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El aburrimiento en clase

Abril 18, 2015

Mantener la atención de los estudiantes es una tarea difícil, pero no imposible.

Los métodos educativos de hoy en día guardan una escalofriante similitud con la formación de antaño. Un profesor sabelotodo impone su conocimiento en un aula que favorece su condición de “superior” y lo convierte en una figura lejana. Un estudiante intenta prestar atención pero, a los 30 minutos, quizás antes, quizás después, se da cuenta que no puede mantener su concentración por mucho tiempo y se distrae hasta con una mosca.

¿Les suena familiar el escenario? Se repite día a día en una gran proporción de los casos, sin importar la edad, desempeño académico, nivel educativo o estrato socioeconómico del alumno. Luego de muchos años de estar fuera de las aulas, volví para estudiar una maestría tiempo completo. Descubrí lo fácil que es no enfocarme en una clase y dedicarme casi a cualquier otra actividad: dibujar en el cuaderno, chatear por WhatsApp, pensar en lo que voy a cenar, observar atentamente una grieta en el techo que no ha sido reparada, etc.

No recuerdo si solía ser así cuando estudié en el colegio o en la universidad, pero me enfrento a una difícil cruzada en lo que a “prestar atención” y “estar en silencio” se refiere. Quizás soy un bicho raro y tengo problemas, pero, cuando observo a mis otros compañeros y hablo con ellos, me doy cuenta que no soy la única.

Aburrirse en clase es supremamente fácil. La gran cantidad de distracciones que tenemos hoy en día nos hace cada vez más arduo enfocarnos en una sola actividad. Estar haciendo lo mismo, por un largo lapso, se nos hace a veces imposible porque quisiéramos estar haciendo mil cosas a la vez y nuestro cerebro está acostumbrado a trabajar a alta velocidad. Encima de todo, el mundo moderno ha creado una idea general de siempre tener que estar haciendo “algo” y los tiempos para la quietud, calma y concentración son muchas veces casi nulos.

Es por estas nuevas condiciones modernas que se me hace difícil asumir que los métodos educativos sigan siendo (no en todos los casos) tan parecidos a los que vivieron mis padres o mis abuelos, sobre todo por la gran avalancha de cambios e invenciones que hemos tenido en las últimas décadas.

El estancamiento de los métodos no es culpa de los docentes. Los planteamientos educativos pocas veces se evalúan e intentan buscar maneras efectivas de acercarse a esta nueva generación: inquieta, desafiante, llena de dudas y con ganas de aprender, pero con una baja capacidad de concentración. Aunque los docentes no están en la obligación de ser figuras de entretenimiento, si es cierto que deberían ser impulsados a hacer de sus clases más dinámicas y menos solmenes. Los estudiantes de hoy no son ni la sombra de lo que fueron los de hace 50 años y tienen a la mano más herramientas para aprender y también para distraerse.

Asimismo, los docentes se encuentran en una encrucijada de alcanzar la excelencia académica con estrategias que puedan resultar atractivas para la audiencia complicada de la actualidad. Aunque las alternativas no son claras, lo cierto es que en materia de hacer el aprendizaje divertido y entretenido, hay mucho por hacer.

Casos como la pareja de esposos que usa el viejo arte teatral de los mimos para explicar matemáticas, son un modelo a seguir en lo que a creatividad docente se refiere. Tim y Tanya Chartier encontraron un medio alterno para enseñar temas cuantitativos que de entrada no son sencillos ni divertidos. Usan una mezcla interesante de teatro cómico y ausencia de diálogo para cautivar a su público.

La invitación de este blog es intentar pensar por fuera de los esquemas convencionales como estudiante y reflexionar sobre qué tanta atención estaría prestando a su propia clase si la estuviera presenciando desde el otro lado del aula. Si la respuesta que encuentra juega en su propia contra, quizás es el momento para replantear sus métodos y buscar otro camino más dinámico, interactivo y por qué no, entretenido.

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Escrito por
Comunicadora social y periodista
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Hoguer Alfredo Cruz Bueno
Gran Maestro Premio Compartir 2009
Logré vincular el aula y la comunidad rural a través de expediciones que marchaban tras la huella de la cultura local en tertulias de lectura que se convirtieron en lugares de encuentro entre los padres, los hijos, los textos y la escuela.