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ACTIVITIS

Un mal que aqueja constantemente a las instituciones educativas.

Abril 28, 2016

Ya en otra columna el Mg Javier Pombo se quejaba de la saturación curricular que desde el gobierno se quiere imponer sin ni siquiera consultar con los pedagogos, esa cantidad de cátedras con la que nuestros dirigentes se vanaglorian de decir que están haciendo la gran revolución pedagógica. Quisiera añadir una enfermedad que entorpece constantemente los procesos pedagógicos y es la ‘activitis’, un mal crónico que aqueja a muchas de las instituciones educativas de nuestro país.

La cantidad de días que los estudiantes se quedan sin clases en una institución educativa oficial puede ser parte de nuestro problema de calidad. No quiero decir que la calidad se mida en el número de horas que los estudiantes pasan en el colegio, pero sí es lógico suponer que, entre marchas, protestas, plantones, capacitaciones de las entidades territoriales, jornadas pedagógicas, actividades propuestas por el ministerio, entre otras, se interrumpan procesos pedagógicos que repercuten de una manera u otra en el desempeño escolar de nuestros estudiantes.

Muchas de estas actividades vienen impuestas desde arriba: siempre me he preguntado por qué el día E, que se celebró en estos días en la mayoría de las instituciones del país,  no se realiza en las semanas institucionales y se les socializa a los padres en las primeras semanas del año; otras actividades son las organizadas por las alcaldías y gobernaciones, en realidad muchas se reducen a promociones de servicios financieros o editoriales y de algunas de estas capacitaciones los docentes siempre sospechan de contratos clientelistas.

Es lógico suponer que, entre marchas, protestas, plantones, capacitaciones de las entidades territoriales, jornadas pedagógicas, actividades propuestas por el ministerio, entre otras, se interrumpan procesos pedagógicos que repercuten de una manera u otra en el desempeño escolar de nuestros estudiantes.

No tengo nada en contra de las actividades sindicales, de hecho, asisto constantemente a las movilizaciones, pero creo que parar actividades casi que cada mes es lesivo no solo para el proceso educativo de los estudiantes, sino para la ya mermada credibilidad que tiene el sindicato, no solo frente a los mismos maestros, sino frente a la opinión pública y los que en últimas son los receptores del proceso pedagógico que son los padres de familia.

Llegamos a lo local: las jornadas pedagógicas que organizan las instituciones educativas en las que se tocan temas importantes, pero que podrían optimizar su tiempo para hacer más efectivos los frutos de estas actividades, es solo cuestión de que docentes y directivos docentes se pregunten qué es lo verdaderamente importante para nuestros estudiantes y la comunidad educativa y centrarse verdaderamente en esto.

No quisiera que se confunda el mensaje. No quiero decir con este texto que lo mejor es que los estudiantes estén todo el tiempo en los salones, que se prohíban las actividades extracurriculares ni las celebraciones institucionales, estas también son didácticas e importantes para la consolidación de la comunidad educativa, lo que me preocupa es el sinnúmero de actividades que obstaculizan el verdadero encuentro del saber que debe ser la escuela.

Adendo: El mejoramiento del ISCE en muchas instituciones educativas tiene de plácemes a directivos y docentes, pero es un indicador, solo un indicador. La calidad educativa es mucho más que un número.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Laura María Pineda
Gran Maestra Premio Compartir 1999
Dar alas a las palabras para que se desplieguen por la oración y vuelen a través de los textos para que los estudiantes comprendan la libertad del lenguaje.