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Me enseñaron de una forma diferente

A veces el papel, los extensos talleres y la monótona escritura de las clases tradicionales nos llevan a morir intelectualmente. Pero hay alternativas: el C.I.T.

Noviembre 19, 2017

Ya pronto terminara mi etapa académica en la Institución Educativa Distrital Liceo Samario, y me siento más realizado. Pero, en el grupo Ciencia Innovación y Tecnología, mejor conocido como C.I.T), me pasó algo curioso.

Yo siempre he sido persona de pocas palabras pero, y creo que esto es algo que nos pasa a muchos estudiantes, mi mente está llena de pensamientos e imaginación. A veces no decimos ni la cuarta parte de lo que tenemos en la cabeza, se nos va la mente soñando y no teniendo la capacidad de, por lo menos, hacer saber nuestro pensamiento, nuestras ideas.

Ahora bien, en el colegio no hay una asignatura en la que aprendas a desarrollar tus ideas o por lo menos a expresarlas, da tanta risa que hasta en filosofía que es una materia para tu pensamiento crítico, te dicen hasta el tipo de pensamiento que debes tener (indirectamente).

Solo me imagino el colegio a rienda de nuestra pensamiento juvenil, se parecería a una historia de magia, vampiros, y amores incompletos que tantos nos gusta, o un colegio formado a partir de nuestras preguntas, como adolescentes queremos saber y entender casi todo, y eso es válido.

Los lunes y viernes son días de salir un poco de la zona de confort, llego al C.I.T  y hablo, opino, comparto, pregunto y me río a través de preguntas, a través de párrafos, y me río de aquello que no entiendo, porque Edwin (director del grupo)  siempre nos explica con ejemplos de nuestra vida, explicar funciones a través de situaciones amorosas definitivamente llama la atención.

Algo curioso es que mis papás, aún no entienden qué hago esos días; ellos solo escuchan mis comentarios acerca de cosas raras de matemáticas, y no entienden porque siento tanto interés por cosas que tienden mirarse como difíciles.

Pero eso para mí es un tabú, los profesor de este siglo te llenan la cabeza de copias, guías, que en su mayor extensión no entiendes, y lo peor, apruebas por hacer algo que fácilmente pudiste a ver copiado de otras mentes y no es escrito por la tuya. Pero me reiré más adelante.

Creo que recordaré toda esta experiencia en mis próximos años, me reiré, de la forma en como aprendíamos, aprendíamos riéndonos, y por simple curiosidad, y es la hora que no se si aquella tan fluida actividad, estaba totalmente planeada por Edwin o simplemente plantear el hecho de que para enseñar también se debe ser uno mismo. 

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Estudiante de grado 11 de la Institución Educativa Distrital Liceo Samario de Santa Marta
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Ángel Yesid Torres Bohórquez
Gran Maestro Premio Compartir 2014
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