un mundo urbano”, dice Fullan.

¿Están listos estos estudiantes para ser administradores a la edad de 12, 14 o 16 años? Hasta el momento, los expertos están de acuerdo en que las medidas drásticas, como cambiar la edad para votar, no harán una gran diferencia en términos de compromiso cívico. ‘‘Es hipotético en este momento. Hay muchos factores que influyen en la decisión de si la gente va a votar. Cualquier cambio institucional individual puede o no tener el efecto que se desea. El compromiso democrático implica votar, pero eso no es todo” dice Lapp. Cook está de acuerdo con esto. ‘‘En términos generales, cuanto más joven es el estudiante, menos equipados está”, dice.

Pero entre los jóvenes que recién están en edad de votar, definitivamente hay un ‘‘subconjunto” políticamente involucrado, particularmente en el campus universitario, dice Sarah Kahn, estudiante de bioquímica de cuarto año de la Universidad de Victoria en British Columbia y también beneficiaria de la Beca de Liderazgo Schulich. ‘‘Los educadores deben enfatizar la importancia de la participación de los jóvenes en la política con el fin de interesarlos en los temas de la vida cívica”, dice Kahn.

Jivetesh Chhatwal emigró a Canadá desde la India en 2010 a la edad de 15 años. Ahora como líder de Schulich y en su bioquímica de cuarto año en la Universidad Memorial en Terranova, Chhatwal dice que la mayoría de la generación actual de votantes jóvenes está ‘‘muy involucrada”, especialmente cuando se trata de justicia social. ‘‘Pero también encuentro en algunos jóvenes una sensación de desilusión”, dice Chhatwal. ‘‘Todas las personas, jóvenes o mayores, reconocerán ser afectadas por el mundo que los rodea. Las preguntas realmente son: ¿se sienten lo suficientemente motivados para tomar medidas? y ¿sus acciones llevarán a una mejora?”.

Por ahora, lo importante es centrarse en la discusión de problemas locales y comunitarios que interesan y afectan a los estudiantes. ‘‘Queremos mejores ciudadanos, que sean receptivos y responsables de lo que está sucediendo a su alrededor. Queremos que sean mejores administradores”, dice Fullan. Un alumno bien educado algún día será un votante bien educado y un miembro valioso y contribuyente de la sociedad. El objetivo no es crear un futuro político, sino simplemente un adulto equilibrado y comprometido.

Recursos para la enseñanza de educación cívica

Elecciones Canadá tiene muchos recursos y un par de programas disponibles. Para los más jóvenes, Elige Nuestra Mascota introduce la experiencia de votar. Durante el período electoral, El Voto de Los Estudiantes es una elección paralela en la que los estudiantes mayores votan por candidatos reales.

Después de las elecciones, pueden comparar cómo votaron con el distrito electoral. Miriam Lapp, directora asistente de extensión y participación de los grupos de interés en Elections Canada, señala que los resultados de los estudiantes tienden a reflejar los resultados de los adultos. ‘‘El voto paralelo también tiene efectos positivos en maestros y padres: se involucran más y están más interesados. Hay un efecto colateral en la comunidad en general”, señala Lapp. Fuera del período de elección, otros recursos del aula están disponibles en línea, como Canadá en las Urnas (una simulación de elecciones) o las Reglas de Votación.

Para aquellos afortunados estudiantes en Edmonton y Calgary, existe City Hall School. Los maestros pueden solicitar una clase para pasar una semana en City Hall School. Cada semana tiene un tema. A través de oradores y actividades, los estudiantes aprenden sobre los problemas municipales, la ciudad que los rodea y cómo están conectados a ellos. ‘‘Son cinco días completos de ser parte de la alcaldía, estar tan conectados y sentir un sentido de propiedad de la ciudad”, dice Linda Hutt, profesora de City Hall School en Edmonton, Alberta. ‘‘Toda la ciudad es tu salón de clases y está todo allí si enciendes la luz correcta. Los niños están listos para la personificación. Siento que estoy plantando semillas para el futuro”, dice Hutt. ‘’El programa de City Hall School les da poder para observar el mundo y ver que todos somos iguales”.

 

Fuente: Teach Mag.

Traducción: Andrea Lugo.

Escrito por
Periodista de la Universidad Ryerson. Actualmente, es escritora independiente y verificadora de datos en Toronto.
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Luis Miguel Bermúdez
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