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Meridiano 157, paralelo 48

Ese fenómeno de la formación lunar lleva el nombre de un colombiano que miró la luna con otros ojos: Julio Garavito Armero

Diciembre 26, 2017

La luna es un satélite natural que ha inspirado a poetas, científicos, niños, artistas y hasta locos. Desde hace miles de años acompaña nuestra existencia y para nosotros siempre muestra la misma cara, aunque en su anverso oculte formas y misterios para todos aquellos que estamos fuera de la órbita de la ciencia.

En su superficie tiene una gran cantidad de cráteres. Uno de ellos es muy especial pues según los entendidos, posee unos 80 kilómetros de diámetro y está ubicado exactamente en el hemisferio sur a 48 grados de longitud por 157 grados de longitud oriental, al sur del mar Ingenii y diagonal al cráter Julio Verne.

Ese fenómeno de la formación lunar lleva el nombre de un colombiano que miró la luna con otros ojos. Julio Garavito Armero aprendió sus primeras letras en un libro de cosmografía. De imaginación viva e inteligencia brillante, desde pequeño dio muestras de su capacidad intelectual.

A los once años calculó su primer calendario. En el colegio San Bartolomé mostró su predilección por las ciencias exactas y en especial por las matemáticas y la astronomía. Le gustaban tanto los números y los problemas matemáticos que en los ratos libres jugaba a desafiarse con enigmas numéricos a los que solía responder con soluciones originales.

Su primer gran maestro fue el profesor Manuel Antonio Rueda Jara, hombre de números y autor de los libros que se empleaban para la enseñanza en las asignaturas de aritmética, álgebra y contabilidad. Su maestro le inculcó una educación laica donde la razón, como era de esperar en hombres de ciencia, primaba por encima de cualquier dogma o sin sentido ajeno a lo exacto.

Y pese a la timidez que lo hacía ser un alumno muy callado, no dudó en cuestionar la manera de enseñar del momento, donde la severa disciplina rayaba con la opresión de los estudiantes. En 1884 se graduó como bachiller en filosofía y letras pero tuvo que esperar dos años para comenzar sus estudios superiores, pues el conflicto armado de aquel entonces no permitió abrir las universidades.

Mientras esperaba que la guerra llegara a su fin, se dedicó a trabajar para poder vivir y continuar por su cuenta los estudios matemáticos. Luego, en la Facultad de Ingeniería desarrolló todo ese potencial represado en dos años. En muy poco tiempo, fue reconocido como uno de los mejores estudiantes especialmente en las asignaturas de cálculo infinitesimal y astronomía, mecánica racional y análisis.

Un años antes de graduarse publicó su primer trabajo científico en la revista Anales de Ingeniería, de la que sería años después uno de sus más fecundos colaboradores. En 1891 se graduó y de inmediato fue nombrado profesor de cálculo infinitesimal, mecánica racional y astronomía, asignaturas de las que sería catedrático hasta su muerte.

Un año después fue nombrado director del Observatorio Astronómico y profesor de la Escuela de Ingeniería. Sin embargo, la violencia hizo nuevamente presencia y entorpeció el normal desarrollo de la academia y la ciencia. La Guerra de los Mil Días trajo dificultades económicas y las clases en la universidad y la Escuela de Ingeniería se vieron afectadas. Julio Garavito, junto con un puñado de maestros, continuó enseñando de manera gratuita en el Observatorio Astronómico.

Y fue precisamente allí en donde hizo los mayores aportes para el país. Se empeñó en obtener el mapa geográfico de Colombia. Los presupuestos para el proyecto eran muy limitados y tuvo que emplearse a fondo para buscar soluciones inteligentes y creativas que respondieran a los altos costos del proyecto.

De igual manera sacó adelante un estudio sobre la meteorología de Bogotá y frente a las circunstancias adversas logró establecer, con métodos sencillos y cálculos de distancias, las medidas meteorológicas con una precisión muy alta que las mediciones posteriores confirmarían.

Otro de sus proyectos más reconocidos fueron las observaciones que realizó a un cometa para las que utilizó el teodolito Troughlon and Sims y logró, con pocos recursos, iniciar una serie de trabajos sobre mecánica celeste. Julio Garavito no tuvo dinero, ni grandes bienes y se dedicó al estudio y la enseñanza.

Así lo recordó Arturo Ramírez M., Ex-Rector de la Universidad Nacional, Vicepresidente de la Sociedad Colombiana de Matemáticas y miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros, un 26 de abril de 1996 en la inauguración de un bronce en su honor. En aquella ocasión el profesor Ramírez destacó que la obra de Garavito se caracterizó por la invención de métodos propios, ajustados a las circunstancias y limitaciones de “extrema penuria del país y de las instituciones de la época.

Las dificultades las consideró como condiciones especiales de un problema que tenía que resolver”. Los trabajos de Garavito alcanzaron reconocimiento internacional. Un estudio sobre los movimientos lunares fue citado por profesores de la Universidad de Yale y del Observatorio Naval de Washington. Ejerció la docencia y la investigación hasta sus últimos días. Por iniciativa suya se abrió la oficina de Longitudes, dependencia que le daría origen posteriormente al Instituto Geográfico Agustín Codazzi.

Escribió artículos sobre matemáticas, astronomía, óptica y economía. En la actualidad la Escuela de Ingeniería lleva su nombre honrando su memoria. Murió a los 55 años, el 11 de marzo de 1920. Amante de la verdad a través de la ciencia formó generaciones de matemáticos, ingenieros y astrónomos.

Para Garavito no existieron los límites, sólo los retos. Ni la guerra, ni los bajos presupuestos lo detuvieron. Cuando tuvo que hacerlo, siguió enseñando sin un peso a cambio a pesar de ser un hombre de condiciones económicas austeras. Fue esposo devoto de su mujer.

Le dejó a Colombia un mapa y el honor de ser el único colombiano que tiene su nombre en la luna. Su muerte la lloró el país en 1920. Fue reconocido en vida como un hombre ejemplar. Su memoria fue honrada con una estampilla expedida en 1949, con una orden al mérito ordenada por el Congreso de la República y con su nombre en un cráter en la luna después de ser seleccionado por la Unión Astronómica Internacional en 1970 entre 1.500 nombres.

En la actualidad el más reciente homenaje está impreso en un billete de 20.000 pesos, expedido en su honor y en el que Garavito mira al portador con esos vivos ojos azules que durante años, y detrás del telescopio, enfocaron la luna y su movimiento.

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Sandra Cecilia Suárez García
Gran Maestra Premio Compartir 2013
El cuerpo habla y la danza puede ser el camino para la exploración del ser y el medio para liberar las palabras que se encuentran encadenadas.