Usted está aquí

Abril 11, 2019

Patafísica de la docencia

Muchos piensan que el tiempo de un profesor es insuficiente para el desarrollo de dichos quehaceres, pero es preciso recordarles que los minutos no se acaban con el horario institucional.

No es necesario consultar reportes estadísticos para darse cuenta que uno de los grandes males que aqueja a la educación contemporánea en Colombia es la falta de compromiso pedagógico y administrativo por parte de los docentes. Ante la ausencia de este valor, los profesionales de la educación se han dedicado a proliferar lamentos y quejas constantes, pataletas marxistas, panfletos neocastrochavistas, que han repercutido en una enfermedad propia de nuestro siglo: el síndrome del perezoso sufrido. Sufren por todo, por la burocracia, por las amenazas terroristas, por los pésimos contratos y pagos, por el trato de estudiantes y padres de familia. Entonces convocan a marchas, hacen paros, escriben tutelas, demandas, derechos de petición, lloran en la sala de profesores y en la sala o comedor de sus casas. Son mares de lágrimas, océanos de indignación, “emos” con licenciatura.

Estos licenciados afirman por ejemplo, que los papeleos constantes impiden que desarrollen adecuadamente su trabajo; sostienen que el diligenciamiento de notas, formatos, informes, reportes, cartas, reseñas, acuerdos, artículos, cursos, detienen sus procesos formativos tales como la preparación de clases, calificación de trabajos y asesorías personales.

Si bien es cierto que estas faenas laborales resultas dispendiosas, es necesario entender que hacen parte de los procesos educativos y administrativos de cualquier colegio o institución. Un docente comprometido no sólo prepara sus clases con virtuosismo, además está en capacidad de resolver sucesos cotidianos en mejora de los requerimientos organizacionales. Esta ardua labor favorecerá los recursos económicos del empresario quien no tendrá que contratar especialistas; ahora su docente integral se encargará de dar solución a todos los contratiempos.

Muchos pueden pensar que el tiempo de un profesor es insuficiente para el desarrollo de dichos quehaceres, pero es preciso recordarles que los minutos no se acaban con el horario institucional. Los domingos o días festivos son excelentes alternativas para ejecutar cualquier mandado o encomienda, además de los horarios nocturnos, establecidos entre 12: 00 y 6 : 00 a.m. que resultan perfectos para calificar, diligenciar casillas, elaborar informes, incluso, hacer una lista de propuestas de mejoramiento que te den puntos con el jefe. Recordemos a Kafka quien escribió la mayoría de sus textos en horas de la noche, después de una extenuante jornada de trabajo, allí, bajo el influjo de la inspiración inventó la historia de un sujeto transformado, aislado, despreciado por su incapacidad para el trabajo. Toda una obra de arte de la literatura universal.

Otros profesores en cambio se quejan de la violencia. Fecode afirma que desde 1980 hasta 2018 se han asesinado más de 1000 profesores. Muchos han sido víctimas de la guerrilla, el paramilitarismo, bandas criminales y mafias del micro-tráfico; sin contar con las amenazas que a diario reciben de padres, madres, tíos y padrastros.

 Basta citar casos de profesores como el de Luis Felipe Vélez asesinado en 1987 a manos de los paramilitares y Alfredo Correa de Andreis, también asesinado el 17 de septiembre de 2004. Un caso renombrado fue el del rector José Jaime Rojas, asesinado por un menor de 16 años, y cuyo crimen dejó en discusión el tema de la autoridad y la sobrevaloración de los menores de edad.

Muchos docentes señalan haber perdido la autoridad y culpan de manera radical y déspota al sistema que quizás les concedió poder a los infantes y mancebos. Nada puede ser más falso que esta aseveración que de ante mano denota resentimiento y envidia. Teniendo en cuenta la frase “los niños son el futuro del país” es conveniente pensar a los chiquitines como nobles y excelsas semillas que debemos sembrar. De ahí que sea necesario la restricción de tareas, la sumisión paternal, la abolición de los gritos, la aprobación de drogas y alcohol (prohibirlo atenta contra el desarrollo de la personalidad), la flexibilidad en entrega de trabajos, la aprobación libre del año académico, entre otras, que permitan al futuro colombiano vivir a plenitud la escuela.

Por otro lado, culpar a los guerrilleros, paramilitares y demás insurgentes, por la muerte de los profesores es un atentado contra el buen nombre. Si alguien es culpable es el docente quien ha obviado las teorías didácticas y pedagógicas enseñadas en la universidad. En pleno 2019 aún existen licenciados que practican el modelo tradicional conductista. Piensan que el guerrillero o expendedor de droga es objeto que solo recibe información. Alejados de un modelo educacional-constructivista desperdician las habilidades de los malandros que quizás tienen en su cerebro la fórmula para transformar el mundo.

Pensemos en la implementación de la pedagogía por proyectos necesaria para desvincular los preceptos memorísticos de la escuela tradicional y a su vez, vital para resignificar los verdaderos propósitos de la educación: la experiencia y la vida. Los precursores de esta concepción, William H Kilpatrick y John Dewey, pensaron la escuela como espacio social, lugar de encuentro y no de aislamiento, espacio de configuración de sentidos para la comprensión y producción de la vida y la cotidianidad.

“Para comprender cómo el aprender se introduce en la vida tenemos que mirar a la vida y especialmente a la vida fuera de la escuela. Pues a pesar de nuestros prejuicios académicos, el aprender fuera de la escuela es aún el tipo esencial de aprender, que ha sido siempre y sigue siendo en cantidad e importancia y probablemente en calidad el aprender más importante que realizamos” (Kilpatrick,1944: 39).

Aprender afuera no sólo significa hablar de un espacio abierto o externo al aula tradicional, aprender fuera de la escuela implica conocer las complejidades de la realidad. Acaso los docentes asesinados, nombrados anteriormente, debieron partir de los hechos y vivencias. Un balazo o una puñalada en el cuerpo como el que recibió el rector del colegio X es un factor determinante para iniciar un ejercicio de problematización. En lugar de caerse al suelo y lamentarse, el directivo hubo de tomar su herida con la mano y enseñarle al precoz homicida las propiedades de la sangre (biología), la velocidad de la puñalada (física), el instante antes de morir (la filosofía) el porqué de la puñalada (la ética), el material del puñal (química), la ruptura sintáctica de las frases en el desvanecimiento antes de las muerte (lengua castellana). El conflicto es un tema que da para muchas cosas. El problema es la incapacidad creativa de los docentes para implementarlos como metodología y contenidos en el aula de clase.

No obstante, no tanto como los muertos, quienes nos sacan realmente de quicio son los profesores que se quejan de los sueldos y los supuestos tratos indignos. Conocí hace poco el caso de una institución en el barrio Keneddy en Bogotá que ofrece a sus docentes un sueldo de 600.000 mil pesos mensuales, sin prestaciones sociales; otro en Usme que paga a los profesores 400.000 mil pesos; podemos citar los contratos de los docentes en algunas universidades públicas y privadas: contrato a cuatro meses, contratos de medios tiempo que parecen de tiempo completo, contratos ocasionales, pagos de sueldo retrasados, acoso laboral, prestación de servicios, sobrecarga académica, cafeterías con empanadas viejas de hace veinte días. Podemos resumir dicha situación en la presente oferta de trabajo: “Colegio importante de la ciudad requiere para inicio académico profesores expertos en lengua castellana, sociales, matemáticas, dispuestos a trabajar bajo presión, creativos, integrales, preferiblemente con maestría, bilingües, conocimientos en tecnologías de la información, sueldo 500.000 mil pesos, si no cumple con lo anterior absténgase de enviar su hoja de vida”.

Los críticos estarán acusando a la comunidad docente venezolana por regalar su mano de obra en Colombia, unos incluso, acusarán a la secretaria de educación por no ejercer un control pleno sobre estas instituciones; muchos pueden pensar que estos centros de innovación pedagógica y administrativa realmente son negocios familiares donde padre (rector), madre (coordinadora), sobrino (tesorero), hija (profesora), prima (amante del rector) tienen como función principal la recolección de dinero.

Cualquiera que sea la acusación debe existir una aclaración pronta que refute este tipo de juicios, que no sólo ensucian la imagen de estas nobles empresas sino también retrasan la innovación y el carácter de emprendimiento de los colombianos. Si queremos que la pequeña y mediana empresa progrese, los docentes deben estar dispuestos a colaborar aceptando sueldos paupérrimos, sometiendo su dignidad y humanidad al maltrato moral y espiritual. No olviden que independientemente del sueldo o la contratación, pertenecer a estas instituciones significa hacer parte de una nueva familia y en tiempos de disfuncionalidad familiar no hay nada mejor que guarecerse en un hogar. Además, si el sueldo no alcanza para cubrir las necesidades básicas, pueden acudir a los prestamistas gota a gota dispuestos siempre a salvarnos, sin importar la vida misma. Siempre habrá soluciones.

Con todo lo anterior, quiero recordar al gran maestro de maestros, el filósofo Estanislao Zuleta (1980), quien dedicó algunas reflexiones al tema del esfuerzo y la dificultad.

“En lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor y por lo tanto, en última instancia un retorno al huevo. En lugar de desear una sociedad en la que sea realizable y necesario trabajar arduamente para hacer efectivas nuestras posibilidades, deseamos un mundo de la satisfacción, una monstruosa sala cuna de abundancia pasivamente recibida” (p.1)

Bella moraleja para los docentes que se han mantenido en la pasividad y el temor. Son los obstáculos los que forjan el carácter. Las dificultades administrativas no son trampas burocráticas para obtener beneficios económicos y retardar la educación, no, no, no, no, no, no, no, son retos humanos necesarios para formar un docente integro, luchador, emprendedor siempre dispuesto a transformar la realidad. Es urgente tomar medidas pertinentes que posibiliten una nueva mirada, alejada del pesimismo y el lamento.

Bibliografía

  • De castro de los ríos, L.A. (2015) Asesinato de maestras y maestros en Colombia durante las últimas décadas, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia.
  • Dewey, J. (1967), Democracia y educación. Una introducción a la filosofía de la educación, Buenos Aires, Losada.
  • (1950), Las escuelas del mañana, Buenos Aires, Losada.
  • García N.O. La pedagogía de proyectos en la escuela: una aproximación a sus discursos en el caso del área de lenguaje [email protected], [email protected]
  • Kilpatrick, W.H., et al. (1944), El nuevo programa escolar, Buenos Aires, Losada.
  • Zuleta, E. (2015), Elogio de la dificultad y otros ensayos, Bogotá, Editorial Planeta. 

 

 

Photo by Tra Nguyen on Unsplash

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
Escrito por
Magister en Literatura.
Promedio: 5 (5 votos)
Estadísticas: .