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El funcionalismo y el amor

Siendo docente de biología, me tocó debutar como catedrático de educación sexual y no se hicieron esperar las preguntas de los alumnos, que aunque malintencionadas a veces, son el verdadero crisol donde nos hemos forjado los discípulos de Rousseau y Montessori.

Enero 31, 2017

En los años 70s, en los cursos superiores de bachillerato, esto es 5 y 6 grado– así se denominaban entonces-, se estudiaba una materia de Psicología, que fue en su momento una buena motivación para que las facultades universitarias que ya habían abierto sus programas en esa disciplina, recibieran cientos de estudiantes y se consolidara esta, como una carrera de mayor demanda en el país. A esto siguió que los organismos internacionales que prestan dinero a los países tercermundistas condicionaron a nuestros gobiernos a imponer una cátedra de educación sexual en la enseñanza secundaria que contribuyera a frenar el crecimiento poblacional en nuestra nación, lo cual generó que cambiaran la psicología por la cátedra de Comportamiento y Salud.

Eran muy pocas las personas entrenadas en estos temas, pero como siempre, se le designó a los docentes de Religión y/o de Biología. Digo como siempre, porque en mi experiencia como profesor de primaria y secundaria me tocó muchas veces llenar, con otras asignaturas, los huecos o vacíos que completaran mi carga académica. Así las cosas y como docente de biología, me tocó debutar como catedrático de educación sexual.

No se hicieron esperar las preguntas que siempre los alumnos hacen para probar a sus profesores. Sostengo que las agudas preguntas de nuestros estudiantes, malintencionadas a veces, son el verdadero crisol donde nos hemos forjado los discípulos de Rousseau y Montessori. Me pareció importante enfrentar los temas del Sexo Vs. El Amor, dado que esto daría un enfoque de importancia a las discusiones. Sin embargo, al desglosar estos temas aparecieron preguntas como: ¿Qué es el amor?, ¿Existe el amor a primera vista? o ¿Por qué se sienten “mariposas en el estómago”? Después de pasar varias horas en la biblioteca, me senté frente a mi vetusta máquina de escribir y redacté el siguiente artículo dirigido a mis estudiantes.

¿Es el amor un vulgar condicionamiento de tipo funcionalista?

Mientras el amor ha sido un motor inspirador de cientos de obras literarias, poemas y monumentos históricos, tragedias, comedias, óperas y producciones cinematográficas, canciones e industrias discográficas, tipográficas, cultivos de flores, etc., los biólogos dan la explicación de la realidad de este sentimiento.

Los etólogos, estudiosos del comportamiento animal, cotidianamente desentrañan los distintos lenguajes que intercomunican a las especies y poblaciones que ocupan el orbe de nuestro verde planeta, han determinado cómo las especies de toda la escala animal envían señales para atemorizar o engañar a sus semejantes o para buscar macho o hembra con quien aparearse y preservar la especie. Algunas aves recurren a sus siringes u órganos émulos de nuestras cuerdas vocales para enamorar a sus emplumadas pretendidas. Mientras tanto, las hembras de los carnívoros anuncian su estado de fertilidad inundando el ambiente con su olor que trasciende a lo largo de muchos kilómetros a donde el viento reúne jaurías de machos que las disputan a colmillo y sangre.

Los insectos utilizan olores llamados feromonas, colores, luces y aún llamativas formas para atraer a sus fecundantes compañeros. Otros animales llegan a emplear la danza o aún los lamidos como estímulo del sentido del tacto. Vemos pues, como todo se reduce al imperio de los llamados cinco sentidos.

A principios de siglo XX, un ruso de nombre Iván Pávlov, condicionó a un grupo de canes para que al sonido de una campana acudieran a recibir la comida. Varios meses tardó el programa de condicionamiento. Un día adormeció a uno de los perros y le conectó una sonda al tubo digestivo, comprobando que al hacer sonar la campana, el animal segregaba saliva y jugos gástricos. Así, abrió una nueva página y luego un nuevo capítulo en la psicología moderna, conociéndose esto como el principio del funcionalismo o explicado de otra forma: los condicionamientos que mediante una programación de estímulos externos se pueden lograr en los distintos sistemas animales.

Si una mujer, por ejemplo, recibe constantes bombardeos a sus diferentes sentidos, esta terminará siendo víctima de un condicionamiento funcionalista, cuya respuesta es la secreción de varias sustancias entre las cuales se encuentran las endorfinas que estimulan el sistema nervioso complaciéndola y auto estimulándola, haciéndola sentir en un estado que puede ir desde una sensación pobre de placer hasta el éxtasis total. (Aquí se entienden las mariposas en el estómago). Es que el cerebro humano como producto de la evolución es el resultado de una multiplicidad de antepasados que utilizaron olores, sabores, formas, danzas y sonidos para alcanzar el apareamiento como premio máximo que se reserva el macho Alfa de todos los clanes: la procreación y la continuidad de la especie.

¿A qué mujer no le gusta una serenata o el regalo de un disco? O ¿las palabras melosas que se escurren de su oído por toda la médula espinal aflojando su voluntad? Aquí el sentido de la audición se convierte en su talón de Aquiles. No tarda su enamorado en continuar la programación con un ramo de fragantes flores, acompañado de un perfume. Le está atacando otro flanco: su sentido de la olfacción que adobado con unos deliciosos chocolates o galletitas desencadena serios y complejos lazos en sus sistemas quimio-receptores.  El ataque continúa y la programación se refuerza. Ahora entró en escena el sentido de la visión; en efecto, las imágenes también contribuyen al bombardeo. ¿Qué tal unas tarjetitas y unos escritos con buena caligrafía y unos cuantos poemas cursis?, o ¿la tradicional invitación al cine?

El siguiente paso es el tacto. Sabemos que las palmas de las manos y las plantas de los pies teniendo las capas más gruesas de la piel, son las más llenas de puntos de tacto que informan al cerebro el contacto cercano con  objetos extraños, no por eso los demás puntos de la epidermis, el órgano más grande del cuerpo humano, carecen de sensación. Las caricias son otro elemento que se integra a la programación y acaba de desarmar al “contrincante” sexual. Luego los besos y demás. Se puede incluso llegar a conseguir la manipulación de la voluntad de otra persona a través de la plena satisfacción sexual.  Se ha comprobado que mujeres y hombres muy cultos e inteligentes terminan a merced de la voluntad de otra persona que los ha esclavizado de amor.

Toda persona que ha experimentado este tipo de programación es feliz y siente placer y gratificación en cada una de sus células corporales. Cuando ya la programación ha tomado vuelo, generalmente el programador desaparece por algunos días sin dar explicaciones. Es parte del programa. Tan pronto se suprimen los estímulos, se aumentan los deseos. Aparece el síndrome de supresión y el condicionamiento en lugar de desaparecer, se refuerza. Aquí vemos una radiografía de lo que pasa al interior biológico de cada ser y consideramos el amor como la respuesta a un condicionamiento puramente fisiológico. Así funcionamos.

Lo perverso de esto es que conociendo nuestros sistemas y nuestro funcionamiento, lo utilicemos sólo para la conquista y seducción, para el engaño, para conseguir la satisfacción de alcanzar a una mujer u hombre y después mostrar que todo era un programa mentiroso de seducción lo cual en muchas parejas puede generar venganzas, suicidios y homicidios.

El otro error, es que una vez nos hayamos casado detengamos la programación, osea acabemos con los detalles, las atenciones. Entonces, sin refuerzos, el enamoramiento se acaba y con esto el matrimonio. En tanto, una tercera persona puede estar, en el colegio, en la universidad, en el trabajo o en la vecindad “trabajando” a nuestra pareja.

Amor a primera vista

Todo hombre y toda mujer alguna vez ha imaginado cómo sería el parejo o pareja perfecta, cómo sería el amor ideal, cómo sería el fenotipo o características físicas del o de la futura pareja. Para algunos se convierte si no en una obsesión, por lo menos, en una hoja de ruta y lo o la buscan. Entonces un buen día ese personaje de sueños y fantasías aparece en la escena de su vida. La persona entonces en forma inmediata enfila baterías hacia ese objetivo. Para la otra persona puede parecer un desorden psíquico de alguien que a primera vista le declare su amor. Para quien lo declara no. El amor a primera vista existe sólo cuando una persona lo ha buscado y por fin aparece.

Al final del día, la evaluación del ejercicio fue una “puesta en común” (Término íntimo de la Educación Personalizada), en donde los estudiantes manifestaron su decepción por el concepto del amor como un producto engañoso, otros, desentrañaron los códigos para la seducción; pero de lo que sí estoy seguro, es que todos aprendieron que el amor es un principio vital, que está ahí listo, esperándolos para realizar su vida y dinamizar su futuro como una herramienta de prosperidad o fracaso.

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Rubén Darío Cárdenas
Gran Rector Premio Compartir 2016
Concibo al maestro como la encarnación del modelo de ser humano de una sociedad mejor. Él encarna todos los valores que quisiera ver reflejados en una mejor sociedad.