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Lo público y lo privado, alianza invencible

Es enseñando a pescar y con capital semilla que los jóvenes pueden abrazar opciones sanas para garantizarse una vida digna.

Julio 16, 2022

“No hay más que un modo de ser felices: vivir para los demás”.
León Tolstoi

“Debemos amar y dejar la piel en lo que hacemos, con mayor razón si es en favor de los otros”
Gonzalo Concha

 

Resulta bastante curioso que, en los sitios de trabajo y en los espacios de atención al público, abunde la gente que se queja por todo, que nada les parece, que se ponen siempre en el lugar de víctimas. Es una actitud que se vuelve costumbre y, lo más preocupante, que se torna contagiosa; rápidamente aparecen los que concuerdan en que “esto está cada día peor”, “con qué ganas vamos a trabajar, es el colmo”, “todo es culpa del gobierno”. Cuando me encuentro ese tipo de personas dejo que se alarguen en sus reclamaciones y luego les pregunto: ¿lo que te pasa es responsabilidad de tu jefe, de tu empresa, del gobierno? ¿Haces bien tu trabajo? ¿Has manifestado a quien corresponde la razón de tu malestar? Armar el tierrero es muy fácil; es de personas sensatas detectar lo que no anda bien y llegar con soluciones a la posible fuente de inconformidad.

Lo que antecede es para hacer claridad sobre el reconocimiento que deseo hacer a una persona, orgullosamente caucano de nacimiento y vallecaucano, por adopción: Gonzalo Concha. Un hombre que a lo largo de su vida ha servido de inspiración para muchas comunidades, que encarna precisamente lo contrario de ese lugar común de la queja y la lamentación, y que tampoco se queda en el lugar cómodo de la indiferencia o de la apatía hacia los problemas que a todos nos incumben. En tres frases podría sintetizar la calidad humana que tiene Gonzalo: vocación de servicio, sensibilidad hacia las personas y comunidades vulnerables y convicción en el poder transformador de la educación. Es el tipo de personas que quisiéramos encontrar siempre en nuestro camino: optimistas, resilientes, que no se dejan llevar por la emocionalidad en cualquier evento, sino que sopesan y triangulan los porqué y los atenuantes del contexto antes de opinar o de actuar; una persona con la intención de ser siempre parte de la solución y no abultamiento del problema.

No serían tan solo tres cualidades a resaltar, he omitido dos que son el asidero de las anteriores: el amor por su país –por sus gentes y su territorio- y su amor por la naturaleza. Desde su formación inicial mostró un denodado interés por el cuidado de nuestros mares y de nuestros parques nacionales naturales, por ello se vinculó y fue fundador de la Patrulla Naval del Pacífico, acompañando brigadas de salud, recreativas y capacitaciones a las comunidades del litoral donde el estado brilla por su ausencia. Al mismo tiempo –es un hombre que se multiplica en sus quehaceres- lideraba capacitaciones de buceo y se unía a tareas de preservación de la isla Gorgona, en la construcción de módulos de contención para la conservación de los arrecifes coralinos. Gonzalo habla con sumo agrado sobre todas las riquezas que tenemos en nuestros mares. Es un promotor de la importancia del empoderamiento ciudadano y de una ética del cuidado para la protección de este patrimonio nacional, no solo por su importancia en el equilibrio ecológico sino porque de ellos depende el sustento de estos grupos poblaciones y es la base de emprendimientos alrededor del ecoturismo.

Gonzalo ha logrado demostrar la importancia de comprometer al sector privado con la agenda de lo público, en especial con los sectores vulnerables, como una manera de demostrar solidaridad y compromiso social. Al observar su entrega y su carisma para darle continuidad a su obra, muchos personajes se unen a sus causas porque evidencian la manera transparente como maneja los recursos, hace partícipes a las comunidades y capacita nuevos liderazgos, sin una visión asistencialista o paternalista.

Cuando uno escucha de sus labios que ha estado en lugares recónditos de Colombia –“donde nadie va”-, que ha hecho parte de varias fundaciones y que estuvo vinculado a la Defensa Civil, al Cuerpo de Bomberos Voluntarios, entiende que su vocación de servicio le es connatural. Este afán de dar es el motor de su vida. Lo pude percibir cuando en un acto de generosidad y desprendimiento entregó todos sus aperos y sofisticados equipos de buceo a Camilo Fandiño (instructor del Club Barracudas, que el mismo Gonzalo ayudara a fundar), quien acababa de sobrevivir a un naufragio en el que él y sus acompañantes perdieron absolutamente todo.

Gonzalo apuesta por la calidad educativa en las zonas rurales. La Fundación Nuevo Hemisferio –de la que es su gestor-, con un maravilloso grupo de maestras y maestros, hacen de la educación una verdadera fiesta del aprendizaje. Estos docentes que se ganan el reconocimiento de “geniales” por la fundación, se capacitan y se esmeran en sus prácticas educativas en favor de las comunidades, sus niños y sus familias.  Desarrollan talleres de títeres, música y juegos didácticos con profesores de altísima calidad como Martha Amalia Vargas, Dalia Pasos, Juan Fernando Arango, María Del Pilar Jaramillo y el maestro Jahuira del colegio Ideas.

Este equipo humano ha sorteado momentos difíciles -como los de la pandemia- y con el apoyo decidido de connotados empresarios han podido realizar mejora de infraestructuras, entrega de dotaciones de cocina y bibliotecas a las diferentes escuelas. Es un apadrinamiento desinteresado, en las zonas rurales de los departamentos de Cauca y Valle del Cauca, de quienes comparten el espíritu solidario y la apuesta ética de Gonzalo: “La mejor pedagogía es la del amor”.

Con una enorme sonrisa, Gonzalo comparte la sensación de satisfacción que siente al lograr movilizar tantas voluntades para que las cosas funcionen: “No regalamos nada que no les pertenezca, ni les hacemos sentir que todo viene como caído del cielo… ¡no!, todo es fruto de un esfuerzo compartido y de la creatividad de todos”. En los niños y maestros de grado transición ha enfocado su accionar, por ser años definitivos en la formación de hábitos saludables, en los que la lúdica debe estar siempre presente. La escuela es el “segundo hogar” que servirá de peldaño para dignificar la vida de nuestros niños, por ello Gonzalo considera que “una educación de calidad, humanizada, incluyente y feliz, solo es posible de la mano de maestros que aman lo que hacen, que enseñan desde el corazón. Maestros geniales son aquellos que transforman vidas”.

He tenido la fortuna de conocer a Gonzalo y me regocija su ejemplo cotidiano. Él representa la otra cara de buenos colombianos que apuestan por el mejoramiento del país, que no se unen al coro de las lamentaciones, sino que tienen siempre una actitud propositiva frente a los problemas y a las adversidades. En el emprendimiento, afirma Gonzalo, está una de las vetas que debe apoyar el gobierno para evitar que nuestros jóvenes caigan en la solución NEFASTA y mentirosa del microtráfico, de la delincuencia callejera, de los actores armados que se nutren de los negocios ilícitos. Es enseñando a pescar y con capital semilla que los jóvenes pueden abrazar opciones sanas para garantizarse una vida digna.

Algunos le preguntan cuándo se va a retirar para darse un merecido descanso, pero los desarma enseguida: “… quienes asumen su labor como carga están fregados, para mí el trabajo es vida, si me quedo quieto, ¿qué sentido tendría mi vida? La vida lo único que ha hecho es darme y darme tantas cosas bellas y engrandecedoras… ¿cómo no retribuir, devolviendo, todo esto y multiplicado, a los demás?”

Me uno, para terminar, a las palabras de Iván Darío Vélez, en el sentido de que Colombia necesita muchos Gonzalo Concha “con esa visión, audacia y optimismo, gente con tu madera hace que nuestro país avance a pesar de las dificultades, hacen que lo imposible sea posible, hacen que los lejanos y anchos horizontes, un día sean una pequeña línea delante de nuestros pies”.

 


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*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Escrito por
Gran Rector Premio Compartir 2016. Rector de la Institución Educativa Francisco de Paula Santander en La Cumbre, Valle del Cauca.
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Jaqueline Cruz Huertas
Gran Maestra Premio Compartir 2000
Es necesario entablar una amistad verdadera entre los números y los alumnos, presentando las matemáticas como parte importante de sus vidas.