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Los profesores deben ser evaluados

Mientras no se definan claramente los propósitos de la evaluación de docentes públicos, será muy difícil su reformulación.

Mayo 15, 2015

Si Colombia realmente quiere mejorar su nivel educativo, es más que necesario evaluar a sus docentes de una manera objetiva y precisa. Sin embargo, el actual formato de evaluación de competencias ha generado controversia y opiniones divergentes. Por un lado, algunos consideran que está diseñado para escalafonar a unos pocos. Esto se evidencia en el bajo número de docentes que tienen éxito en esta misión. Otros, por su parte, consideran que los estándares están definidos de forma objetiva y permiten comparar habilidades entre docentes sin subjetividades ni opiniones personales.

Si bien es cierto que en la evaluación actual de los docentes solo un pequeño porcentaje sale victorioso, hay que preguntarse en realidad cuál es el propósito de dicho examen, pues este aún no es claro y genera muchos cuestionamientos. ¿El objetivo es que sea un instrumento para que más docentes puedan ascender o se trata de una evaluación realmente objetiva de las competencias del profesor evaluado?

Si lo que realmente se quiere es promover el ascenso de más y más docentes en el escalafón, tiene sentido entonces que el umbral de exigencia de la actual evaluación sea menor y facilite lo anterior. No serían entonces los 80 puntos sobre 100 lo mínimo requerido para pasar y se podría bajar la cifra. ¿Es realmente necesario diseñar un nuevo formato, teniendo en cuenta la anterior propuesta?

Aun así, la decisión con respecto a la evaluación docente no se ha tomado y concuerdo totalmente con la siguiente afirmación realizada por el columnista Alejandro Ome: “Así las cosas, es claro que el cambio de evaluación no garantiza que los docentes asciendan más rápido, que era su principal preocupación. Si va a haber más presupuesto para ascensos se hubiera podido dejar la evaluación de competencias y simplemente bajar el umbral”.

El Gobierno, puede bajar el umbral y aun así diseñar mecanismos ingeniosos para que el ascenso no sea tan fácil, por cuestiones presupuestales. O, por el contrario, bajar el umbral y generar nuevos criterios para escalafonar a los docentes: los 100 primeros, según región, orden alfabético del apellido, entre otras alternativas curiosas, se me ocurren desde mi esquina.

Ahora, si el objetivo de la evaluación es promover y premiar a los mejores educadores, entonces un formato “diagnóstico-formativo”, tal y como está definido en el acuerdo entre Fecode y el gobierno, sigue pareciendo una alternativa escueta y poco precisa. El nuevo formato debe promover la objetividad ante todo, que sea fácil comparar a un docente de Barranquilla con uno de una escuela humilde en una vereda del Chocó y aun así, determinar quién está mejor preparado para enfrentar a sus alumnos. Debería tener criterios similares que permitan la comparación de los docentes, sin incluir demasiada subjetividad que en algunas ocasiones es difícil de medir y podría empañar la efectividad en los resultados. Por poner un ejemplo, no siempre el profesor más popular es el mejor ni el más gruñón es el peor.

Pero ni el Gobierno ni Fecode parecen tener claridad ni unidad sobre este asunto. Lo anterior se evidencia con la denuncia de Luis Grubert, presidente de Fecode, a Gina Parody porque supuestamente ella ha dado declaraciones sobre el tema de la evaluación docente que dista de lo que se dialogó durante el acuerdo realizado el pasado 7 de mayo.

Lo cierto es que, mientras no se determine el propósito claro de la evaluación, esta seguirá en el limbo que aún permanece. Su definición es un tema que no debe tomarse a la ligera y que debe partir del principio de buscar la excelencia educativa. Porque si bien los docentes merecen condiciones laborales justas y dignas, los estudiantes merecen, a su vez, profesores competentes, preparados y con las mejores habilidades y conocimientos en el aula.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Escrito por
Comunicadora social y periodista
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Fabián Moisés Padilla De la Cerda
Gran Maestro Premio Compartir 2016
Logré que el aprendizaje del inglés se convirtiera en una alternativa para la construcción de un proyecto de vida y el mejor aprovechamiento del tiempo libre