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Desarrollar la inteligencia sexual

Más que conocimientos, son competencias y habilidades para la vida

Agosto 1, 2017

Según cifras de Unesco el mundo de hoy tiene la generación más grande de gente joven menor de 25 años de la historia, 43% de la población mundial. La mayoría de estos jóvenes se concentra en los países en desarrollo, en condiciones de pobreza, con derechos, oportunidades y opciones restringidas, así como con un acceso inadecuado a una educación de calidad, servicios de salud y empleo.

Esto representa un enorme desafío para los sectores de salud y educación dado que el 45% de las nuevas infecciones de VIH se producen en la población entre 15 y 24 años de edad, y el 11% de los nacimientos corresponde a madres adolescentes entre quienes la tasa de mortalidad materna es más alta que entre mujeres mayores.

En una interesante publicación de Unesco  Educación Integral de la Sexualidad: Conceptos, Enfoques y Competencias el organismo señala que así como se considera fundamental la enseñanza de las matemáticas, las ciencias y el lenguaje, la educación de la  sexualidad debería ser pensada como una competencia básica en tanto “la sexualidad nos define como personas, forma parte de nuestro desarrollo y expresión a lo largo de nuestro ciclo vital y las decisiones que tomamos en este campo nos marcan para toda la vida”.

El documento se adentra y profundiza en las diversas configuraciones y enfoques de la educación de la sexualidad desde la perspectiva de derechos, de género, de masculinidad, diversidad sexual, violencia en el ámbito escolar, acoso escolar o bullying, adolescentes y jóvenes embarazadas, discapacidad, edad, interculturalidad, jóvenes indígenas, niños, jóvenes y docentes que viven con el VIH, y de valores, para mostrar la complejidad e importancia de un currículo integral de la educación en sexualidad que incluya todas estos matices puesto que como lo manifiesta el escrito “se han conocido muchos casos de países en que los programas científicos de educación sexual, que han sido previamente diseñados y aprobados, no llegan nunca a aplicarse debido a la indebida influencia de las iglesias, lo cual resulta preocupante”.

Al referirse a las competencias a fortalecer en el marco de la educación en la sexualidad, plantea la importancia de desarrollar la inteligencia sexual que implica:

  • “Aprender a conocer sus gustos e intereses, lo que es agradable o no para sí mismo(a), disfrutando de la expresión placentera de su sexualidad.
  • Aprender a identificar y expresar emociones y sentimientos en el contexto de las relaciones sexo-afectivas.
  • Aumentar la capacidad de integrar conocimientos, actitudes y prácticas para mejorar su vivencia de la sexualidad de acuerdo a su etapa de vida y en un marco de ejercicio de derechos.
  • Capacidad para identificar situaciones de riesgo, dolor, preocupación o enfermedad, tomando decisiones y actuando proactivamente para resolverlas”.

Ahora, no todos los docentes están obligados a enseñar sobre el tema, pero quienes lo hagan deben reunir un perfil mínimo necesario según Unesco:

“se conocen a sí mismos y se sienten cómodos con su propia sexualidad, tienen un amplio manejo de los conceptos relacionados al tema (los comprenden y los utilizan en el contexto adecuado), son capaces de dar información sin emitir juicios de valor, ofreciendo espacios para que las y los niños y jóvenes desarrollen sus propias opiniones; reconocen la importancia e involucran a los diferente actores involucrados en la educación de la sexualidad; conocen y promueven los derechos sexuales y/o reproductivos de las personas en un marco general de derechos, se actualizan permanentemente, son confiables, ofrecen confidencialidad a las preguntas e inquietudes de las y los participantes en sus actividades educativas, son capaces de generar espacios seguros, libres de discriminación e inclusivos (practicando con el ejemplo); tienen empatía y capacidades de comunicación para generar un entorno participativo de aprendizaje; son capaces de reconocer sus propias limitaciones y buscar apoyo cuando un tema les sea difícil de abordar, entre otras”.

De la lectura de éste documento queda la convicción de que la educación de la sexualidad se debe garantizar a lo largo de toda la vida y debe estar relacionada con la igualdad de género, los derechos humanos y la salud. Y que si es impartida oportunamente garantizará a los niños y jóvenes de hoy una adultez saludable donde prevalezca la autoconfianza, el respeto por sí mismo y por los demás, el rechazo a la violencia, el ejercicio informado de sus obligaciones y el goce de sus derechos humanos.

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Licenciada en Educación, Magíster en Investigación Educativa
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María Del Rosario Cubides Reyes