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Conozca a los padres que no permitirán que sus hijos estudien literatura

Forzar a estudiantes universitarios a que ignoren las artes liberales no les ayudará en una economía competitiva.

Octubre 6, 2016

Contenido original, publicado en el Washington Post.

Hace unos años, cuando asigné una biografía de 800 páginas de Andrew Carnegie para el nuevo curso de pregrado Riqueza y Pobreza que dictaba en la Universidad George Mason, no estaba seguro de que  realmente los estudiantes la leyeran. Sin embargo, no solo la mayoría lo leyó hasta el final sino que muchos me agradecieron por darles la oportunidad de leer una obra popular de historia. Lo más curioso de todo, es que me cuestioné cuántos de ellos eran especialistas en historia y de los 24  estudiantes con honores que estaban en el seminario, no había ninguno. ¿Inglés?  ¿Filosofía? ¿Bellas Artes? Solo uno. ¿Cómo era esto posible?, me pregunté y de manera unánime media docena de jóvenes respondieron: “Nuestros padres no nos dejarían”.

Los resultados fueron similares cuando entrevisté a estudiantes de primer año en otro seminario esta primavera, pero esta vez, pregunté cuántos habrían sido especialistas en humanidades, si el único requisito era que estuvieran interesados en el tema y que fueran muy buenos. Diez de los 24 levantaron la mano.

Yo era consciente, por supuesto, del rumbo que estaba tomando el pre-profesionalismo en los campus universitarios, de la masiva preocupación por la deuda estudiantil, de las historias sobre baristas con estudios universitarios viviendo en los sótanos, de los gobernadores que amenazaban con cortar la financiación estatal para literatura francesa y antropología. Aun así, me sorprendió que algunos de los estudiantes más brillantes en Virginia hayan sido engañados - por los padres, los medios de comunicación, políticos y, por desgracia, por ellos mismos - al pensar que la elección entre una especialización en Inglés o Historia los condenaría a vivir como maestros de escuela sin dinero.

Y no es sólo en las escuelas estatales como Mason. Jill Lepore, profesora de la Universidad de Harvard,  dijo al New York Times que organizó en su casa una sesión informativa para estudiantes de pregrado interesados en los programas de historia y  literatura que ella dirigía y que una de las estudiantes que asistió, no dejaba de recibir mensajes de texto de sus padres, quienes le ordenaban abandonar la reunión inmediatamente.

"He escuchado de diferentes universidades que hay una considerable - e inquietante – presión por parte de los padres frente a las artes liberales", informó Debra Humphreys, vicepresidenta en la Asociación Americana de Colegios y Universidades.

Una de las razones para la "explosión" de dobles especializaciones - de hasta el 40 por ciento siendo estudiantes de escuelas élite - es que los estudiantes quieren hacer una especialización para satisfacer a mamá y papá, y otra para satisfacer sus propios intereses, dice.

Los padres están cada vez más involucrados en los aspectos de la vida de sus hijos, influyendo incluso en la elección de su especialización. “Muchos de nuestros estudiantes sienten la presión de sus padres para entrar a carreras como  Negocios, Economía, Medicina", dice Christy Buchanan, quien lidera la oficina de asesoría académica de la Universidad Wake Forest en Carolina del Norte, una universidad tradicional en artes liberales que recientemente anunció nuevos programas en ciencias biomédicas e ingeniería. Buchanan, quien además es profesora de psicología y estudia el papel de las familias en el desarrollo de los adolescentes, dice que esta situación es a lo que se conoce como "padres helicóptero".

Por otro lado, Matthew Boyce, director de admisiones para pregrado en George Mason, informa que los padres están más interesados que nunca en el paso directo entre un programa de grado y un primer trabajo, y el eventual salario asociado con ese título. "Para muchos de ellos, el paso a las artes liberales parece un poco más confuso", expresó. Sin embargo, Saskia Clay-Rooks, directora de servicios de carrera en la institución Mason añadió: “Lo que los padres están pensando es en el retorno de la inversión".

Definitivamente tuve ese sentimiento, cuando reuní a estudiantes y padres en una sesión de información para los estudiantes de secundaria que fueron aceptados en Mason.

“Tiene que haber otro camino que no sea gastar $80.000 dólares en un título de historia", dijo Kyle Tucker de Fredericksburg, Va., mientras estaba con su hijo en la larga fila del stand de la escuela de ingeniería. (El niño estaba entre Seguridad cibernética y Contabilidad.)

Por su parte, Bradley Gray de Richmond me contó que le gustaría estudiar historia, pero que "es difícil conseguir un trabajo con ese título – eso fue lo que escuché decir. Las únicas oportunidades están en la enseñanza o trabajando en un museo". Bradley tiene como objetivo entrar a estudiar algo relacionado con STEM - ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

"Estamos a la defensiva", reconoció Robert Matz, un estudioso de Shakespeare que, como decano asociado a la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de Mason, está liderando un esfuerzo para promover el valor de los títulos en artes liberales. Por ejemplo, la página web del Departamento de Inglés, tiene una sección en la que se destaca: "¿Qué puedo hacer con un título en Inglés?", y en donde se enlistan actores famosos, músicos, jueces, políticos y ejecutivos especializados en inglés.

En los últimos 30 años, el cambio en las carreras universitarias no ha sido tan dramático como muchos suponen ya que a medida de que el número total de estudiantes se ha duplicado, humanidades ha sufrido pérdidas modestas en el mercado, mientras que ciencias naturales y ciencias sociales han sido las grandes ganadoras. A raíz de la Gran Recesión, el número de títulos ha caído drásticamente en las disciplinas de humanidades como inglés, historia y filosofía, representando a mediados de 1960 hasta un 17 por ciento de los títulos conferidos, los cuales ahora están un poco más arriba del 6 por ciento.

Este enfoque de ver a la universidad como una capacitación para el trabajo, refleja no sólo una mala interpretación de las cifras sobre el empleo y el pago, sino también un malentendido sobre la forma como funciona el mercado laboral, la forma en que se desarrollan las carreras y el propósito de la educación superior.

Empecemos con el desempleo. Un estudio realizado por el Centro de Educación y Fuerza de Trabajo de la Universidad de Georgetown encontró que en el 2011 y 2012, cuando la economía estaba en las primeras etapas de recuperación, la tasa de desempleo para los recién graduados con especialidad en humanidades y artes liberales (8,4 por ciento) no era tan diferente de la tasa de desempleo para los especializados en computación y matemáticas (8,3 por ciento), biología (7,4 por ciento), negocios (7 por ciento) e ingeniería (6,5 por ciento). Hoy en día, con una economía mejorada los porcentajes en todas las carreras son bastante bajos.

El problema barista del subempleo está también sobrevalorado. Cuando los investigadores del Banco de la Reserva Federal de Nueva York analizaron el inconveniente, encontraron que la proporción de recién graduados universitarios trabajando con bajos salarios pasó de un 15 por ciento en 1990 a un 20 por ciento en el 2012, siendo el último año plasmado en el informe. En esa investigación, también salió a relucir que alrededor de un tercio de los recién graduados han estado trabajando en cargos que no requieren títulos universitarios, no obstante, pagan salarios decentes tanto a los especialistas en ciencia y negocios como a aquellos con títulos en humanidades y ciencias sociales. Incluso en los buenos tiempos, es común que a los recién graduados universitarios le tomen varios años encontrar un trabajo en el que tengan que poner en práctica lo que estudiaron.

Luego está la cuestión del pago. Lo primero es que los informes de las carreras de artes liberales han sido muy exagerados diciendo que viven una vida de privaciones y decepciones, es decir, es cierto que las CTIM y títulos en negocios ganan mucho más, con ingresos anuales promedio entre $ 60.000 y $80.000 dólares, pero incluso, el promedio de los especialistas en humanidades con salarios de poco más de $50.000 dólares, ganan lo suficiente como para vivir cómodamente en una clase media estadounidense.

Son bastante las variaciones en cuanto a los ingresos de acuerdo a las especialidades, siendo el 25 por ciento de los de Historia e Inglés quienes ganan más que los de ciencias y matemáticas, mientras que el otro 25 por ciento de los estudiantes de negocios ganan menos de los salarios promedio comparados con los que se especializan en gobierno y políticas públicas.

Por supuesto, sería un error atribuirle exclusivamente las diferencias salariales a la elección de una especialización. Un estudio realizado por economistas de la Universidad de Yale halló que la mitad de los especialistas en carreras de CTIM, no ganan de acuerdo a lo aprendido en la universidad sino por su inteligencia, su cumplimiento y otras características que han posicionado en el primer lugar a dichas carreras. En otras palabras, sin importar la carrera que hayan cursado sus ganancias siempre van a ser superiores.

Cabe aclarar que, empezar una especialización no es lo mismo que terminarla, dadas las tasas de abandono del 48 por ciento entre los estudiantes de CTIM (desafortunadamente, aún es mayor en las humanidades). Cal Newport, profesor de Ciencias Informáticas en Georgetown y autor del libro "Cómo ganar en la universidad", ha entrevistado a cientos de estudiantes sobre su experiencia universitaria y basado en esas entrevistas y en la observación de sus propios estudiantes, Newport cree que los que eligieron la carrera simplemente para complacer a sus padres, son más propensos a abandonar o dejar los estudios. "Es más difícil superar los malos tiempos si no tienes una motivación interior", dijo.

Uno podría no esperar que los universitarios de primer año entiendan que las carreras no se desarrollan de manera perfecta, pero seguramente sus padres no piensan igual. En el mundo real, la mayoría de los especialistas en física no se convierten en físicos, ni los especialistas en psicología en psicólogos, ni los especialistas en inglés en escritores o maestros. Hay un gran número de especialistas en filosofía trabajando en fondos de inversión y una gran cantidad de graduados en ciencias políticas en bufetes de abogados. Muestra de eso, es que yo fui un especialista en estudios americanos.

Entre los jefes de las corporaciones más grandes, hay tantos ingenieros y especialistas en artes liberales como graduados en negocios, contabilidad y economía. De hecho, un estudio descubrió que sólo el 27 por ciento de las personas tienen empleos que están sustancialmente relacionadas con sus carreras universitarias - una realidad que aplica incluso a los campos de las CTIM. "Elegir una especialidad no es elegir una carrera", dice Jeff Selingo, autor del libro "Hay vida después de la universidad".

Para mí no hay nada más deprimente que reunirse con estudiantes de primer año en Mason que se han declarado a sí mismos como especialistas en contabilidad, solo tienen 18 años y no han tenido la oportunidad de tomar un curso acerca de Shakespeare o sobre la biología evolutiva o la historia del pensamiento económico, y ya han decidido dedicar el resto de su vida a la contabilidad.

Vale la pena recordar que, la idea original de las universidades norteamericanas no era formar a los estudiantes para las carreras, sino más bien, que luego de un período de exploración intelectual, una especialización le diera a los estudiantes la experiencia de dominar un tema y desarrollar habilidades como la disciplina, la persistencia, cómo investigar, analizar, comunicarse con claridad y pensar lógicamente.

Esas habilidades, son precisamente las que los ejecutivos siguen buscando en los graduados universitarios, aunque, eso no siempre ha sido comunicado a su departamento de recursos humanos o a los filtros de búsqueda de perfiles por internet. Un estudio hecho por la Asociación de Colegios y Universidades Americanas encontró que el 93% de los empleados están de acuerdo con que: “demostrar que se tiene la capacidad para pensar críticamente, comunicarse claramente y solucionar problemas complejos, es más importante que un título de especialista en un candidato”.

En la cambiante economía global de hoy en día, las empresas más exitosas no están buscando trabajadores que sepan mucho sobre una sola cosa, al contrario, buscan empleados que sean ágiles, curiosos e innovadores. El trabajo realizado por contadores, programadores, ingenieros, abogados y analistas financieros ya se está siendo subcontratado en la India y en Filipinas, y muy pronto será ejecutado por computadoras. Los buenos empleos del futuro serán para aquellos que puedan colaborar bastante, pensar ampliamente y desafiar la sabiduría convencional, que precise que las capacidades de una educación en artes liberales son necesarias.

“Constantemente le estamos recordando a los padres que el mundo es un lugar increíble y dinámico, y que lo más importante para los estudiantes es desarrollar una mentalidad empresarial”, expresó Andy Chan, vicepresidenta de desarrollo personal y de carrera en Wake Forest. Y agregó: “Ellos necesitan pensar no solo en su primer trabajo sino en toda una vida de trabajos”. 

Hay algunas universidades, como la Georgetown Anthony Carnevale, que se preocupan porque el modelo de artes liberales de "exploración intelectual" se ha convertido en un anacronismo inasequible, inadecuado para un sistema de educación superior democratizado, en el que 18 millones de estudiantes son educados a un costo anual de más de $400 billones de dólares. Me inclino hacia la posición de Johann Neem, un historiador de la Universidad del Oeste de Washington, a quien le resulta "muy elitista que las masas no puedan tener el placer intelectual y la curiosidad de una educación de élite".

Así que esto es lo que les diría a los padres que, a pesar de todas las pruebas, todavía creen que las especialidades en artes liberales desperdician cuatro años contemplando el sentido de la vida: Por lo menos estos chicos apasionados no cometerán el error de confundir el sentido de la vida con la maximización del ingreso vitalicio.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Henry Alberto Berrio Zapata
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