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Espacios dispuestos para la memoria y la reflexión de la paz

Debería existir museos, salones, salas o espacios que permitan dar cuenta de lo que ha formado la historia de Colombia hasta el día de hoy. 

Febrero 18, 2019

Las funciones esenciales de los museos son mostrar, exponer, comunicar o reconocer hechos (materiales e inmateriales) pasados y presentes de la humanidad. Incluso, muchas de las características de un museo, no solo le pertenecen a un espacio cerrado; la Muralla china, el Coliseo romano, las Pirámides egipcias, la torre de Pisa, entre otras, poseen dichos rasgos, espacios donde sucedieron grandes episodios que marcaron el rumbo de las civilizaciones del antes y del ahora. Ahora bien, estos espacios, cerrados y abiertos, dan una muestra de las experiencias y buscan ser garantes de la trascendencia y perpetuidad de la memoria.

Dado lo anterior, los centros educativos, específicamente los colegios o las escuelas, consideradas como espacios, suelen ser un intermediario entre la historia y los estudiantes; por lo tanto, facilitan la transmisión de saberes a través de maestros capacitados o por medio de la visita a museos o a centros culturales. Estas actividades buscan, como objetivo, interactuar con los estudiantes en beneficio del desarrollo de su pensamiento crítico.

Dentro del marco de estas actividades, se encuentra la del académico Carlos Arturo Charria, que a través del Centro de Memoria Histórica, desea explorar y visibilizar a cada uno de los autores pertenecientes a la re-construcción de la historia de Colombia. Uno de sus trabajos ha sido el involucrar a la comunidad educativa en estos ámbitos, con el ánimo de mostrar sus vivencias. Lo anterior, se ve reflejado en el trabajo realizado en el colegio Los Nogales donde integró a sus estudiantes con experiencias de violencia en sus vidas para construir un museo de memoria.

Desde mi postura como estudiante y como docente en formación, la retención y la reflexión de contenidos académicos e información sustancial para el desarrollo y progreso profesional, es usualmente más significativa a través de la intervención lúdica, dinámica y activa dada o impartida por las partes involucradas.

Con esto, el diseño y la construcción de espacios dispuestos para la memoria y la reflexión de la paz, forjan y fortalecen el pensamiento crítico de cada uno de los participantes (activos o pasivos); por consiguiente, son fructíferas las intervenciones que realizan las comunidades académicas para permitir que los autores participen y se integren en beneficio de la memoria.

No obstante, dichas actividades no deben quedar en el marco de la calificación o de la vivencia próxima a extinguirse, todo lo contrario, estos espacios son propicios a quedarse implantados en la raíz del centro académico.

De la manera en que una biblioteca instalada en una institución académica busca atrapar en un mundo de letras, números, historias y hechos la atención de los estudiantes; el diseño, la construcción y la vinculación de espacios físicos dedicados a la reflexión de la paz dentro de los planteles, debería buscar atrapar en un mundo de recuerdos, memorias y vivencias, las propias realidades de dicha comunidad; y por qué no, la vinculación de instituciones aledañas o comunales.

Para finalizar y como lo indiqué en el principio de este texto, los museos buscan ser los garantes de trascendencia y perpetuidad de la memoria; por ende, no solo las instituciones académicas, sino aquellos espacios donde la reflexión y los procesos de diálogos son frecuentes, debería existir museos, salones, salas o espacios que permitan dar cuenta de lo que ha formado la historia de Colombia hasta el día de hoy. La población actual y la próxima conocerán muchos de los aspectos que la violencia ha querido ocultar y que la paz ha reanimado para no perder la esperanza de ser cada vez mejores.

Escrito por
Estudiante de la Cátedra ‘Maestros hacen maestros’ en la Universidad de La Salle.
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