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En busca de nuestra empresa, una experiencia de vida

Martial Heriberto Rosado, uno de los dos Grandes Maestros 2004, presenta la propuesta que le valió este reconocimiento. 

Enero 8, 2018

Transcurría el primer semestre de 1999 y como docente sentía un vacío tal vez generado por la poca trascendencia que tenía mi labor en un pequeño colegio de un lugar muy apartado llamado Claraval y Chuscales del municipio de Junín en el departamento de Cundinamarca.

Aparentemente todo iba bien, pero había algo... al finalizar cada clase, sentía que los estudiantes no se habían apropiado de lo hecho en el aula, no había aquel brillo en los ojos, característico de nuestros jóvenes cuando les gusta algo y lo disfrutan.

Una sensación de sin sentido me embargaba, las alarmas se dispararon y aquel letargo que dirigía mi labor, comenzó a darle paso a muchos interrogantes: ¿qué hacer? ¿Cómo hacerlo? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Para qué?

Quería hacer muchas cosas, cambiar el mundo, al menos el de quienes me rodeaban y debía empezar por algo. Lo más acertado era conocer la comunidad educativa donde me encontraba, así que de la mano de mis compañeros docentes preguntamos a los padres de familia y a los estudiantes su concepto sobre el énfasis de la institución.

El resultado evidenció opiniones muy claras; el colegio debía presentar una orientación más pertinente con la realidad de la comunidad, más a tono con el ambiente agropecuario que prevalece en Claraval y Chuscales. Fue así como apareció una asignatura llamada Técnicas Agropecuarias. Se estaba gestando un cambio en nuestro proyecto educativo que tocaría a estudiantes, padres de familia y docentes.

De una asignatura a un proyecto

En mi papel de docente de Técnicas Agropecuarias las preguntas iniciales se tornaron en poderosos argumentos. Había identificado la poca proximidad de los planes de estudio con la realidad de nuestro lugar y si bien se ganaba terreno con esta asignatura, dos asuntos me preocupaban.

Observaba que los jóvenes presentaban marcadas dificultades para expresar sus opiniones y esto definitivamente no permitía visualizar con claridad los niveles de aprendizaje logrados. De otro lado, una institución marginada como la nuestra, necesitaba urgentemente generar recursos, no solo materiales, sino también conocimiento para dejar de ser una pobre institución y convertirnos en el centro de un proceso transformador, en donde se recobrara la estima individual y comunitaria.

Ahora teníamos el instrumento, Técnicas Agropecuarias, y entonces surgieron nuevas inquietudes: ¿Qué metodología emplear para desarrollar en los estudiantes sus habilidades comunicativas? ¿Cómo garantizar un servicio educativo productivo, en donde la práctica docente contribuya a la solución de problemas reales de la escuela misma y de todos los que la rodean?

Era necesario darles cuerpo a estos interrogantes, concretarlos en un proyecto que diera cabida a procesos integradores y que facilitara la demostración fehaciente de que sí se puede. Así se estructuró y puso en marcha el proyecto que llamamos “En busca de nuestra empresa”, nombre puntual para el propósito conjunto, en virtud de las difíciles expectativas laborales de nuestros jóvenes egresados.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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María Del Rosario Cubides Reyes
Gran Maestra Premio Compartir 2006
Desarrollé una fórmula química que permitió a los alumnos combinar los elementos claves para fundir la ciencia con su vida cotidiana sin confundir los enlaces para su futuro.