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Un reto para la innovación educativa: establecer lo mejor para el desarrollo del equipo docente

En un proceso de innovación educativa los docentes deben enfrentar la inevitable realidad de que su modelo individual de auto-mejora para el crecimiento profesional nunca logrará los resultados deseados de un mayor rendimiento de los estudiantes en toda la institución educativa.

Julio 1, 2015

He pasado gran parte de los últimos diez años de mi vida profesional como Licenciado en Humanidades pensando en cómo ayudar a maestros inteligentes y ambiciosos a trabajar juntos con eficacia. Tal y como lo veo, mi función como consultor en temas de pedagogía y apropiación de TIC, es ayudar a las instituciones educativas a crear un entorno de aprendizaje colectivo fértil, mantenerlo saludable y vigilar aquellas cosas que lo debilitan.

Creo de todo corazón que todo el mundo tiene el potencial de ser creativo, cualquiera sea la forma que adopte esa creatividad, y que estimular tal desarrollo es algo noble. Y aún me interesan más los obstáculos que se interponen en el camino, muchas veces sin que los detectemos, e interfieren en la creatividad propia de cualquier institución educativa.

La oportunidad crítica y capital de esta reflexión, busca acercarse a la comprensión e identificación de uno de los obstáculos en el camino del proceso creativo en instituciones educativas, que se puede plantear en una pregunta esencial, si sabemos que es mejor ¿por qué no lo hacemos?.

Muchos docentes dedicados eluden las actividades de desarrollo profesional, no porque la innovación sea “aburrida” o “totalmente inútil”, sino porque dan prioridad a las necesidades tangibles e inmediatas de sus aulas frente a la índole abstracta y efímera del trabajo colectivo.

Imagine a un consultor en su primera entrada a una reunión de área de docentes en una institución educativa de nuestra ciudad capital, quien toma la palabra para presentarles una propuesta de desarrollo profesional, colectivo, enfocada en la apropiación pedagógica de TIC. Hay muchas razones para ser cuidadoso con lo que dice ¿no? Quiere generar motivación, quiere respetar los puntos de vista de los demás y adherirse a las buenas ideas y no quiere pasar vergüenza  o parecer que tiene todas las respuestas.

Resulta que uno de los líderes del área y apoyado por otros docentes le manifiesta que a raíz del exceso de trabajo no están seguros de participar en el proyecto, que luego se pondrán de acuerdo y le informarán al respecto porque tienen asuntos más urgentes que atender. Pasan las semanas y a pesar de su insistencia, no hay respuesta.

La conducta descripta en el párrafo anterior es no sólo típica sino en gran medida previsible ante las propuestas de desarrollo profesional para los docentes, debido a la abierta hostilidad de muchos de ellos hacia cualquier innovación colectiva orquestada de arriba hacia abajo. Aunque este grupo de docentes tal vez no parezcan ser los pilares del profesionalismo, su reputación entre los estudiantes y sus colegas indican que se encuentran entre los más dinámicos y dedicados de la institución educativa ¿Cómo es posible que docentes que se consideran a sí mismos (y son considerados por los demás) muy dedicados a sus estudiantes puedan sentirse tan ajenos a las actividades de desarrollo profesional?, ¿por qué, una profesión dirigida a fomentar el amor al aprendizaje durante toda la vida, parece estar tan llena de profesionales que muestran tener  tanta dificultad para aprender de sus colegas?

Si uno les pregunta a los docentes en qué consiste su trabajo, casi todos destacan la importancia de su tarea en el aula: enseñar a los estudiantes conocimientos y destrezas fundamentales para que adquieran el dominio de una materia dada, y promover las actitudes necesarias para que estén en condiciones de convertirse en trabajadores productivos, dispuestos a aprender toda la vida, y ciudadanos responsables.

Ante este panorama, muchos docentes dedicados eluden las actividades de desarrollo profesional, no porque la innovación sea “aburrida” o “totalmente inútil”, sino porque dan prioridad a las necesidades tangibles e inmediatas de sus aulas frente a la índole abstracta y efímera del trabajo colectivo.

En vez de dejar que un proyecto de capacitación docente determine el rumbo del desarrollo del personal, algunos docentes ponen a prueba proyectos individuales o de equipo que abordan las necesidades de enseñanza inmediatas con un enfoque altamente personalizado: estos docentes buscan el éxito, para ellos, significa aumentar los logros de los alumnos.

Por lo general, los docentes han sustituido el modelo de mejora continua colectiva por una visión que convalida la autonomía de los docentes para llevar adelante sus propias preferencias en lugar de llegar a un consenso. El resultado final de este enfoque funcional pero fragmentado es que el desarrollo docente se vuelve sinónimo de auto-mejoramiento, lo que hace casi imposible que el sistema como totalidad llegue a ser competente.

Si bien este individualismo puede obstaculizar el compañerismo en el plano local, casi todos los docentes  tienen una fuerte sensación de alianza global, como bien lo han demostrado en los recientes paros a nivel nacional; trabajan juntos con el fin de mejorar la calidad de vida de los niños y prepararlos para que puedan seguir aprendiendo a lo largo de la vida y sean ciudadanos responsables, en un futuro lleno de innovación, posibilidad y cambio.

El desafío para quienes apoyamos los procesos de innovación educativa en las instituciones escolares es aprovechar el deseo de pertenencia a una entidad colectiva sin poner en riesgo la libertad individual de realizar la tarea  del modo que cada profesional considere más apropiado. Este desafío, sin embargo, nos deja atrapados en una paradoja irresoluble e improductiva, es imposible apoyar un proceso de innovación educativa sin obligar a los docentes a poner en tela de juicio las creencias fundamentales y las prácticas habituales existentes. La pregunta clave es: si sabemos qué es lo mejor ¿por qué no hacemos lo mejor? La respuesta es que no podemos aferrarnos a nuestra autonomía individual y al mismo tiempo adoptar la autonomía colectiva. Los docentes deben enfrentar la inevitable realidad de que su modelo individual de auto-mejora para el crecimiento profesional nunca logrará los resultados deseados de un mayor rendimiento de los estudiantes en toda la institución educativa.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
Escrito por
Licenciado en Humanidades y Lengua Castellana
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Rubén Darío Cárdenas
Gran Rector 2016
La escuela no puede seguir siendo un espacio cerrado: hay que abrir las puertas de las aulas y de la institución para que lleguen otros saberes. Esto sólo lo permite el tejer puentes