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¿Lo mejor para el final?

Algunos estudiantes eligen el momento del examen final para estudiar todo lo que vieron durante el año.

Diciembre 18, 2015

Reza la sabiduría popular que a los colombianos nos invade la procrastinación y dejamos todo para el final. Trámites burocráticos, pagos de deudas, regalos de navidad, y por supuesto, estudiar para los exámenes de fin de año. Me explico: es usual ver alumnos que repasan con verdadero detenimiento todo un curso solo al momento fatídico del examen final.

Algunos de estos personajes, deciden de una manera consciente o inconsciente no prestar atención ni realizar el más mínimo esfuerzo durante todo el año, para intentar aprender todo al último momento y poder pasar el examen de la mejor manera posible. Otros, intentan entender durante todo el ciclo escolar y no encuentran la manera, el tiempo ni el espacio para poder esclarecer sus dudas. La confusión se acumula durante todo el año y al terminar enfrentan un momento de genuino pánico en el que se dan cuenta que no han entendido nada.

Algunas veces esto ocurre por cuenta de un descuido del estudiante. Pero otras, es posible que exista poca retroalimentación del docente, que se centra solo en sus propias palabras y no demuestra interés ni genera espacios para tantear si quienes están al otro lado del salón están entendiendo su clase.

El conocimiento es un proceso de doble vía y así como los estudiantes deben demostrar interés, realizar preguntas y estar atentos en el aula,  los docentes deben también encontrar estrategias que promuevan la curiosidad, la formulación de preguntas y preguntarse si sus métodos son los más apropiados para su audiencia.

Aunque ciertamente pasar el examen es una medición importante para ver qué tanto sabe un alumno de un tema en específico, no debería ser la única medida en la que el maestro se interese, ni el único momento del año en que se decida examinar si los pupilos tienen un nivel de comprensión apto de la materia en cuestión. El conocimiento es un proceso de doble vía y así como los estudiantes deben demostrar interés, realizar preguntas y estar atentos en el aula,  los docentes deben también encontrar estrategias que promuevan la curiosidad, la formulación de preguntas y preguntarse si sus métodos son los más apropiados para su audiencia.

El hábito de estudiar para el final y dejar una montaña enorme de definiciones, teorías y fórmulas a último momento no es el más provechoso en favor del aprendizaje. La presión, el sentido de urgencia y el afán dejan a un estudiante confundido, asustado, con bases débiles y un conocimiento superficial que se derriba fácilmente ante la más mínima variable.

La estrategia no es poner más exámenes o dividir la nota en miles de entregables para generar presión de una manera pareja todo el año. La forma recomendada es entonces, promover la participación en el aula, para que los estudiantes tengan un espacio en el que puedan demostrar si saben relacionar los conceptos aprendidos con ejemplos de su propia realidad. Es labor entonces de los docentes usar metodologías dentro del aula que promuevan la interactividad y no centrarse en un modo lineal de emisión de palabras, sin saber si su destinatario está interesado o entiende algo de lo que se dice.

Con nuevos mecanismos que generen interacción y retroalimentación en el aula, los estudiantes se sentirán más empoderados de lo que están aprendiendo y quizás llegar al momento de la evaluación final sea más fácil y placentero. Idealmente, este debería ser una etapa de consolidación y no un período de pánico donde reina la confusión y la premura de tiempo. Lo mejor debe estar al final, pero en este caso, será el mejor momento en el que tanto el docente como el estudiante se sientan satisfechos con su labor realizada con constancia y empeño durante todo el ciclo escolar.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Escrito por
Comunicadora social y periodista
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Martial Heriberto Rosado Acosta
Gran Maestro Premio Compartir 2004
Sembré una semilla en la tierra de cada estudiante para que florecieran los frutos del trabajo campesino en el campo que los vio nacer