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Regreso a las aulas: un espejismo de una educación previa

A pesar de esta inmensa convergencia de retos, los docentes hemos demostrado nuestra capacidad camaleónica para convertir los desafíos en realidades tangibles.

Noviembre 21, 2021

La imperante necesidad de regreso a las aulas, de manera presencial, adelantando encuentros en los salones de clase, aparentando el regreso anhelado a la normalidad que nos arrebató la pandemia generada del COVID 19. 

En este escenario que se encuentra excluido de abrazos, diálogos cercanos, pero que preconiza protocolos, distanciamiento y escasos sonidos emanados desde el agotamiento social, mismo que impera en los hogares con los diversos mecanismos de la educación a distancia o remota, ha preconizado nuevos retos educativos, quizá el más seguro de todos ahora interpela la humanización de las relaciones humanas

Los docentes no hemos sido ajenos a estos desafíos, estas realidades se han evidenciado, se han insertado para cambiar el quehacer educativo, prueba de ellos es que hasta el consumo de nuestra tradicional bebida del café ha sufrido profundas alteraciones, pareciese que ha quedado en el pasado remoto las interacciones sociales, escenarios de reflexión colectiva sobre el quehacer educativo, porque hasta el consumo de alimentos se ha visto transformado por la pandemia. 

Se podría afirmar que ahora pierde sentido impregnar nuestras aulas de esa imperativa necesidad de la sociología educativa, que fortalece desde la lógica relacional nuestro quehacer docente, que incluso, las prácticas sociales se verán trastocadas para siempre por el virus de la COVID 19, es más, podría pensarse que las prácticas educativas y la presencialidad, las interacciones y los intercambios sociales son un lejano espejismo, lejanas transparencias del aire como aseguraba Santiago Gamboa, en los impostores (Gamboa, 2002).

A pesar de esta inmensa convergencia de retos, los docentes hemos demostrado nuestra capacidad camaleónica para convertir los desafíos en realidades tangibles, la presencialidad y los modelos híbridos de aprendizaje, que en el pasado eran retos descritos en la referenciación teórica y producción académica son procesos claramente diáfanos en los salones de clase de nuestras instituciones educativas. 

En este escenario cambiante, valdría la pena destacar como en esos espejismos descritos hemos sido, los docentes, quienes como luchadores incansables hemos dejado mezquindades e individualidades para describir un cambio robusto, mismo que potencie nuestras prácticas y determine la nueva ruta a tomar. 

Por otra parte, es fundamental entender que ese espejismo también agrupa el quehacer del profesorado, es impensable que las apuestas pedagógicas, didácticas y la enseñanza, entendida como categoría universalizante, puedan ser las mismas que se apostaban en los salones de clase antes de la pandemia, así como las sociedades se robustecieron y emprendieron rutas de cambio, también la escuela y la praxis docente debe entender en este desafío una oportunidad de cambio. 

La misma, depara de la comprensión del espejismo, es esencial comprender al docente como un académico en constante construcción que vigile de manera reiterada y se entienda como un profesional y docente intelectual, mismo que retomando la apuesta de Bourdieu, (como de cita en Blanco, 2010) la vigilancia epistémica retoma una reflexión de la comprensión del lugar del investigador en la sociedad, así como en campo científico y la producción epistemológica. 

Esta autovigilancia y comprensión del profesor como intelectual, permite comprender al educador como un profesional que, desde la metáfora del espejismo, preconice el cambio social y lo asuma desde su propia práctica para fundamentar nuevas dinámicas en su contexto escolar, mismas que siguen deparando en buena medida desde la libertas e innovación del docente. 

Más allá de esta descripción, valdría la pena exhortar a los lectores en su mayoría educadores, a pensar con coherencia y altruismo innato a la docencia como valor social, en responder al interrogante: ¿Mis prácticas educativas se han transformado? o ¿En cambio, deseo retornar a un pretérito imperfecto de tizas, marcadores y discursos extensos sobre mi materia?

Referencias: 

Gamboa, S. (2002). Los impostores. Planeta

Blanco, C. (2010, diciembre, 8 -10). La vigilancia epistemológica en Ciencias Sociales: un compromiso ineludible. Reflexiones desde la sociología del conocimiento de Pierre Bourdieu. [Conferencia] Primer Simposio Internacional Interdisciplinario Aduanas del Conocimiento, Córdoba, Argentina.

 


Imagen Thirdman en Pexels

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Licenciado en Ciencias Sociales y Magíster en Educación, Docente.
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Gustavo González Palencia
Gran Maestro Premio Compartir 2008
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